Alkansa

Collage de Mª Jesús Mandianes sobre una poesía de Al-khansa

                                          El tiempo me ha roído, mordido y cortado.

El tiempo me ha dañado, me ha herido,

y ha destruido a mis hombres que han muerto juntos.

Derrotamos a quienes pensaban

que nunca serían derrotados.

Y aquel que piensa que no se verá perjudicado

piensa en lo imposible.

Evitamos acciones deshonrosas y honramos a nuestros huéspedes.

Y guardamos los elogios (de personas).

Llevamos las armas en la guerra

Y la seda, la lana y el algodón durante la paz“.

                                                                                              Al-khansa

El día internacional de la mujer, con su lucha decisiva por la igualdad, solo ha logrado un tímido eco en los países árabes, donde la reivindicación de sus derechos ha tenido poco éxito y se ha traducido en algunas concesiones de carácter simbólico, otorgadas desde “un paternalismo” anacrónico, que las convierte en unas menores de edad perpetuas, siempre bajo la tutela de algún hombre.

El ámbito de la literatura no ha sido una excepción. Las mujeres en el mundo árabe han sido rechazadas sistemáticamente y han estado olvidadas durante cientos de años, simplemente porque sus escritos y perspectivas eran diferentes a las masculinas, que marcaban unas barreras infranqueables para el género femenino.

Solo recientemente las mujeres árabes han sido reconocidas en el campo de la creación literaria. Ahora se les está dando la justa consideración “por su riqueza, habilidad y variedad en la composición literaria a lo largo de su historia”

En este contexto descubro a Al-Khansa. La poeta del siglo VII, ha sido reconocida por su extraordinaria elocuencia y su atrevida osadía. Su elegía “Lamento por sus hermanos” se considera una de las composiciones literarias más importantes de la lengua árabe. Su antología poética se conserva gracias a que los eruditos islámicos la utilizaban para estudiar el Corán.

Nace a finales del siglo VI y vive hasta la mitad del siglo VII. Su lugar de nacimiento es la región de Nechd, situada en la península Arábiga. Fue contemporánea de Mahoma, el profeta del Islam, lo conoce en el año 629, cuando su tribu se traslada a Medina y se une al incipiente islamismo, participando de manera activa en la expansión por el mundo de la fe musulmana. La vida en Arabia en el siglo VII se caracterizaba por las guerras constantes entre las distintas tribus de la península, tanto sus hermanos como su padre murieron en estas guerras.

Al-Khansa lloró la muerte de sus dos hermanos a los que dedicó las poesías que la hicieron famosa. Escribió sus versos en árabe, ayudada por su hija Amra. Los temas que aparecen en su literatura son elegías a la muerte de su padre y de sus hermanos, cumpliendo con el papel de las poetisas de la época: Escribir versos para los muertos en las batallas y recitarlos ante la tribu.

Su tragedia personal se multiplicó cuando cuatro de sus siete hijos murieron en la batalla de Qadasiya, una de las primeras contiendas de la historia del Islam. Cuando le dieron la noticia de su muerte, dijo: “Alabado sea Allah quien me honró con su martirio. Tengo la esperanza de que mi Señor me permita reunirme con ellos en la morada de su misericordia”

Sus poemas transmiten una profunda tristeza derivada de la pérdida de sus seres queridos en la guerra. Mahoma impactado por el sufrimiento que reflejaban la hizo llamar y le rogó que dejará de llorar, ella le contestó que nunca dejaría de lamentarse por la muerte de sus hermanos e hijos.

La poesía de Al-Khansa no es solo un lamento por la ausencia material de los seres queridos. Introduce el concepto tan arraigado en el islamismo de “la muerte digna de alabanza”, aquella que se produce en el campo de batalla defendiendo los ideales religiosos, patrióticos y el honor.

 

Anuncios

Hildegard Von Bingen

Collage de Mª Jesús Mandianes

El verdor, fuerza germinante

Oh, nobilísimo verdor,                                                                        Tú, verdor, estás envuelto

tú que te enraizas en el Sol                                         por la fuerza de los misterios celestiales.

brillas en la serena claridad,                                                                Enrojeces como la aurora,

en el movimiento de una rueda                                                         flameas en el ardor del sol,

que escapa a la inteligencia humana.                                                           oh tú, noble verdor.

En los oscuros siglos medievales vivió una mujer que fue abadesa, poeta, mística, escritora, compositora y científica. Escribió libros sobre hierbas medicinales, definió las partes del cuerpo, sus enfermedades y remedios curativos. Pero además compuso poemas sobre los que realizó creaciones musicales, fue Hildegard de Bingen. Es temerario afirmar que fuese feminista, pero fue una mujer en busca de su propia identidad. Su valoración del mundo y la responsabilidad del hombre en su conservación, la convierten en pionera de la ecología.

Para Hildegard había una palabra que significaba la esencia de la vida, la creación, la metamorfosis: “El verdor”, que regenera el mundo en la sucesión mecánica de las estaciones, gracias a la luz del Sol. Es el milagro de la vida que se produce en la naturaleza y en todos los seres vivos. Destinó parte de su obra a analizar ese prodigio, compara a la mujer con un árbol fértil para describir su capacidad de engendrar: La fecundidad. El flujo de la menstruación en la mujer es verdor y floración para procrear. Como el árbol florece por su verdor y da frutos.

Pero hay más, establece una semejanza entre el alma y el árbol: El alma esta en el cuerpo como la savia en el árbol. El entendimiento se halla en el alma como el verdor de las ramas y las hojas en el árbol; la voluntad como las flores; el animo, como el primer brote de su fruto; la razón, como el fruto maduro.

Entrelaza poesía y música componiendo las melodías en función de unos versos que reflejan profunda espiritualidad. Sus poemas litúrgicos hablan del Espíritu o de las grandezas de Dios, la melodía entonces se eleva, y cuando habla de la finitud humana o del pecado, baja hacia notas más graves. Tiene unas ciento sesenta composiciones musicales líricas y dramáticas. El mundo, el cosmos, para ella son música, es decir, la manifestación sonora de la gloria de Dios.

Hildegard también practicaba el arte de curar. En muchos monasterios del s. XII había un hospital para pobres y peregrinos, una casa especial para las sangrías, un jardín de plantas medicinales, una farmacia… Sus conocimientos sobre la psicología y la fisiología del hombre y de la mujer son sorprendentes. Tenía conocimientos de anatomía, fisiología, y sexualidad, haciendo referencia expresa al orgasmo femenino. Fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos y que la mujer también lo sentía. Para ella, el acto sexual era algo bello, sublime y ardiente. En sus libros de medicina abordó la sexualididad, especialmente en Causa et curae, donde dio más detalles:

«Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano»

Para terminar una breve referencia a los libros de medicina de Hildegard de Bingen. Desde el punto de vista actual sus tratados pueden ser calificados como superstición, pero en su época supusieron un avance,  con la novedad inverosímil en la alta Edad media de ser escritos por una mujer. Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales.

O Rubor Sanguinis

O Rubor Sanguinis                                                                                   O Rubor Sanguinis
Qui de excelso                                                                                          Qui de excelso
Illo fluxisti                                                                                                  Illo fluxisti
Quod Divinitas tetigit                                                                               Véase Divinitas tetigit
Tu flos es,                                                                                                  Flos ES TU,
Quem hiems                                                                                              Quem HIEMS
Numquam laesit                                                                                        Numquam laesit

 

En Febrero

Disfrazada de soledad, la niebla cubre

 el perfil de una vela de acero y cristal.

 Emerge sobre el mar hacia el velo de nubes,

 agitadas por el viento helado de febrero.

 

Hundido en las dunas, un barco naufragado

 agoniza cubierto de herrumbre y olvido.

 Sueña que recupera el timón de su destino,

  zarpando en busca de nuevos horizontes.

 

El Mediterráneo enarbolado azota el espigón,

 enmascarado con los despojos del Carnaval,

lanzados al aire desde la cresta de las olas

 agitadas por la fuerza de la tormenta.

 

Mascaras desdibujadas por la bruma ,

  danzan en el malecón al ritmo de Febrero.

Disfrazado de fiesta, oculta tras su careta

 una mueca atormentada. La farsa terminó.

                                                                                                 Mª Jesús Mandianes

Juana Ines de la Cruz, la X Musa

Estos versos, lector mío,                         que a tú deleite consagro,                         y sólo tienen de buenos                 conocer yo que son malos,                     ni disputártelos quiero                             ni quiero recomendarlos,                porque eso fuera querer                    hacer de ellos mucho caso.

Cuando pienso en México no puedo evitar visualizar todos los tópicos que han ido alimentando los medios de comunicación a lo largo de los años: Machismo, narcotráfico, corrupción… Si retrocedo al siglo XVII  me toca desenterrar la opresiva época del Virreinato, cuando “Nueva España” era gobernada por un representante del rey.

La educación de las mujeres de la época (criollas) se reducía a aprender el catecismo, buenos modales y trabajos manuales. Debían de ser virtuosas, obedientes y sumisas. El mejor método para conseguir ese objetivo era mantenerlas en la más absoluta ignorancia, por eso no asistían a la escuela, no era necesario que supieran leer ni escribir.

Que dentro de la estructura social que marginaba a las mujeres de la cultura y la educación, sea precisamente una mujer la mayor exponente de la poesía colonial rompe con todos los tópicos y eleva a Juana Inés de la Cruz a la categoría de “Mujer sabia”.

Con el objeto de liberarme de prejuicios la despojo del titulo de “Sor” y de los “habitos”, que sin duda le abrieron las puertas a la gran formación humanística que revela su obra. Descubro entonces a una creadora capaz de hacer sombra a Gongora y a los grandes autores del Barroco, cuya creatividad abarcaba la poesía (Profana, sacra y filosófica), la prosa, la música y la pintura.

Su vida (12 de noviembre, 164 –17 de abril 1695, México) puede dividirse en tres periodos bien diferenciados:

  • Sus años en la Corte Virreinal:                                                                                              A pesar de ser una época breve deja una profunda huella en su literatura. Juana tuvo una estrecha relación con la virreina, dando pie a la leyenda de una “amistad amorosa”. Entre los 16 y los 20 años vivió en la corte, aprendió los usos y costumbres cortesanos de la Nueva España del siglo XVII. Su ingenio poético y sus conocimientos filosóficos provocaron la admiración de cuantos participaban en las tertulias cortesanas, en las cuales fue el centro de atención. A los 19 años, justo cuando comenzaba a alcanzar renombre, decidió hacerse novicia con las Carmelitas descalzas, una experiencia le duró apenas tres meses, pues no pudo con la dureza de la regla. Regresó al “mundanal ruido” y a los 21 años, se integró para siempre en otra orden menos rígida, la de las Jerónimas.

  • Su vida conventual:                                                                      

    Juana renunció al matrimonio, que le impedía dedicarse a la vida intelectual, pero su ingreso en el convento no respondía a una vocación religiosa, era una forma de libertad espiritual. Sin obligaciones domesticas, ni ataduras, podía desarrollar su talento literario. Allí tuvo la oportunidad desenvolver sus inquietudes intelectuales… pero también su deseo de ser conocida. En las Jerónimas “la regla era blanda y las infracciones numerosas y generales”. Ella no fue una excepción: “fue una monja tibia y no se distinguió ni por el fervor ni por el rigor”. Sor Juana se sirvió del convento para “saber” y de sus relaciones con los virreyes para que su conocimiento fuera divulgado y discutido. De hecho fue la virreina la que ordenó publicar por primera vez sus poemas y gracias  ella podía salir del convento sin restricciones.

  • Sus últimos años:                                                                                                                    Se reducen al drama de una mujer sola que lucha contra los prejuicios de una sociedad intolerante. Se convirtió en un ejemplo de rebeldía contra la autoridad, llegando incluso a cuestionar los valores de la sociedad patriarcal.

Dos composiciones fundamentales de esa época son su Carta Atenagórica (Critica al sermón  del jesuita Antonio Vileira), que supuso el principio del fin de su producción literaria, por su censura a los aspectos socio-políticos del sistema colonial, y finalmente su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz nombre bajo el cual se escondía el poderoso Obispo de Puebla. En la epístola Juana se las arregla para hacer una sutil defensa de sus posiciones como contestación a todas las recriminaciones que le hizo el obispo, advirtiéndole que ninguna mujer debía afanarse por aprender de ciertos temas filosóficos. En su defensa, Sor Juana señala a varias mujeres doctas, como Hipatía de Alejandría, filósofa neoplatónica asesinada por cristianos en el año 415 (La carta no se público hasta el año 1700)                                                                                    Aunque, finalmente atrapada por las intrigas y amenazas de sus enemigos, se vio obligada a quemar sus libros y a hacer penitencia ratificando sus votos religiosos. Falleció poco después a consecuencia de una epidemia mientras cuidaba de las monjas enfermas.

Análisis:                                                                                                                                             Su obra es un claro exponente del barroquismo literario, donde se reflejan las sutilezas y dobles sentidos del juego erótico. En sus versos se plantean los dilemas entre “los afectos profundos” y “las urgencias del cuerpo” Sigue leyendo

Belén Imperfecto

Nunca llegan al portal
las figuras del belén.
Los pastores se han quedado
sin las piernas por correr.
No encuentran los Reyes Magos
la estrellita de papel.
Los camellos en el musgo
ya no se pueden mover.
El río de plata sigue
desembocando al revés.
La lavandera del lago
nunca acaba de tender.
Herodes hoy ha encendido
las mismas luces de ayer.
En las montañas la nieve
no se puede deshacer.
La Virgen está esperando
y esperando San José
La comadrona no llega
y ya empieza a anochecer.
El pastor tampoco viene
con la hierba para el buey.
Los hombres no llegan nunca
a la cueva de Belén.
La Virgen está esperando
y el Niño Jesús también.

                                        Victor Manuel Arbeloa

…El encanto de esos Belenes en los que conviven pacíficamente Super Mario, Son GoKu y Bob Esponja, donde las ovejas son del tamaño de un dinosaurio y los pastores, liliputienses de todas las épocas. Eso si, los tres Reyes Magos siempre se representan como unos personajes barrocos, cargados de regalos, que a lomos de sus camellos avanzan cada noche unos centímetros empujados por la magia de una mano adulta… ¡Que esta noche no le falte a ningún niño la ilusión de un regalo!

El Primero de Enero

El primero de enero, tararí,
será tan gris como un lunes cualquiera,
sin Drácula escalando el Pirulí,
ni marcianos cruzando la frontera.

Más de lo mismo bajo el cielo añil,
cronos en su fugaz trono vacío,
la anoréxica luna giligil
no exportará vacunas contra el frío.

Llenaré otro galpón municipal
y esperaré el diluvio universal
viendo crecer el bosque por la acera.

El primero de enero (del dos mil),
aunque siga muriéndome por ti,
me iré con la primera que me quiera.

                                                                                     Joaquín Sabina

«El primero de enero», es una de las poesías  que Joaquín Sabina incluyó en su   poemario «Ciento volando de catorce» (2001),  una recopilación de cien sonetos inéditos escritos a lo largo de cuarenta años, donde el artista muestra su habilidad para teñir de ironía el desencanto y las decepciones acumuladas a lo largo de la vida. En  este poema cuenta el escepticismo que le provoca la llegada de un nuevo año, donde solo cabe pensar que continuaremos aferrados a la rutina de una existencia  mediocre.

Frente a la desilusión, compartida en silencio por tantos, solo nos queda el pobre consuelo de brindar con una copa de cava después de disfrazarnos con la mascara de la alegría.

 

 

 

 

Antología de Spoon River

Autor: Edgar Lee Masters              

Estilo: poesía                   

Traducción: Jesús y Fabio López P.

Edición: Jesús Lopez Pacheco

Editorial: Cátedra

 

Ollie McGee

¿Os habéis fijado en un hombre mustio y cabizbajo

que deambula por el pueblo?

Es mi marido, que con secreta crueldad,

nunca confesada, me robó juventud y belleza.

Hasta que, llena de arrugas y con los dientes amarillos,

perdida la dignidad y de vergüenza humillada,

me bajaron a esta tumba.

¿Y qué creéis que le roe a mi marido por dentro?

¡La cara de la que fui y la otra que hizo de mí!

Las dos le están llevando al sitio donde yazgo.

Logro mi venganza después de muerta.

 

Amanda Barker

Henry me dejó embarazada

sabiendo que yo no podía dar la vida

sin perder la mía.

Así entré en mi juventud por los pórticos del  polvo

Caminante, en el pueblo en que viví creen

que Henry me amó con amor de esposo.

Desde el polvo proclamo

 que me mató para satisfacer su odio.

Análisis:                                                                                                                                      Edgar Lee Master consigue hacer realidad la popular sentencia Si los muertos hablaran” a través de  su  poemario “La Antología de Spoon River “(1915). Un  pueblo   inventado  donde  solo  se  escuchan las voces de los muertos, que  reinterpretan  unas veces con amargura, otras con ironía, los  epitafios y  los  motivos  escultóricos  que  adornan  sus tumbas. Son  autobiografías  comprimidas, testimonios, confesiones o acusaciones  póstumas, presentadas  ante  “El tribunal supremo” del más allá para ser revisados cuando ya “todos duermen bajo la colina”

El abogado Edgar Lee, les da la oportunidad de contar su historia real, la que se esconde tras las bellas dedicatorias. Ya que en la ciudad de los muertos no tiene sentido mentir, el miedo al que dirán y la vergüenza desaparecieron en el mismo instante en que perdieron la vida, convirtiendo acciones, omisiones y consecuencias en hechos irreversibles, por eso cada composición deja el regusto amargo que provoca escuchar un “tardío acto de contrición”

Whedon, director de periódico

Ser capaz de ver todos los aspectos de cada asunto;
estar en todos los sitios, serlo todo, no ser nada durante un tiempo;
falsear la verdad, subirte a su grupa cuando te conviene;
manipular los grandes sentimientos y pasiones de la especie humana
con segundas intenciones, con fines astutos;
llevar, como los actores griegos, una máscara
—tu periódico de ocho páginas—, tras la que te acurrucas
para declamar por el altavoz de los grandes titulares:
«¡Éste soy yo, un gigante!».
Vivir así la vida de un ladrón furtivo,
envenenado con las palabras anónimas
de tu alma escondida.
Echar tierra, si te lo pagan, a los escándalos,
desenterrarlos a los cuatro vientos por venganza
o para vender más periódicos,
aplastando vidas y reputaciones, si hace falta;
ganar a cualquier precio, salvo el de tu propia vida;
ostentar un poder diabólico que socava todo civismo,
como un muchacho paranoico que pone un tronco en la vía
y hace descarrilar al expreso.
Ser director de un periódico, como yo lo fui.
Y luego yacer aquí, junto al río, justo en el lugar
donde desaguan las alcantarillas del pueblo
y se arroja la basura, las latas vacías
y se esconden los fetos.

Sigue leyendo