La cena de aniversario

Un cuentito para arrancar una sonrisa a tod@s los que hoy hayan decidido empezar una “vida nueva”. Como Kavafis, donde os encontréis, os deseo buen viento,  una travesía larga, llena de experiencias…y no os deis prisa en llegar… Ítaca siempre estará ahí, esperando.

Frohes neues Jahr, bonne année, happy new year, feliz aninovo

Les comunicamos que dentro de un cuarto de hora el Corte Ingles cerrará sus puertas… Lola escuchó el mensaje con un suspiro de alivio. Tenía quince minutos para recoger el pedido que había encargado en la pescadería, suponía casi la mitad de su sueldo, pero aquella noche quería celebrar el segundo aniversario de boda con una cena romántica.

Con los tobillos hinchados, después de pasar todo el día de pie, abandonó los grandes almacenes confundida entre los clientes,que esperaban hasta el último momento para hacer sus compras. De camino al metro pensaba: cuando me toque la primitiva lo primero que haré será decirle al jefe que se meta el miserable salario de dependienta por donde le quepa.

Mientras tanto solo esperaba encontrar un asiento libre para poder leer tranquila de regreso a casa. Su rapidez de reflejos y dos bruscos empujones lograron situarla en el único sitio libre del vagón. Después de colocar la caja de marisco sobre las piernas, sacó del bolso “Los pájaros de Bangkok”, era una apasionada de la novela negra y Montalbán su autor de culto.

Cuando por fin traspasó la puerta de su hogar le faltó tiempo para cambiar los zapatos por unas cómodas pantuflas. Tras dejar la apetitosa carga encima de la encimera llenó una olla con agua; mientras arrancaba el hervor se dirigió al saloncito y dispuso sobre la mesa el mantel de hilo, regalo de la abuela, después distribuyó la vajilla cuidadosamente, adornándola con un candelabro de dos velas, satisfecha del resultado dejó el salón en penumbra disponiéndose a preparar la cena.

Limpió y troceó las zanahorias, el apio y la cebolla echándolas en el perol, después añadió una hoja de laurel, dos ramitas de tomillo fresco y un vasito de vino blanco. Solo faltaba el ingrediente principal: Los bogavantes.

Abrió con aprensión el recipiente que contenía dos enormes ejemplares; aunque eso de arrojar un animal vivo dentro de una cacerola con agua hirviendo le daba repelús, ya era tarde para sensiblerías. Al alargar las manos para “proceder a la ejecución” sintió el doloroso pellizco de unas tenazas estrujándole un dedo. Uno de los crustáceos había conseguido cortar las gomas que sujetaban sus pinzas esgrimiéndolas amenazante.

Mª Jesús Mandianes

Emitiendo inquietantes chillidos logró escalar el encierro de poliespán correteando atolondrado a través del mármol, de pronto tomando impulso dio un salto cayendo frente a la desconcertada joven. Aterrada vio cómo se lanzaba sobre sus pies intentando atacarla, pero no estaba dispuesta a quedarse sin la suculenta cena. Armada con una escoba inició la cacería del bogavante rebelde, que corriendo a través del pasillo desapareció sin dejar rastro.

Lola, después de recorrer a gatas el minúsculo piso sin localizarlo, dándose por vencida, decidió cocinar a la “compañera cobarde” acompañándola con una guarnición de hortalizas. Aferrando el caparazón de la víctima con unas pinzas metálicas se disponía a arrojarla al puchero, cuando sintió que la atacaban por la espalda oprimiéndole el cuello hasta la asfixia con dos cortantes tenazas.

Poco después llegó Jaume, entró de puntillas en la cocina intentando sorprender a su mujer con un ramo de flores. La encontró tirada en el suelo, tenía la garganta desgarrada por terribles heridas, el rostro cianótico dibujaba la expresión del terror sufrido en sus últimos segundos de vida. Mientras en una gran marmita se cocían “Los pájaros de Bangkok” en medio de un caldo de verduras.

Mª Jesús Mandianes

Plano Inclinado (Flujo de Conciencia)

Mª Jesús Mandianes (verano 2020)

Camino despacio hacia el paseo de las acacias, disfrutando de esa hora de la tarde en que el crepúsculo desdibuja la vida, transformándola en una ilusión anaranjada y gris. Escucho como la lluvia repiquetea suave sobre el paraguas, sobre las hojas de las mimosas, tan frondosas en pleno otoño. Me detengo un segundo para disfrutar del placer de aspirar el olor a tierra mojada.

De pronto pienso que en este instante no me importaría deslizarme hacia el plano inclinado de la rambla y desaparecer serenamente como una sombra que se desvanece. La voz del agua, cayendo en cascada a través de las arcadas del parque, me devuelve a la realidad. En un acto de contrición me corrijo, amo demasiado la vida.

Supongo que por asociación de ideas recuerdo el relato que acabo de leer, “La vida nueva”. Visualizo a la protagonista, sin nombre, deslizándose por esa misma pendiente, buscando el efecto distorsionador del espacio-tiempo, en un intento de recuperar ese instante del pasado perfecto.

Como en una película de cine mudo la veo persiguiendo un espejismo por las calles de Madrid. Me gustaría ser una de las figurantes para detener su marcha, rescatarla de su “laguna de la memoria” y devolverla a tierra firme. Pero una jovencita impertinente se me adelanta… es una señora mayor que se ha desorientado.

¡Que crueldad! De pronto llegas a los sesenta y para el mundo solo eres una señora mayor que de vez en cuando pierde el sentido de la realidad. Peor aún, el argumento perfecto de cualquier guionista de medio pelo, que no duda en convertirnos en las protagonistas de su telenovela… Somos tan vulnerables,  tan fáciles de manipular… una frase hecha acompañada de una sonrisa, et nous sommes tombeés amoureuses… 

Recupero el hilo de mi monologo y pienso en Virginia Woolf, tal vez sufrió la misma alucinación óptica cuando bajó hasta el rio buscando ese instante perfecto que la liberara de la enfermedad. Quién sabe si Laura Brown (Las Horas) enfrentada al dilema del “deber ser una buena ama de casa” y el “querer ser un ser humano con inquietudes” encontró ese momento ideal para escapar de la rutina, como una silueta que desaparece a través de un plano inclinado.

 … Creo que conozco al hombre que viene de frente ¡Luís! Demasiado tarde para cambiar de dirección, para hacer que no le veo ¿Qué le digo?… Buenas noches Luís.

 ¿Me ha respondido? Creo que no. Tal vez ni me ha visto. Presiento tras de mí su imagen de hombre solo tratando de subir hacia el vértice más alto de la rampa, intentando recobrar la imagen de su querida Elisa.

Soy una cobarde, desde el primer momento debería de haberle dado el pésame y ofrecido mi ayuda. Pero me siento incapaz, los veo juntos, a ella tan guapa, a él tan enamorado. Que le puedo decir … Bien venido al mundo de los impares.

Las siete menos cuarto, tengo que acelerar el paso si quiero invitar a Margarita a un café antes de que empiece la tertulia. Todavía la estoy viendo en su minuto de gloria, contándome con la mirada desafiante que había vencido el cáncer de riñón. Jamás la vi derrumbarse, ni llorar, nunca se quejó. Decidida a no dejarse vencer, trepó sin desfallecer por la arista más dura del desnivel.

Ahora solo piensa en recuperar el peso que la cortisona ha multiplicado varias veces, para volver a entrar en su ropa. Casi la puedo escuchar diciendo “Este verano volveré a ponerme mis pantalones blancos ceñidos, y los vestidos de colores. Me compraré un bañador bonito que me tape la cicatriz, y volveremos a vernos en la piscina”

 Si llego a tiempo nos sentaremos frente a frente en una de las mesitas del bar que está al lado de la biblioteca y entre dos cafés hablaremos de trivialidades hasta que comience la tertulia. Evitaremos cualquier referencia a la enfermedad, conversaremos sobre el libro y su autor, que explicará los pormenores de la obra.

Cada vez más persuadida de que me estoy convirtiendo en una nueva “Señora Dalloway”, gastando mi tiempo en hacer felices a los demás, recuerdo que a la vuelta tengo que comprar el pan. Tal vez después de cenar leeré un rato, después de lavar los cacharros escribiré un párrafo más y antes de planchar la ropa que nos pondremos mañana, pueda dedicarme a reflexionar sobre “la razón poética y el auténtico significado de la metáfora” como imagen que adquiere el valor que cada cual quiera darle.

Mª Jesús Mandianes

Flujo de conciencia:

En la literatura, el flujo de conciencia es un método de narración que describe los acontecimientos en la corriente de pensamientos en las mentes de los personajes. Su objetivo es evocar el flujo ininterrumpido de pensamientos que atraviesan el alma del personaje a medida que surgen, sin explicar el encadenamiento lógico, reproduciéndolos tal como llegan a la mente.

Bajo el Sol de Invierno

Subo hasta la cumbre siguiendo el cauce de los arroyos donde rezuma solo el recuerdo del agua protegido por un frágil escudo de hielo. Cruje bajo mis pies quebrado, como una red de nervios rotos. Y vuelvo a ser la niña que miraba hipnotizada las estrellas de nieve que la helada nocturna dibujaba sobre las retamas, o entre los cuencos de las rocas. Cristales de luz blanca brillando bajo el Sol de invierno.

Me dejo seducir por el vuelo del águila, sus alas extendidas planean despacio a través del azul buscando el abrazo cálido del Sol. Las pupilas de experta cazadora caen sobre mí, presa fácil después de vivir tanto tiempo enjaulada. Y vuelvo a ser la adolescente perdida en el jardín de las pasiones oscuras. Primavera entre los brazos de un otoño tardío.

El camino es ahora una garganta escarpada anegada por el barro, donde las piedrasMª Jesús Mandianes flotan inertes antes de caer al fondo del barranco con el sonido hueco de la desesperanza. Y vuelvo a ser la mujer asustadiza que se asoma al abismo intentando no perder el equilibrio. Colgados del precipicio cadáveres de árboles suicidas muestran su esqueleto desnudo.

Alcanzo la cima con la certeza de que en este lugar la inmensidad adquiere un nuevo significado. Sentada sobre una roca contemplo las montañas cubiertas de nieve, escucho la poesía del agua resbalando por las grietas, saltando entre los acantilados, levantando nubes de espuma, llenando el silencio con su magia sanadora.

No sé cuándo, pero algún día volveré, seré una gota de lluvia bailando entre estas cascadas o un copo de nieve eclipsando la luz del Sol. Tierra fértil donde crecerán árboles que alzarán el verdor de sus ramas hasta el cielo, rogando con un murmullo de hojas palpitantes de savia que les dejemos vivir y multiplicarse.

Mª Jesús Mandianes

 

 

En el lago

Solo pensaba en las vacaciones. Cuando llegaba agosto escapar de la vorágine de la ciudad era mi única preocupación. Poseído por el espíritu de funcionario de medio pelo, me daban igual los expedientes sin tramitar acumulados en mi despacho. A las dos de la tarde cerré la ventanilla y marché directamente a la estación de cercanías de Alexanderplaz, donde me esperaban Astrid y Katia con las maletas preparadas.

Durante el trayecto apenas me detuve a leer los titulares de la prensa. El Bild,  alertando una vez más sobre la grave crisis política que amenazaba de nuevo a Alemania, parecía dispuesto a amargarnos las vacaciones. Cerré el diario exasperado. Después de pasar el año ahorrando para alquilar un dacha a orillas del lago Templiny, no íbamos a dejar que “una serpiente de verano” nos amargara.

  • ¿Que sucede Bertold?

  • Nada Katia, este maldito tabloide se ha convertido en una novela de terror.

  • Papá, en la Universidad dicen lo mismo, Rusia quiere frenar como sea la fuga de ciudadanos. Hermann y su familia se fueron hace un mes.

  • ¡Callate ya Astrid! No ves que estas asustando a tu madre.

Una hora después llegamos a Potsdam, el ajetreo de las maletas y la organización de la cabaña pareció diluir la preocupación. Por fin instalados, dejamos que los días transcurrieran tranquilos.

Me sentía feliz retratándolas mientras compartían confidencias sentadas al borde del embarcadero, o saludándolas desde la barca, donde pasaba las horas intentando pescar, mientras ellas riendo me gritaban:

    • ¡Tenemos hambre ! ¿Donde está la carpa que vamos a cenar?

Pero los acontecimientos se precipitaban, ya no podíamos eludir la realidad. El diez de agosto del sesenta y uno las noticias en la radio eran alarmantes, se hablaba sin pudor de la construcción de muro para “protegernos del capitalismo alienante”.

Astrid se negaba a vivir encerrada en una ciudad dominada por la “burrocracia rusa”. Hermann le había escrito pidiendole que se reuniera con él en Munich. Le había llenado la cabeza de fantasías sobre las maravillas del paraíso occidental. Encolerizado traté de hacerle entender que en Berlin tenía un trabajo y un sueldo seguro – ¡Para toda la vida! – ¡Yo era su padre! – uno de esos “burrócratas” de los que se burlaban.

  • ¡Vámonos mientras podamos!. ¡La abuela nos acogerá!

  • ¿Y de que vamos a vivir todos? ¿De la pensión de tu “oma”?

No volvimos a sacar el tema. Dos días más tarde al despertar no las vi. Pensé que estarían disfrutando del amanecer a orillas del Templiny. Después de preparar el desayuno encendí la radio. La voz grave de un locutor anunciaba la prohibición de salir de la “linea de protección”, con la advertencia de que los soldados tenían orden de disparar.

Impresionado por la noticia me senté dirigiendo la mirada sobre la mesa, entonces descubrí una nota donde me decían adiós. Enloquecido salí en su busca. A lo lejos vi una pequeña barca con dos siluetas remando acompasadamente, intentaban alcanzar la orilla opuesta. De pronto, rompiendo el silencio de la mañana, la ráfaga brutal de una metralleta pintó de rojo la superficie del lago.

Su recuerdo es solo una foto desvaída, donde los colores carecen de significado. Como siempre, Astrid y Katia me dan la espalda, inmóviles, sentadas al final del viejo embarcadero. Las dos en silencio, mirando el horizonte gris, sin una nube el cielo, ni siquiera el aleteo de un pájaro rompiendo la monotonía del paisaje.

El lago es una superficie opaca, donde el agua se ha teñido de matices metálicos. Los árboles, naturaleza muerta, parecen un decorado de cartón piedra.

El tiempo se detiene en ese instante. Deseo tanto que regrese el movimiento, que de pronto sus rostros se vuelvan hacia mí sonriendo y alzando la mano me saluden invitándome a acompañarlas:

  • ¡Bertold deja la camara y ven! ¡Se está también aquí!

No se cuanto hace que espero para poder hablar con ellas, derramando todo el dolor acumulado desde entonces. Pero la imagen comienza a borrarse, voy a perderlas para siempre.

Ahora comprendo que debo de regresar al lugar donde comenzó la pesadilla. Aqui de nuevo, escucho sus voces llamandome, y corro a través de la pasarela persiguiendolas hasta el fondo del lago. Solo en la sima más profunda se puede hablar con los muertos, solo allí las volveré a ver.

Mª jesús Mandianes

La Importancia de llamarse Stradivarius

A través de los ventanales entornados del Palacio de la Opera una bandada de pájaros detenía su vuelo cada atardecer para escuchar los acordes de los violines interpretando “Las cuatro estaciones de Vivaldi”

Los músicos dirigidos por el director de orquesta ensayaban incansables siguiendo el ritmo marcado por su batuta. Como una prolongación de la mano del maestro daba la entrada a cada uno de ellos y coordinaba la ejecución de la obra. Seguía el compás con la cabeza suavemente, para marcar el ritmo lento y melancólico que acompañaba la llegada del otoño o sacudía la pelambrera blanca con movimientos impetuosos, cuando la interpretación llegaba a la apoteosis con la entrada de la primavera.

Los protagonistas del concierto eran los violines, levantándose interpretaban su partitura a la perfección dando paso al Stradivarius, que ejecutaba pasajes del concierto como solista. Su propietario era un virtuoso que lograba arrancar los más bellos sonidos de sus cuerdas; acariciándolas con el arco conseguía plasmar el renacimiento de la vida, la alegría del verano, la nostalgia de la estación de terciopelo, o la frialdad del invierno.

Pero los continuos halagos y reconocimientos acabaron convirtiendo al violín en un presuntuoso que se burlaba de sus compañeros por el papel secundario que realizaban:

El timbal quedaba reducido a ejecutar el trueno al inicio de la tormenta, el magnífico piano apenas se escuchaba marcando el ritmo de la lluvia al caer. La trompeta interpretaba el canto del cuco, la flauta el trino del jilguero, él encambio era la estrella absoluta.

Tan orgulloso se sentía de su protagonismo, tan hinchado estaba de vanidad que sus cuerdas se tensaron de tal manera que acabaron rompiéndose. Sin tiempo para reparaciones fue sustituido por otro instrumento sin nombre ni apellido. Entre las manos de un humilde músico cumplió a la perfección su papel interpretando «Las Cuatro Estaciones», acompañando y complementando al resto de la orquesta como uno más.

Mientras el bello y frágil Stradivarius después de una delicada reparación fue a parar a una  urna de cristal junto a otros objetos cuya elegancia y distinción les acababa reduciendo a piezas de exposición en algún museo importante.

Mª Jesús mandianes

 

Käthe Kollwitz, la escultora del dolor

Art Esc XX Kollwitz Kathe La piedad Kerlin de Kollwitz BerlinSobre tus mejillas de bronce resbalan lagrimas de lluvia cayendo a través del tragaluz que muestra el cielo teñido de nubarrones oscuros de ese Berlín, a veces tan despiadado con sus hijos como un Dios salvaje, que en un arrebato de locura destructiva los sacrifica sin piedad, empujándolos a las trincheras en nombre de una bandera, de un imperio construido sobre el espanto de sus cuerpos pudriéndose en el inmenso campo de batalla que fue Europa.

Aunque el agua y la nieve caigan sobre tu cuerpo abatido, erosionando lentamente la escultura donde se concentra el duelo de tantas madres. Aunque el frio y el viento barran sin piedad el recinto de muerte donde permaneces con tu hijo acurrucado entre las rodillas, sigues allí abrazándolo, en un afán inútil de retenerlo a tu lado, mientras meditas inmóvil sobre la brutalidad de la guerra para que nadie olvide los tiempos sombríos que te tocaron vivir.

Mater amantísima, abrazando al adolescente que parece buscar entre los pliegues de tu67514b8023939.560b5f347d3a8 mantón el calor que le devuelva el aliento de vida o la valentía necesaria para enfrentarse a la muerte. Tal vez en el ultimo instante creyó que aplastado contra ti, acurrucado en tu vientre, podría regresar a ese lugar placido, ausente de todo peligro, donde un día esculpiste tu obra magistral, su pequeño cuerpo lleno de vida.

Tal vez, cuando el cincel de escultora moldeaba el dorso de tu mano derecha cubriendo la boca, quisieras acallar el sentimiento de culpa, al recordar el instante fatal en que consentiste que Peter se presentara voluntario a filas para defender una patria que te lo devolvió convertido en un héroe muerto. Quizá la mano izquierda, tan bien perfilada, sobre los puños cerrados de tu hijo, intentara una última caricia. Acaso fue entonces cuando te planteaste si valía la pena sobrevivirle, o en ese preciso instante descubriste que en tu cáliz de amargura ya no cabía ni una sola gota más.

Fuiste testigo del horror denunciado por tus manos de artista, dibujando la miseria de los obreros, los cuerpos raquíticos de unos niños con expresión famélica. Cincelaste, con la maestría que solo da la experiencia del dolor, la desolación de las mujeres a las que la patria arrebató a sus compañeros e hijos. Te convertiste en victima de la brutalidad disfrazada de uniforme de la Gestapo arrasando tu estudio, intentando destruir la obra que se convertiría en prueba de cargo contra los defensores de la pureza de la sangre, del pensamiento único.

Dominada por la emoción que me produce tu soledad en medio de la sala vacía, camino hacia a ti para abrazarte en un intento vano de darte consuelo. Tu contacto me transmite el sufrimiento congelado en la mascara de bronce, que esas manos curtidas en tantas derrotas esculpieron meticulosamente. Dejando un mensaje grabado a golpe de punzón, con el propósito de que las generaciones futuras recuerden cuanta sangre debe derramar el pueblo para que un dictador sacie sus delirios de grandeza.

Mª Jesús Mandianes

Características de la Pietà y ubicación:                                                                                         peter hijo

Käthe en 1937, coincidiendo con el el aniversario de la muerte de su hijo Peter (primera guerra mundial) anotó en su diario: «Estoy trabajando en una pequeña escultura que se está convirtiendo en algo así como una Piedad. La madre está sentada y tiene a su hijo muerto tendido entre las rodillas sobre el regazo ya no hay dolor. Sólo la reflexión «

La tituló “Madre con hijo muerto”, está realizada en bronce y sus dimensiones son:36.8 x 28 x 39.1 cm. Su estilo se encuadra dentro del realismo crítico, del cual es una genial representate. La escultura original se encuentra ubicada en el Museo Kathe Kollwitz, Fasanenstrasse 24 (Charlottenburg). Pero existe una replica ampliada cuatro veces, cuyo autor es el escultor alemán Harald Haacke, que fue realizada por encargo del 42canciller Helmut Kohl. Está situada en la Neue Wache, un edificio que data del año 1816 y cuya fachada se inspira en los templos romanos. Su elemento más conocido es un tragaluz circular, tras caer el Muro de Berlín se convirtió en un monumento a las víctimas de la guerra y del despotismo. En 1993 entre sus paredes lisas, sin adornos y bajo el tragaluz, se colocó una de las esculturas más emotivas de la ciudad, rebautizada como La Pietà de Kollwitz.

En la entrada una placa escrita en varios idiomas conmemora a todas la victimas de la IMG_2024guerra y la tiranía: Conmemoramos a los pueblos que sufrieron la guerra. Conmemoramos a sus ciudadanos que fueron perseguidos y perdieron la vida. Conmemoramos a los caídos de las guerras mundiales. Conmemoramos a los inocentes que perdieron la vida a causa de la guerra y de las consecuencias de la guerra en la patria, en el cautiverio y en el destierro. Conmemoramos a los millones de los judíos asesinados. Conmemoramos a los Sinti y Roma asesinados. Conmemoramos a todos aquellos que fueron asesinados por su origen, por su homosexualidad, por estar enfermos o ser débiles. Conmemoramos a todas las victimas a las que se le negó el derecho a la vida. Conmemoramos a todos los seres humanos que tuvieron que morir a causa de sus convicciones religiosas y políticas. Conmemoramos a todos los que fueron victimas de la tiranía y murieron siendo inocentes. Conmemoramos a las mujeres y hombres que sacrificaron su vida a la resistencia contra la tiranía. Rendimos homenaje a todos los que eligieron la muerte para no doblegar su conciencia. Conmemoramos a las mujeres y los hombres que fueron perseguidos y asesinados porque se opusieron al régimen totalitario de la dictadura después de 1945.

No olvidaré nunca la impresión que me produjo la escultura de bronce en medio de la sala vacía,susaberlin rodeada del silencio solo roto por las gotas de lluvia que caían sobre la Pietà, produciendo sobre su rostro el efecto de lagrimas de dolor… Allí me quedé parada, con un nudo en la garganta, acompañando en su desconsuelo a una madre que sobrevive a su hijo…

Análisis:

La importancia de la obra de Käthe Kollwitz se basa tanto en la selección de sus temas como en su capacidad para transmitirles el sentimiento dramático que los caracteriza, ya sea en sus representaciones de las miserables condiciones de vida de los obreros, o en la de los dramas sobre la guerra. Su capacidad expresiva proviene tanto de su atenta observación de la realidad social que la rodeó, como de su profundo estudio de los medios técnicos de impresión. Practicó el grabado en sus numerosas variantes, desde la punta seca a los aguafuertes, pasando por el entallado, aunque a partir de 1910, la litografía se convirtió en su forma preferida de expresión plástica.

La temática será la misma que conmoverá a Käthe hasta el final de sus días: los testimonios, no de las batallas heroicas, sino de los sacrificios humanos, del dolor elsacrificiosin límites de los efectos de los conflictos bélicos en la población. Aunque la guerra terminase, Käthe no quería que se olvidara el drama que había significado, y que no debía repetirse. Así lo vemos en El sacrificio (Das Opfer), donde una madre alza el cuerpo inocente de su hijo, que se inmolará en la guerra, o en La Viuda (Die Witwe I), en la que una mujer del pueblo, embarazada, protege su vientre con una manos fuertes, vigorosas, que serían conocidas a partir de entonces como Las manos de Kollwitz, una acentuación expresionista del deseo profundo de las madres de proteger a su descendencia.

Neue Wache:                                                                           neuewache

En Berlín, en la avenida Under den Linden (Bajo los tilos), entre los años 1816-1818 , se construyó un edificio siguiendo el diseño del arquitecto Karl Friedrich Schinkel, cuya estructura recuerda una fortaleza romana, su finalidad era albergar a la “guardia real”, la Neue Wache. En 1931 el arquitecto Heirich Tessenow lo reconvirtió en un monumento a los fallecidos en la Primera Guerra Mundial. Su elemento más conocido es un tragaluz circular. Más tarde, durante la ocupación nazi, estuvo al servicio del Reich y sufrió grandes daños durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras la guerra fue restaurado y reabierto en 1960 como monumento a las víctimas delNeue_Wache_1 fascismo y el militarismo. Enterraron bajo esta estructura los restos de un soldado desconocido y los de una víctima anónima de un campo de exterminio nazi. Además, también se enterró tierra proveniente de campos de batalla europeos y de campos de concentración.

Tras caer el muro, la Nueva Guardia cambió de nuevo para convertirse en un monumento a las víctimas de la guerra y del despotismo. En 1993 entre sus paredes lisas, sin adornos y bajo el tragaluz, se colocó una de las esculturas más emotivas de todo Berlín: Madre con su hijo muerto, cuya autora es Kathe kollwitz.

lapietàbajolanieve

El Guardián de los Cerezos

cerezas buenasCuando se busca tanto el modo de hacerse temer se encuentra siempre primero el de hacerse odiar. (Montesquieu)

– ¡Otra vez la pareja de mocosos escalando la tapia! ¡Mira con que pachorra se quitan los zapatos para trepar por las ramas más recias de mi cerezo!

– ¡Mismamente como si fueran dos monos! ¡Hay que ver la jeta de los endemoniados niños y de sus padres!

– ¡Será que no les he llamado la atención en medio de la plaza, con todos los vecinos delante, para que les caiga la cara de vergüenza!

– Que mi huerto es propiedad privada -les he dicho- Explicárselo a vuestros hijos, que ya son mayorcitos y los lleváis muy sueltos. Mano dura es lo que necesitan. – Así mismo se lo he echado a la cara.-

– Y ellos porfiando. ¡Pero Julián hombre! ¿A tí que más te da? ¿Para que quieres tantas cerezas? ¿Para que se pudran en los árboles?. ¿No sería mejor que las coman los chavales? ¡Tan grandes y hermosas que están! Sigue leyendo