En el lago

Solo pensaba en las vacaciones. Cuando llegaba agosto escapar de la vorágine de la ciudad era mi única preocupación. Poseído por el espíritu de funcionario de medio pelo, me daban igual los expedientes sin tramitar acumulados en mi despacho. A las dos de la tarde cerré la ventanilla y marché directamente a la estación de cercanías de Alexanderplaz, donde me esperaban Astrid y Katia con las maletas preparadas.

Durante el trayecto apenas me detuve a leer los titulares de la prensa. El Bild,  alertando una vez más sobre la grave crisis política que amenazaba de nuevo a Alemania, parecía dispuesto a amargarnos las vacaciones. Cerré el diario exasperado. Después de pasar el año ahorrando para alquilar un dacha a orillas del lago Templiny, no íbamos a dejar que “una serpiente de verano” nos amargara.

  • ¿Que sucede Bertold?

  • Nada Katia, este maldito tabloide se ha convertido en una novela de terror.

  • Papá, en la Universidad dicen lo mismo, Rusia quiere frenar como sea la fuga de ciudadanos. Hermann y su familia se fueron hace un mes.

  • ¡Callate ya Astrid! No ves que estas asustando a tu madre.

Una hora después llegamos a Potsdam, el ajetreo de las maletas y la organización de la cabaña pareció diluir la preocupación. Por fin instalados, dejamos que los días transcurrieran tranquilos.

Me sentía feliz retratándolas mientras compartían confidencias sentadas al borde del embarcadero, o saludándolas desde la barca, donde pasaba las horas intentando pescar, mientras ellas riendo me gritaban:

    • ¡Tenemos hambre ! ¿Donde está la carpa que vamos a cenar?

Pero los acontecimientos se precipitaban, ya no podíamos eludir la realidad. El diez de agosto del sesenta y uno las noticias en la radio eran alarmantes, se hablaba sin pudor de la construcción de muro para “protegernos del capitalismo alienante”.

Astrid se negaba a vivir encerrada en una ciudad dominada por la “burrocracia rusa”. Hermann le había escrito pidiendole que se reuniera con él en Munich. Le había llenado la cabeza de fantasías sobre las maravillas del paraíso occidental. Encolerizado traté de hacerle entender que en Berlin tenía un trabajo y un sueldo seguro – ¡Para toda la vida! – ¡Yo era su padre! – uno de esos “burrócratas” de los que se burlaban.

  • ¡Vámonos mientras podamos!. ¡La abuela nos acogerá!

  • ¿Y de que vamos a vivir todos? ¿De la pensión de tu “oma”?

No volvimos a sacar el tema. Dos días más tarde al despertar no las vi. Pensé que estarían disfrutando del amanecer a orillas del Templiny. Después de preparar el desayuno encendí la radio. La voz grave de un locutor anunciaba la prohibición de salir de la “linea de protección”, con la advertencia de que los soldados tenían orden de disparar.

Impresionado por la noticia me senté dirigiendo la mirada sobre la mesa, entonces descubrí una nota donde me decían adiós. Enloquecido salí en su busca. A lo lejos vi una pequeña barca con dos siluetas remando acompasadamente, intentaban alcanzar la orilla opuesta. De pronto, rompiendo el silencio de la mañana, la ráfaga brutal de una metralleta pintó de rojo la superficie del lago.

Su recuerdo es solo una foto desvaída, donde los colores carecen de significado. Como siempre, Astrid y Katia me dan la espalda, inmóviles, sentadas al final del viejo embarcadero. Las dos en silencio, mirando el horizonte gris, sin una nube el cielo, ni siquiera el aleteo de un pájaro rompiendo la monotonía del paisaje.

El lago es una superficie opaca, donde el agua se ha teñido de matices metálicos. Los árboles, naturaleza muerta, parecen un decorado de cartón piedra.

El tiempo se detiene en ese instante. Deseo tanto que regrese el movimiento, que de pronto sus rostros se vuelvan hacia mí sonriendo y alzando la mano me saluden invitándome a acompañarlas:

  • ¡Bertold deja la camara y ven! ¡Se está también aquí!

No se cuanto hace que espero para poder hablar con ellas, derramando todo el dolor acumulado desde entonces. Pero la imagen comienza a borrarse, voy a perderlas para siempre.

Ahora comprendo que debo de regresar al lugar donde comenzó la pesadilla. Aqui de nuevo, escucho sus voces llamandome, y corro a través de la pasarela persiguiendolas hasta el fondo del lago. Solo en la sima más profunda se puede hablar con los muertos, solo allí las volveré a ver.

Mª jesús Mandianes

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La Importancia de llamarse Stradivarius

A través de los ventanales entornados del Palacio de la Opera una bandada de pájaros detenía su vuelo cada atardecer para escuchar los acordes de los violines interpretando “Las cuatro estaciones de Vivaldi”

Los músicos dirigidos por el director de orquesta ensayaban incansables siguiendo el ritmo marcado por su batuta. Como una prolongación de la mano del maestro daba la entrada a cada uno de ellos y coordinaba la ejecución de la obra. Seguía el compás con la cabeza suavemente, para marcar el ritmo lento y melancólico que acompañaba la llegada del otoño o sacudía la pelambrera blanca con movimientos impetuosos, cuando la interpretación llegaba a la apoteosis con la entrada de la primavera.

Los protagonistas del concierto eran los violines, levantándose interpretaban su partitura a la perfección dando paso al Stradivarius, que ejecutaba pasajes del concierto como solista. Su propietario era un virtuoso que lograba arrancar los más bellos sonidos de sus cuerdas; acariciándolas con el arco conseguía plasmar el renacimiento de la vida, la alegría del verano, la nostalgia de la estación de terciopelo, o la frialdad del invierno.

Pero los continuos halagos y reconocimientos acabaron convirtiendo al violín en un presuntuoso que se burlaba de sus compañeros por el papel secundario que realizaban:

El timbal quedaba reducido a ejecutar el trueno al inicio de la tormenta, el magnífico piano apenas se escuchaba marcando el ritmo de la lluvia al caer. La trompeta interpretaba el canto del cuco, la flauta el trino del jilguero, él encambio era la estrella absoluta.

Tan orgulloso se sentía de su protagonismo, tan hinchado estaba de vanidad que sus cuerdas se tensaron de tal manera que acabaron rompiéndose. Sin tiempo para reparaciones fue sustituido por otro instrumento sin nombre ni apellido. Entre las manos de un humilde músico cumplió a la perfección su papel interpretando “Las Cuatro Estaciones”, acompañando y complementando al resto de la orquesta como uno más.

Mientras el bello y frágil Stradivarius después de una delicada reparación fue a parar a una  urna de cristal junto a otros objetos cuya elegancia y distinción les acababa reduciendo a piezas de exposición en algún museo importante.

Mª Jesús mandianes

 

Käthe Kollwitz, la escultora del dolor

Art Esc XX Kollwitz Kathe La piedad Kerlin de Kollwitz BerlinSobre tus mejillas de bronce resbalan lagrimas de lluvia cayendo a través del tragaluz que muestra el cielo teñido de nubarrones oscuros de ese Berlín, a veces tan despiadado con sus hijos como un Dios salvaje, que en un arrebato de locura destructiva los sacrifica sin piedad, empujándolos a las trincheras en nombre de una bandera, de un imperio construido sobre el espanto de sus cuerpos pudriéndose en el inmenso campo de batalla que fue Europa.

Aunque el agua y la nieve caigan sobre tu cuerpo abatido, erosionando lentamente la escultura donde se concentra el duelo de tantas madres. Aunque el frio y el viento barran sin piedad el recinto de muerte donde permaneces con tu hijo acurrucado entre las rodillas, sigues allí abrazándolo, en un afán inútil de retenerlo a tu lado, mientras meditas inmóvil sobre la brutalidad de la guerra para que nadie olvide los tiempos sombríos que te tocaron vivir.

Mater amatísima abrazando al adolescente que parece buscar entre los pliegues de tu67514b8023939.560b5f347d3a8 mantón el calor que le devuelva el aliento de vida o la valentía necesaria para enfrentarse a la muerte. Tal vez en el ultimo instante creyó que aplastado contra ti, acurrucado en tu vientre podría regresar a ese lugar placido, ausente de todo peligro, donde un día esculpiste tu obra magistral, su pequeño cuerpo lleno de vida.

Tal vez cuando el cincel de escultora moldeaba el dorso de tu mano derecha cubriendo la boca, quisieras acallar el sentimiento de culpa al recordar el instante fatal en que consentiste que Peter se presentara voluntario a filas, para defender una patria que te lo devolvió convertido en un héroe muerto. Quizá la mano izquierda, tan bien perfilada, sobre los puños cerrados de tu hijo, intentara una última caricia. Acaso fue entonces cuando te planteaste si valía la pena sobrevivirle, o en ese preciso instante descubriste que en tu cáliz de amargura ya no cabía ni una sola gota más.

Fuiste testigo del horror denunciado por tus manos de artista, dibujando la miseria de los obreros, los cuerpos raquíticos de unos niños con expresión famélica. Cincelaste con la maestría que solo da la experiencia del dolor, la desolación de las mujeres a las que la patria arrebató a sus compañeros e hijos. Te convertiste en victima de la brutalidad disfrazada de uniforme de la Gestapo arrasando tu estudio, intentando destruir la obra que se convertiría en prueba de cargo contra los defensores de la pureza de la sangre, del pensamiento único.

Dominada por la emoción que me produce tu soledad en medio de la sala vacía camino hacia a ti para abrazarte en un intento vano de darte consuelo. Tu contacto me transmite el sufrimiento congelado en la mascara de bronce, que esas manos curtidas en tantas derrotas esculpieron meticulosamente. Dejando un mensaje grabado a golpe de punzón con el propósito de que las generaciones futuras recuerden cuanta sangre debe derramar el pueblo para que un dictador sacie sus delirios de grandeza.

Mª Jesús Mandianes

Características de la Pietà y ubicación:                                                                                         peter hijo

Käthe en 1937, coincidiendo con el el aniversario de la muerte de su hijo Peter (primera guerra mundial) anotó en su diario: “Estoy trabajando en una pequeña escultura que se está convirtiendo en algo así como una Piedad. La madre está sentada y tiene a su hijo muerto tendido entre las rodillas sobre el regazo ya no hay dolor. Sólo la reflexión “

La tituló “Madre con hijo muerto”, está realizada en bronce y sus dimensiones son:36.8 x 28 x 39.1 cm. Su estilo se encuadra dentro del realismo crítico, del cual es una genial representate. La escultura original se encuentra ubicada en el Museo Kathe Kollwitz, Fasanenstrasse 24 (Charlottenburg). Pero existe una replica ampliada cuatro veces, cuyo autor es el escultor alemán Harald Haacke, que fue realizada por encargo del 42canciller Helmut Kohl. Está situada en la Neue Wache, un edificio que data del año 1816 y cuya fachada se inspira en los templos romanos. Su elemento más conocido es un tragaluz circular, tras caer el Muro de Berlín se convirtió en un monumento a las víctimas de la guerra y del despotismo. En 1993 entre sus paredes lisas, sin adornos y bajo el tragaluz, se colocó una de las esculturas más emotivas de la ciudad, rebautizada como La Pietà de Kollwitz.

En la entrada una placa escrita en varios idiomas conmemora a todas la victimas de la IMG_2024guerra y la tiranía: Conmemoramos a los pueblos que sufrieron la guerra. Conmemoramos a sus ciudadanos que fueron perseguidos y perdieron la vida. Conmemoramos a los caídos de las guerras mundiales. Conmemoramos a los inocentes que perdieron la vida a causa de la guerra y de las consecuencias de la guerra en la patria, en el cautiverio y en el destierro. Conmemoramos a los millones de los judíos asesinados. Conmemoramos a los Sinti y Roma asesinados. Conmemoramos a todos aquellos que fueron asesinados por su origen, por su homosexualidad, por estar enfermos o ser débiles. Conmemoramos a todas las victimas a las que se le negó el derecho a la vida. Conmemoramos a todos los seres humanos que tuvieron que morir a causa de sus convicciones religiosas y políticas. Conmemoramos a todos los que fueron victimas de la tiranía y murieron siendo inocentes. Conmemoramos a las mujeres y hombres que sacrificaron su vida a la resistencia contra la tiranía. Rendimos homenaje a todos los que eligieron la muerte para no doblegar su conciencia. Conmemoramos a las mujeres y los hombres que fueron perseguidos y asesinados porque se opusieron al régimen totalitario de la dictadura después de 1945.

No olvidaré nunca la impresión que me produjo la escultura de bronce en medio de la sala vacía,susaberlin rodeada del silencio solo roto por las gotas de lluvia que caían sobre la Pietà, produciendo sobre su rostro el efecto de lagrimas de dolor… Allí me quedé parada, con un nudo en la garganta, acompañando en su desconsuelo a una madre que sobrevive a su hijo…

Análisis:

La importancia de la obra de Käthe Kollwitz se basa tanto en la selección de sus temas como en su capacidad para transmitirles el sentimiento dramático que los caracteriza, ya sea en sus representaciones de las miserables condiciones de vida de los obreros, o en la de los dramas sobre la guerra. Su capacidad expresiva proviene tanto de su atenta observación de la realidad social que la rodeó, como de su profundo estudio de los medios técnicos de impresión. Practicó el grabado en sus numerosas variantes, desde la punta seca a los aguafuertes, pasando por el entallado, aunque a partir de 1910, la litografía se convirtió en su forma preferida de expresión plástica.

La temática será la misma que conmoverá a Käthe hasta el final de sus días: los testimonios, no de las batallas heroicas, sino de los sacrificios humanos, del dolor elsacrificiosin límites de los efectos de los conflictos bélicos en la población. Aunque la guerra terminase, Käthe no quería que se olvidara el drama que había significado, y que no debía repetirse. Así lo vemos en El sacrificio (Das Opfer), donde una madre alza el cuerpo inocente de su hijo, que se inmolará en la guerra, o en La Viuda (Die Witwe I), en la que una mujer del pueblo, embarazada, protege su vientre con una manos fuertes, vigorosas, que serían conocidas a partir de entonces como Las manos de Kollwitz, una acentuación expresionista del deseo profundo de las madres de proteger a su descendencia.

Neue Wache:                                                                           neuewache

En Berlín, en la avenida Under den Linden (Bajo los tilos), entre los años 1816-1818 , se construyó un edificio siguiendo el diseño del arquitecto Karl Friedrich Schinkel, cuya estructura recuerda una fortaleza romana, su finalidad era albergar a la “guardia real”, la Neue Wache. En 1931 el arquitecto Heirich Tessenow lo reconvirtió en un monumento a los fallecidos en la Primera Guerra Mundial. Su elemento más conocido es un tragaluz circular. Más tarde, durante la ocupación nazi, estuvo al servicio del Reich y sufrió grandes daños durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras la guerra fue restaurado y reabierto en 1960 como monumento a las víctimas delNeue_Wache_1 fascismo y el militarismo. Enterraron bajo esta estructura los restos de un soldado desconocido y los de una víctima anónima de un campo de exterminio nazi. Además, también se enterró tierra proveniente de campos de batalla europeos y de campos de concentración.

Tras caer el muro, la Nueva Guardia cambió de nuevo para convertirse en un monumento a las víctimas de la guerra y del despotismo. En 1993 entre sus paredes lisas, sin adornos y bajo el tragaluz, se colocó una de las esculturas más emotivas de todo Berlín: Madre con su hijo muerto, cuya autora es Kathe kollwitz.

lapietàbajolanieve

El Guardián de los Cerezos

cerezas buenasCuando se busca tanto el modo de hacerse temer se encuentra siempre primero el de hacerse odiar. (Montesquieu)

– ¡Otra vez la pareja de mocosos escalando la tapia! ¡Mira con que pachorra se quitan los zapatos para trepar por las ramas más recias de mi cerezo!

– ¡Mismamente como si fueran dos monos! ¡Hay que ver la jeta de los endemoniados niños y de sus padres!

– ¡Será que no les he llamado la atención en medio de la plaza, con todos los vecinos delante, para que les caiga la cara de vergüenza!

– Que mi huerto es propiedad privada -les he dicho- Explicárselo a vuestros hijos, que ya son mayorcitos y los lleváis muy sueltos. Mano dura es lo que necesitan. – Así mismo se lo he echado a la cara.-

– Y ellos porfiando. ¡Pero Julián hombre! ¿A tí que más te da? ¿Para que quieres tantas cerezas? ¿Para que se pudran en los árboles?. ¿No sería mejor que las coman los chavales? ¡Tan grandes y hermosas que están! Sigue leyendo

El viajero

hombre_rezando_en_el_desiertoEra un naufrago a la deriva perdido en el mar de arena del desierto, que vencido por el agotamiento y la soledad se derrumbó sobre las dunas sacudidas por la furia del viento rojo del Sahara. Deslumbrado por la claridad cegadora creyó ver una sombra alargada acercándose, sin duda un delirio producido por la sed que lo devoraba. Paralizado por el terror y tan indefenso como un recién nacido, adivinó las pupilas amarillas de la reina clavadas sobre su cara.

Erguida frente a él, con la piel cobriza brillando bajo los rayos del Sol, parecía la reencarnación de alguna divinidad antigua. El viajero leía en aquella mirada hipnótica que era inútil suplicar, el iris vertical revelaba una naturaleza depredadora. Frente a su poder invenciblemente solo podía oponer el arma de los más débiles: La astucia

En un dialogo sin palabras le contó que el lugar donde venia estaba recorrido por ríos placidos donde se escuchaba el agua saltar alegre entre las piedras y las gotas de lluvia repicar sobre la vegetación de bosques centenarios pintados de todos los verdes posibles…

No pudo seguir, la lengua húmeda de la tirana se paseaba sobre el rostro del viajero oliendo el miedo que lo atenazaba. A pesar del temor descifró la pregunta escrita sobre su piel ¿Porque abandonó ese paraíso un ser tan cobarde? ¿No sabia que en su reino solo sobreviven los héroes que no temen perder la vida? ¿Los profetas que buscan el aislamiento de este lugar sagrado para hablar con el Dios supremo? ¿Las viejas deidades que se enfrentan cada noche a su poder destructor?

Parpadeó un instante buscando la respuesta adecuada que le permitiera conservar lacobra13 vida: En uno de mis viajes conocí a un “pequeño príncipe” que me habló de la belleza del desierto, de sus atardeceres rojos, de la negrura infinita de la noche sembrada de miles estrellas. Del gran poder de la omnipotente Apofis capaz de destruir el orden cósmico. De su soberbia belleza escondida bajo una capa dorada. Fascinado por el relato decidí que mi último viaje me conduciría a este lugar mágico. Sigue leyendo

Un 23 de abril

keniaAmanece a orillas del lago Naivasha (Kenia), los rayos del sol perturban la tranquila placidez de sus aguas con mil destellos dorados, realzando el colorido malva del tapiz de jacintos acuáticos que cubre su superficie. Bordeando ese lugar mágico gigantescas acacias amarillas y papiros de esbeltas siluetas se elevan hacia el intenso azul del cielo africano.

A pocos metros, rompiendo la armonía del paisaje, el mar de plástico de los invernaderos deja entrever la sinfonía multicolor de rosas, lirios y claveles, a los que dedican su vida miles de mujeres. Son flores de piel negra, trabajando de sol a sol para conseguir rosas de tallo largo, sin espinas, con apretadas corolas color rojo aterciopelado, de una belleza casi idéntica, pero sin aroma.

El ejercito de trabajadoras avanza ligero desde los poblados de barracas que rodean las plantaciones, deben de llegar puntuales a la faena y obedecer sin rechistar las ordenes12045790-lusaka-zambia--02-de-diciembre-las-mujeres-africanas-en-los-invernaderos-recoger-rosas-para-la-expor del patrón. Han aprendido a ser humildes y dóciles, si no quieren ser despidas por cualquier motivo, saben bien que su sueldo es el sostén de la familia. Entre ellas caminan Evolet y su hija Yaretzi dispuestas para un duro día de trabajo. Hay que cortar las rosas, prepararlas para seducir vistiéndolas de papel celofán, adornadas por un lazo pintado con los colores de una bandera solo les falta un toque de perfume. Después deben empaquetarlas con especial cuidado para ser transportadas al aeropuerto de Nairobi. Desde allí, cuatro horas más tarde, llegaran a su punto de destino, Cataluña.

Evolet seca el sudor perlado que cubre su frente de ébano, profundas arrugas delatan el nerviosismo que la abruma. No puede evitar un gesto de angustia recordando que allí vive Morani, su compañero Sigue leyendo

El rei de la màgia

magoAbra, kadabra… aquestes eren les paraules màgiques amb què l’Andreu creava l’encanteri per fer callar tota aquella canalla sorollosa. De cop, es feia el silenci a la gran carpa del circ i des de la penombra es podien veure els ulls dels nens com espurnes brillants, i les boquetes obertes amb expressió embadalida contemplaven com l’il·lusionista treia, ara un conillet blanc del barret, ara un pom de flors de la màniga del frac, que regalava a la nena més bufona de la primera fila.

Murmuris d’admiració sortien de les goles infantils quan feia levitar a l’ajudanta, fins i tot a vegades la tallava per la meitat amb una serra, per després tornar a apedarçar-la mentre pronunciava un estrany sortilegi:

Vince In Bono Malum!

L’espectacle acabava amb una gran ovació quan el màgic Andreu amb la seva vareta provocava una tempesta de caramels, llavors obrint la capa vermella sortia volant, envoltat de coloms blancs i un “Ooh!” col·lectiu dels nens.

Però l’alegria i els somriures s’esfumaven quan es quedava sol al camerino, la màgia no li servia per pagar les factures que s’acumulaven sobre la taula, ni per mantenir el circ i la gent que hi treballava. Sigue leyendo