Un 23 de abril

keniaAmanece a orillas del lago Naivasha (Kenia), los rayos del sol perturban la tranquila placidez de sus aguas con mil destellos dorados, realzando el colorido malva del tapiz de jacintos acuáticos que cubre su superficie. Bordeando ese lugar mágico gigantescas acacias amarillas y papiros de esbeltas siluetas se elevan hacia el intenso azul del cielo africano.

A pocos metros, rompiendo la armonía del paisaje, el mar de plástico de los invernaderos deja entrever la sinfonía multicolor de rosas, lirios y claveles, a los que dedican su vida miles de mujeres. Son flores de piel negra, trabajando de sol a sol para conseguir rosas de tallo largo, sin espinas, con apretadas corolas color rojo aterciopelado, de una belleza casi idéntica, pero sin aroma.

El ejercito de trabajadoras avanza ligero desde los poblados de barracas que rodean las plantaciones, deben de llegar puntuales a la faena y obedecer sin rechistar las ordenes12045790-lusaka-zambia--02-de-diciembre-las-mujeres-africanas-en-los-invernaderos-recoger-rosas-para-la-expor del patrón. Han aprendido a ser humildes y dóciles, si no quieren ser despidas por cualquier motivo, saben bien que su sueldo es el sostén de la familia. Entre ellas caminan Evolet y su hija Yaretzi dispuestas para un duro día de trabajo. Hay que cortar las rosas, prepararlas para seducir vistiéndolas de papel celofán, adornadas por un lazo pintado con los colores de una bandera solo les falta un toque de perfume. Después deben empaquetarlas con especial cuidado para ser transportadas al aeropuerto de Nairobi. Desde allí, cuatro horas más tarde, llegaran a su punto de destino, Cataluña.

Evolet seca el sudor perlado que cubre su frente de ébano, profundas arrugas delatan el nerviosismo que la abruma. No puede evitar un gesto de angustia recordando que allí vive Morani, su compañero Sigue leyendo

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Querer es poder

Habla de Paraguay como de una patria lejana a la que ya no pertenece y a la que no tiene intención de regresar. Desde el espejo observa mi expresión de sorpresa ante su comentario, mientras me peina, con gesto firme dice: Uno no es de donde nace sino de donde puede ganarse la vida.

Con tono de reproche contenido me explica la decepción que siente ante la visión que tienen los españoles sobre la emigración: No venimos por gusto, en mi país si no tienes dinero los médicos no te atienden ni puedes comprar medicamentos. Sigue imperando un machismo que anula totalmente a las mujeres de las clases más humildes, se casan con ellas cuando apenas tienen 16 años, cuando les han hecho cuatro o cinco barrigas y las ven estropeadas las dejan con toda la chiquillería marchando en busca de otras más jóvenes. Es fácil ver a niños vagabundeando por las calles sin escolarizar, dedicándose a cometer pequeños delitos.

Me cuenta que ante el progresivo empobrecimiento de su país y la falta de perspectivas laborales para los jóvenes, con 24 años tomó la decisión de emigrar a Europa con la intención de cumplir un sueño, abrir un salón de peluquería y estética. Sigue leyendo