Mi poética

Mª Jesús Mandianes

Y entonces conocí a Chantal

Mi cabeza era un laberinto de ideas desordenadas, de emociones desbordadas a las que a veces le faltaban palabras para expresarse, otras se acumulaban entre la garganta y la mente para acabar naufragando en una libreta de poemas truncados.

Entonces, casi por casualidad, descubrí a Chantal Meillard, fue para mí como una revelación, la leí como si fuera un conjuro capaz de exorcizar el dolor y la muerte. “Escribir” era un grito de rebeldía frente al sufrimiento, para no llorar tan adentro, tan a escondidas y lo hice mío. Fue la pauta que me enseñó a dar forma poética a las reflexiones intimas que nacen de mi experiencia vital.

Después, conocí Wisława Szymborska, sus versos fueron una lección de pedagogía donde aprendí la pequeñez del ser humano frente al prodigio de la naturaleza. La sencillez de la palabra es la marca que define sus poemas; su manera de sublimar lo cotidiano para transformarlo en excepcional es el camino a seguir para esta pobre aprendiz de poeta.

Francisca Aguirre me enseñó a leer mi cuerpo, a quitarle hierro a esa tragedia del ser humano que es la vejez. A través de la ironía desarrolla un dialogo con cada uno de los órganos que componen ese armazón que, a pesar de los cuidados, acaba desmoronándose con el paso de los años. Toda una lección de humildad que acabo asumiendo hasta burlarme de los síntomas que muestran mi fragilidad, por primera vez me atrevo a mostrarlos en forma de un poema.

Aprender a escribir poesia es un proceso lento: desnudar el alma, pulir mi estilo, podar sin pena lo que sobra, desmochar los poemas de adjetivos, preposiciones y conjunciones, que crecen como las malas hierbas, impidiendo que aflore la idea principal. Soy una nueva Orlando que está aprendiendo a reducir sus poemas hasta que un día logre transformarlos en “idea” en estado puro.

                                                                                                 Mª Jesús Mandianes

Presentación Geografías íntimas: Sara, Teresa, M ª Jesús, Hector, Lois, Magui.

Geografías íntimas

Mª Jesús Mandianes

Compartir esta experiencia con un grupo de «locos de la poesía» ha logrado que no me siente una marginal; que este proyecto se materialice en un poemario nos une en una amistad intima, diría que mística: la poesía nos convoca en torno al sagrado oficio de escribir, escuchar, leer y reflexionar.

Somos rastreadores de «momentos únicos», los atrapamos con la mirada para plasmarlos en palabras como imágenes. No sentimos «impresionistas» capaces de perpetuar en una página en blanco, la catástrofe que puso patas arriba una vida, una pasión prohibida, el instante perfecto en que en el cielo se dibujaba un crépusculo naranja y «yo» paseaba al lado de mi «compañero para toda la vida».

Este poemario es un sueño que se ha ido convirtiendo en realidad con la complicidad de un grupo de seres humanos animados por el mismo aliento creativo. Cuando los sueños se cumplen a una ya no le importa ser la oveja fantasiosa de una familia de fenicios a la que aceptan con aire resignado: ¿Qué le vamos hacer?hay cosas peores.

Año tras año al ajuste de cuentas familiar yo solo aporto un montón de versos y siempre recibo a cambio una pregunta reproche: «niña» ¿pero eso da dinero? No, no da dinero queridos, de hecho los poetas, en general, somos unos muertos de hambre, pero a pesar de todo voy a seguir escribiendo poemas de amor, sexo y muerte. Es mi acto de rebeldía, mi liberación personal, mi reto.

Mª Jesús Mandianes

Mª Jesús Mandianes

Mariano Rufete (La desheredada) La explotación infantil


Introducción:

La industrialización supuso la generalización del trabajo infantil a causa de la precariedad económica de las familias. Los empresarios empleaban mano de obra barata y los padres dejaban que sus hijos fuesen contratados por patronos con pocos escrúpulos y mucha avaricia. La principal causa de la incorporación de niños y niñas al trabajo industrial era la situación de extrema pobreza en la que vivían millones de familias en Europa.

La justificación del trabajo abusivo de los niños se basaba en que era una forma de evitar el vagabundeo, la ociosidad y el alcohol; a los niños y niñas se les daba comida y un futuro trabajo que aprendían gratis. Al margen quedaban los salarios de miseria, los horarios y condiciones de trabajo brutales, la higiene y la moral dentro de las fábricas.

Los niños hacían toda clase de trabajos: trabajaban en fábricas, en el algodón y moviendo molinos, en las granjas, en casas como sirvientes, en manufacturas e incluso en las minas. Muchos niños vendían todo tipo de cosas en las calles. Casi todos los trabajos eran monótonos y fatigosos (reflexión de Mariano Rufete), La vida laboral comenzaba normalmente a los 8 ó 9 años, a veces empezaban a trabajar a los 6 años.

Análisis:
Galdós, empapado del naturalismo francés, en sus novelas desarrolla la personalidad de “individuos problemáticos” que no se ajustan a “los valores de la sociedad”. En ese sentido Mariano es un ejemplo, el paradigma del inadaptado; criado en un entorno social hostil, con una herencia genética negativa, que termina atrapado en una cloaca sin posibilidad de salida. En definitiva, es una víctima de la confluencia de la herencia y del medio. a

Desde mi punto de vista Pecado representa la injusticia social a la que eran sometidos los niños obreros; explotado en una soguería estaba sometido a una jornada laboral bestial realizando un trabajo mecánico que lo embrutecía y lo alejaba de la escuela. Como metáfora de un Sísifo infantil repetía día tras día la tarea de dar vueltas a un torno en un esfuerzo inútil que lo destruía como ser humano.

El personaje de Marino Rufete es el «prototipo perfecto» del determinismo genético desde donde Galdós desarrolla todas sus características:

El medio: huérfano, vive en los suburbios con una tía que lo pone a trabajar en una soguería en condiciones infrahumanas. Rodeado de oscuridad y de soledad queda reducido a la condición animal dando vueltas a un torno.

El determinismo fisiológico: consecuencia directa de la herencia genética familiar donde la locura del padre se traslada a los hijos como una maldición. Mariano incluso acaba sufriendo ataques epilépticos que afectan a su mente.

La raza: a pesar de que se entiende como la cultura histórica a la que pertenece un individuo, se podría definir a Mariano como un desarraigado, no tiene auténticas raíces.

Galdós adopta la mayor aportación de Zola a la novela, la técnica impresionista, que le ofrece la posibilidad de desarrollar símbolos psicológicos centrados en el espacio novelesco. La alcantarilla es un símbolo que anticipa el destino trágico de Mariano la muerte por garrote. La gran rueda del taller donde trabaja es otro símbolo de como rueda sin sentido para no llegar a ningún lado.

Mariano (pecado), después de matar accidentalmente a Zarapicos, consciente de la gravedad del hecho huye y se esconde en una alcantarilla, desde allí desarrolla un monólogo (estrategia del naturalismo) a través del cual la maestría de Galdós muestra toda la vulnerabilidad de un niño que tiene miedo. Apenas un adolescente (13 años) no va a la escuela, sin embargo, lleva impresa en la mente el concepto de “culpa” unido al de “castigo”, se convence de que merece ser condenado. Ese era la base de la educación religiosa que dominaba el siglo XIX y el instrumento de control de toda la sociedad, pero sobre todo de la clase obrera.

Es un animal acorralado incapaz de creer que puede ser perdonado, que merece un acto de “compasión” de la sociedad que lo explota, de la justicia indiferente a la esclavitud a la que estaba sometida la infancia obrera. Mariano embrutecido por el trabajo no se atreve a pensar que tal vez la culpa sea de los que lo persiguen.


Aprisionado en la cloaca siente que sus manos son parte de la máquina que lo domina y lo obliga a actuar “mecánicamente” anulando su capacidad de reflexión. Es parte del engranaje con la única función de realizar un trabajo repetitivo que solo requiere la fuerza bruta. Mariano es solo “fuerza bruta” incapaz del autocontrol de sus impulsos.

Galdós retrata a la perfección la ingenuidad infantil de Mariano, desfallecido de hambre y de sed solo hacen falta dos naranjas para que olvide su intención de no entregarse a la policía. Incapaz de controlar sus apetitos básicos se abalanza sobre ellas dominado por el instinto de supervivencia. Sobrevivir se convirtió en la meta de Mariano, un niño cuya única ambición era parecerse al guardia que le va a detener. La ausencia de modelos masculinos en su ámbito “familiar” le lleva a imitar a un modelo erróneo: la autoridad represora.

La cárcel será el destino final de “Pecado”, una imagen que representa a todos los niños pobres marginados y explotados, que acaban cayendo en la delincuencia. En este episodio el autor advierte que el aumento de la criminalidad juvenil está provocado por el abandono educativo y la desprotección de la de la infancia.


Galdós, gran observador de la realidad, realizó el retrato de Mariano reuniendo documentos médicos y periodísticos a los que tuvo acceso, ya que estuvo presente en el caso de Francisco Otero, un disminuido psíquico que atentó fallidamente contra el rey Alfonso XII.

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Otro aspecto a tener en cuenta en el desarrollo que el autor hace del personaje es la influencia de la obra de Goya, los cuadros del pintor representando niños jugando a soldados o peleándose o el aguafuerte del hombre ajusticiado en el garrote titulado “El agarrotado” y el dibujo “Muchos han acabado así” están relacionados con el trágico final de “Pecado”. Galdós es también un pintor que en “la desheredada” retrata la vida de las clases más desfavorecidas.

Conocedor de las ideas pedagógicas precursoras de la Escuela Nueva y de los krausistas se preocupa por la educación de los niños como única forma de regeneración de la sociedad española después del fracaso de la Revolución de 1868. Aunque a pesar de compartir ideología y finalidad no se le puede considerar krausista (el novelista nunca formó parte de la escuela krausista), puesto que consideraba que la Institución Libre de Enseñanza realizaba una educación elitista en la que se separaba a las clases más bajas de la actividad pedagógica.


No obstante, hay que decir que Giner de los Ríos fue un gran pedagogo que quería instruir a las nuevas generaciones en la creatividad y en la libertad frente al autoritarismo del siglo. Por eso ve en la obra de Galdós una referencia pedagógica, a través de sus textos podía hacer verdad una de sus principales creencias: las ideas no solo se tienen, sino que se viven, y donde mejor se viven es en el texto literario. Será uno de los grandes “maestros sin catedra” de algunos escritores.

Para finalizar, es en el siglo XIX cuando empiezan a dictarse en España las primeras leyes protectoras del menor, con las que se pretendía evitar la explotación de los hijos de las clases desfavorecidas. Por primera vez, el concepto de “infancia feliz” se percibe como algo a lo que tiene derecho cualquier niño, sea cual sea su origen; por primera vez se plantea que todos tienen derecho a la educación.



El Censor, vigía de la libertad de expresión

  • Estilo: Antología (36 discursos del periódico «El Censor»)
  • Editorial: Crítica, clásicos y modernos
  • Edición: Francisco Uzcanga

«El Censor» fue una revista periódica que nació con la voluntad de ejercer una crítica incisiva sobre los grupos de poder y los ideólogos que impedían la modernización del país; fue el principio del periodismo moderno que bajo el signo de la Ilustración pretendía «desengañar España»

Introducción:

Hablar de “prensa” en España antes del siglo XVIII supone reducir el concepto de «publicación» al relato de anuncios, avisos, hechos puntuales importantes o ediciones de carácter popular como los almanaques y pronósticos. Estos eran libritos adornados con imágenes, que se distribuían por los pueblos y ciudades, ofrecían los más variados contenidos: además de pronóstico del año incluían datos sobre los cambios de la luna, pensamientos, pautas de conducta, los más famosos fueron los de Torres Villarroel.

Es a partir de la ilustración (siglo XVIII) cuando nace un nuevo género literario: el periodismo, era el vehículo perfecto para difundir las nuevas ideas ilustradas y todo tipo de noticias: literarias, sociales o políticas. El periodista era un auténtico oráculo capaz de influir en la opinión pública y transformar la sociedad a través del lector, pieza fundamental de este triangulo; el lector debía ser receptivo y captar el sentido de los mensajes que publicaba el redactor “diciendo la verdad mintiendo” para así esquivar a la férrea censura, que no dudaba en secuestrar todos los números de un periódico crítico o directamente cerrarlo.

Con respecto al lector hay que puntualizar que en esta época el 80 % de la población era analfabeta, así pues, los lectores de «papeles periódicos» eran una minoría ilustrada compuesta por nobles y clérigos, miembros de la burocracia real, oficiales del Ejército y algunos sectores de la clase media como médicos, abogados, profesores y comerciantes.

En el nuevo periodismo destacó por su audacia y espíritu crítico “El Censor”, fue considerado como portavoz del movimiento ilustrado. En 1781 se publicó el primer número cuyo objetivo era “propagar el buen gusto” y la “corrección de costumbres” regenerando la sociedad española. Se público desde 1781 a 1787, sus editores fueron Luis Cañuelo y Luis Pereira. Añadir que su tirada nunca excedió los 500 ejemplares.

El periódico se apartó de las publicaciones periódicas de la época que se dedicaban sobre todo a la información y a la divulgación literaria, para seguir la corriente de The Spectator (crítica social y de costumbre). Tenía diferentes secciones:

  • Cartas al director (la mayoría eran ficticias y hoy se entienden como ensayos)
  • Confabulaciones utópicas.
  • Coloquios inventados.

Es fácil imaginar el impacto que supondría para la sociedad de la época que los editores se atrevieran a criticar los principios morales, religiosos y políticos hasta entonces inamovibles.  Y toda una audacia denunciar los errores políticos y los abusos en nombre de la religión. Nadie se libraba de su pluma incisiva, alternaba la crítica social y de costumbre con la crítica de las instituciones.

Criticaban la vanidad y la frivolidad de las clases más destacadas de la sociedad española, el aspecto ridículo de algunos personajes de la Corte, la imitación de las modas y costumbres extranjeras. Para los autores el origen de estos defectos sociales se encontraba en el carácter retrogrado y el inmovilismo de la cultura española.

Cuestionaban el sistema educativo, por anticuado, las instituciones por inoperantes y la ociosidad de los nobles por inútiles. En cuanto a la Iglesia, una de las cuestiones más polémicas tratadas por el periódico eran sus intentos de obstaculizar el trabajo del poder legislativo o entrometerse en asuntos de competencia civil, como ha hecho a lo largo de la historia e incluso en el siglo XXI: oponiéndose a los matrimonios homosexuales o intentando boicotear la ley del aborto, estos son solo dos ejemplos. Por descontado, el buen “censor” ignoraba los múltiples casos de pederastia que se denuncian en la actualidad.

La agresividad política de el Censor durante la década de 1780, hizo que fuese prohibido en varias ocasiones. Esta situación se agravó durante el reinado de Carlos IV. Los gobernantes, atemorizados por los sucesos revolucionarios ocurridos en Francia, impusieron una férrea censura. Floridablanca toma medidas drásticas para que las ideas revolucionarias no «pasaran la frontera», con la prohibición de publicar cualquier noticia relativa a los acontecimientos franceses. La censura no solo afectó a la prensa, también a la educación y a los libros.

Cuesta creer que a finales del XVIII (1791), se prohibieran todos los periódicos, salvo la Gaceta, el Mercurio y el Diario de Madrid. La prohibición fue un duro golpe contra todas las publicaciones periódicas y la Ilustración. Supuso un atentado contra la libertad de expresión y la imposición de una autentica “ley mordaza” para la prensa española, que llevó a la desaparición de la mayoría de los periódicos incluido El Censor.

Discurso VI: Carta de una dama (análisis personalísimo)

El Censor, como muchas de las publicaciones de la época, desde su superioridad intelectual “Ilustrada”, ridiculiza la figura femenina, mostrando a una “anciana de 40 años”, con presuntas tendencias ninfómanas, que se queja de la conducta de los varones con ella y su “belleza maltrecha”, como evidentemente “chochea”, pretende rivalizar con las adolescentes y le suplica al todopoderoso periodista que sea su defensor frente a todos esos muchachos que ponen en entredicho y menosprecian sus encantos.

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El periodista, se reviste de insigne pedagogo para dar una lección de humildad a la señora ,que si se hubiera dedicado a criar a sus hijos, a desempeñar las principales obligaciones de su sexo, y a leer lecturas convenientes para ofrecer una charla amena al varón no sería objeto de burla del selecto ambiente donde se mueve.

Está claro que los innovadores ilustrados mantenían las mismas críticas en torno a la conducta de la mujer que en épocas anteriores; mientras los hombres quedaban al margen de cualquier cuestionamiento. Ellos podían, y pueden, comportarse como “eternos adolescentes”, siempre encontraran una justificación benévola para sus excesos, pero ¡Ay de la mujer que se atreva a saltar las normas establecidas!

El Censor deja claro que la Ilustración establece un modelo de feminidad que se sigue basando en la maternidad y la familia. La mujer ilustrada no debe de ser frívola ni derrochadora, sino buena administradora de la economía familiar. No deberá seguir las modas perversas, ni exhibirse en público, ni mucho menos admitir cortejadores.

Las virtudes que debían adornar a una dama ilustrada seguían siendo: en primer lugar, la castidad seguida de la sumisión, la obediencia y la modestia. La ilustrada recibiría una “cierta educación” que la prepararía para cumplir sus obligaciones, pero siempre dirigida  a moldear el carácter. Su inteligencia y su espíritu crítico era mejor que siguieran hibernando.

Discurso XXXV: Reflexiones sobre la educación de los hijos

El Censor critica la excesiva severidad con que se reprimía a los hijos por cualquier causa, reflexionando sobre la necesidad de evitar los castigos corporales y las humillaciones. Tema en el que incidía de manera muy acertada el padre Feijoo, refiriéndose no solo a los padres sino a algunos maestros, a los que recuerda con amargura Villarroel en su autobiografía y contra los cuales prevenía el mismo Jovellanos.

Cañuelo censura esa severidad excesiva y los castigos corporales por improcedentes “acaban apagando el afecto y alejando a los hijos de los padres”. Intenta hacer comprender que el camino principal que los padres han de seguir en la educación de sus hijos es lograr su amistad sincera: «Un Padre debe hacerse igualmente amar y respetar de sus hijos”

Añade que otro motivo común de la severidad de los padres y los maestros se producen por “la falta de aplicación de los niños”, dice que, si los maestros tuvieran más maña y paciencia desterrarían para siempre la palmeta y la disciplina, que solo sirven para hacer odiar el estudio. Efectivamente, el refrán de “la letra con sangre entra” es una abominación que cierra la mente al niño y lo llena de inseguridades en su vida adulta. 

“La edad de la razón debe de saber establecer el equilibrio entre la autoridad del Padre y el respeto del hijo. En resumen, hay que tratar a los hijos con cariño, sentido común y confianza, dándoles la libertad adecuada, poniéndose en su lugar, comprendiendo que «un hijo, en llegando a cierta edad, es hombre del todo semejante a su Padre”.

El Censor añade que la más irracional de las severidades es tratar de impedir que los niños corran, jueguen y salten, castigarlos por eso es la mayor injusticia del mundo. El juego ayuda a perfeccionar sus facultades intelectuales y a dar fuerza y vigor a sus nervios. Aquí me reconcilio con el censor y alabo el buen sentido y la modernidad de su discurso.

Discurso XLVI: Que la superstición está entre nosotros más extendida que la impiedad

Se publicó en diciembre de 1781, con el informe favorable de los censores correspondientes. El autor ya supone que «las piedras van a levantarse contra mí.  Voy a ser tenido de la parte más temible de la nación, por un factor encubierto de impiedad«.  Acertó en todo, porque el discurso fue prohibido por el Consejo de Castilla después de su publicación y supuso la primera suspensión del periódico.

Se consideraba herejía todo lo que no era admitir ciegamente las doctrinas oficiales más absurdas, los sermones contra el siglo ilustrado, contra los ateos, contra los filósofos y la incredulidad dominaban los pulpitos, pero jamás se dijo una sola palabra contra la superstición. Un vicio que destruye las bases de la auténtica religiosidad.

Denuncia que las supersticiones más absurdas estaban instaladas en el seno de la iglesia: peregrinaciones, clavos del martirio de una santa, sangre coagulada, brazos incorruptos que devolverán la salud, todo ello no es más que una forma de idolatría mezclada con devoción. Afirma que solo se debe culto a Dios y pone en entredicho la multiplicación de imágenes de santos en los altares acompañados de leyendas truculentas que ocultan un desequilibrio masoquista (…qué es sino torturarse para vencer las tentaciones de la carne)

Declara que los que fabrican profecías y esparcen reliquias piensan que hacen un gran favor a la sociedad cuando lo único que logran es hundirla en el oscurantismo, mientras los príncipes de la iglesia guardan un beatífico silencio. Sin duda fue el estilo directo y convincente, la claridad del mensaje y la agilidad de la prosa la que alarmó a la censura, temerosa de que la autoridad de la que depende, o sea la iglesia, perdiera el gran negocio que supone la explotación de las infinitas supersticiones con las que vaciar los bolsillos de los feligreses crédulos.

SOBRE EL DERECHO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN:

Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o de comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber injerencia de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

El derecho a la libre expresión es uno de los más amenazados, tanto por gobiernos represores que quieren impedir cambios, (como acabamos de ver en el post: cerraron la prensa y las fronteras para impedir que llegaran las ideas de la revolución francesa), como por personas individuales, dictadores, que quieren imponer su ideología o valores personales, callando los otros.

La lucha por la libertad de expresión nos corresponde a todos, ya que es la lucha por la libertad de expresar nuestro propio individualismo. Respetar la libertad de los demás a decir cualquier cosa, por más ofensiva que la consideremos, es respetar nuestra propia libertad de palabra.

La buena hija

  • Autora: Almudena Grandes
  • Estilo: Relatos
  • Editorial: Tusquets

…No tengo marido, no tengo hijos, no tengo amigos, no tengo trabajo, no tengo nada que sea mío salvo este armario, y la manía de coleccionar gilipolleces olorosas en tarros de cristal…

“La Buena hija” forma parte del primer libro de relatos de Almudena Grande tituladoModelos de mujer” en el que se recogen siete narraciones cuyas protagonistas encuentran en los recuerdos de la infancia la solución para enfrentarse a los problemas de la madurez y cambiar su destino, tal vez equivocándose, pero con la voluntad firme de no consentir que la vida se les escape de las manos.

Berta, “la buena hija”, desarrolla el tema de “la mujer cuidadora”, en este caso la hija obligada a atender a una madre auténticamente tóxica.

Análisis:

Es un relato en primera persona donde se pueden distinguir tres momentos:

1) El momento presente, finales de los noventa, donde lo único que tiene claro es que su madre la tiraniza las 24 horas del día, impidiéndole realizarse como ser humano. De pronto, Berta recuerda que cuando era niña decidió cambiar de madre: ¿Que hago yo aquí si hace 30 años decidí cambiar de madre?

2) El pasado con la evocación de las vivencias de su infancia en los años setenta (Madrid), donde recuerda a Piedad, la asistenta que la cuidó con un auténtico amor de madre y lo contrapone a doña Carmen, su madre biológica, la autoridad, la señora que tomaba las decisiones importantes… Doña Carmen era mi madre, Piedad era mamá.

Al contrario, Piedad era unos labios que siempre me besarían, unos brazos que nunca dejarían de abrazarme… Piedad era casa, era mi casa y era el mundo.

3) La recuperación de su presente que supone revelarse contra la esclavitud a la que la somete una madre manipuladora que nunca la ha querido.

“La buena hija” enfrenta dos concepciones de «madre» que retrata dos personalidades opuestas, dos espacios distintos y dos mundos totalmente antagónicos.

El mundo de Piedad era la cocina, el pueblo, los bailes, el cine, siempre colgada del brazo del “novio”. En su mundo derrochaba generosidad, ternura y una complicidad total con Berta, las dos ríen juntas, se cuidan, se defienden. Hablan la misma lengua, donde se distinguía perfectamente la pronunciación de pollo y poyo, era la lengua materna de Berta, una frase tan simple con un significado tan profundo, porque todos nos remitimos a nuestras raíces y expresamos las emociones con la lengua de “la madre”.

La madre biológica era distante, parecía una actriz que hubiera ensayado cada uno de sus movimientos y cuya frialdad no seducía a nadie. Era incapaz de tener ningún gesto de ternura para su hija, Berta la sentía totalmente ajena a su vida, una mañana cuando entró en el comedor la saludó con solemnidad: Buenos días doña Carmen.

Aria «la reina de la noche» (La flauta mágica) Mozart

Opuestas en todo, también lo eran en la forma de sentir el amor. Piedad ama con los cinco sentidos y arrastra con su pasión a Eugenio, un hombre casado, los dos estaban dispuestos a romper todas las normas establecidas para vivir juntos.  Mientras, la madre de Berta sólo puede ensayar «un papel que le venía grande en una amable comedia de enredo», un divertimento oculto para guardar las apariencias. La niña no le deseaba ningún mal, pero si su muerte hubiera sido necesaria para hacer feliz a Piedad, habría firmado sin dudar.

La Berta niña se sentía tan desligada de su familia que estableció una separación entre los espacios físicos de la casa: El «lado» de Piedad, que comparte Berta, es el «pequeño país» modesto compuesto por «un vestíbulo de servicio, una cocina, un office, una despensa, un dormitorio y un aseo diminuto, con una bañera cuyo tamaño alcanzaba a duras penas la cuarta parte de la superficie de las restantes bañeras de la casa», incluso acabó durmiendo en el cuarto de Piedad. Doña Carmen y el resto de la familia “vivían al otro lado del pasillo” un lugar con el que la niña no se sentía identificada, ella no pasaba de la zona de servicio.

Los acontecimientos se precipitan en la casa de “Doña Carmen”, cuando descubre la relación de Piedad con un hombre casado, la despide sin ninguna contemplación, haciendo gala de una hipocresía y una crueldad infinitas. Berta se sintió huérfana, revolvió la habitación de Piedad y no encontró nada. Nada excepto ella misma.

La muerte del padre y una trombosis de la madre, antes de que Berta terminara la carrera, la redujeron al papel de cuidadora impuesto por el resto de los hermanos. Doña Carmen, adoptando el papel de madrasta, logró aislar a su hija totalmente, trasladándose a una urbanización fuera de la ciudad de Madrid por motivos de salud. Logró que dejara el trabajo de profesora de matemáticas, que se quedará sin amigos y que rompiera con su novio. No solo la despoja de todo, sino que recurre al chantaje emocional para tener una enfermera a su disposición las 24 horas.

En la última parte del cuento se produce “el descubrimiento”, deja de escuchar las constantes llamadas del timbre, símbolo del dominio absoluto de la madre biológica sobre la hija. Berta se da cuenta que era su madre la que dependía de ella, la que estaba en sus manos. Cuando le escucha saludarla con un: “Buenos días doña Carmen” comprende que ha perdido el control sobre la hija mansa a la que puede someter, y solo tiene miedo a quedarse sola.

Berta toma la decisión irrevocable de alejarse de la madre y después de entrevistar a varias enfermeras eligió a la que mejor le pareció. Seguidamente arregló los papeles para pedir el final de su excedencia como profesora de matemáticas y finalmente escribió una carta a cada uno de sus hermanos: estimados, motivos personales me impiden seguir cuidando de su madre por más tiempo.

Después de que, en su infancia, tras la marcha de Piedad, no quedara «nada, excepto yo misma», Berta se asegura que al dejar la casa de su madre no deja nada tras de sí. «Nada» es la palabra que cierra el cuento.

En el relato se establece una intertextualidad con otros textos: con un poema romántico de Bécquer y con la fuga del Conde de Monte Cristo (Dumas), su evocación es una revelación que indica Berta que debe de huir de una madre carcelera. El poema de Bécquer le dice que deje de lado su sentido del deber y se deje llevar por los sentimientos.

En el cuento se desarrolla la polémica feminista sobre lo que es más importante: la biología o la crianza. La protagonista opta por la crianza representada por Piedad en contra de la biología representada por la madre biológica, doña Carmen. En la visión de las feministas de los años setenta, la mujer debía cortar con la influencia negativa de su madre para tener su propio lugar en el mundo. En consecuencia, Berta deja la vida aislada de las mujeres enclaustradas en casa y recupera su posición en el mundo como profesora de matemáticas.

Sobre Almudena Grandes:

Nació en Madrid en 1960, ciudad con la que siempre estuvo vinculada emocionalmente. Se licenció en Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid y comenzó a trabajar en el mundo editorial principalmente en la redacción de textos para enciclopedias.

Su primera novela “Las edades de Lulú” fue llevada al cine por Bigas Luna y se tradujo en 20 idiomas. Publicó otras novelas como “Te llamaré Viernes”, de relato erótico; “Malena es un nombre de tango”, que Gerardo Herrero adaptó al cine; “Los aires difíciles”, que también se llevó al cine.

Fue columnista habitual del El País, entre otros muchos artículos escribió: “Mercado de Barceló”, «Mujeres», «Humanidad» o «Unos ojos tristes» que se convirtió en la última entrega de su columna «Escalera interior«.

En 2010 comenzó la serie “Episodios de una guerra interminable” que consta de cuatro libros: “Inés y la alegría” (2010), “El lector de Julio Verne” (2012), “Las tres bodas de Manolita” (2014) y el cuarto, “Los pacientes del doctor García” (2017), por el que se ha llevado el Premio Nacional de Narrativa 2018.

Desde 1994 fue pareja del poeta Luis García Montero. Almudena falleció en su casa de Madrid por un cáncer el sábado 27 de noviembre de 2021 a los 61 años, después de dos años de luchar contra esta enfermedad. Aquí os dejo un poema de amor para Almudena de su marido:

La ausencia es una forma del invierno

Como el cuerpo de un hombre derrotado en la nieve,

Almudena y Luis

con ese mismo invierno que hiela las canciones

cuando la tarde cae en la radio de un coche,

como los telegramas, como la voz herida

que cruza los teléfonos nocturnos

igual que un faro cruza

por la melancolía de las barcas en tierra,

como las dudas y las certidumbres,

como mi silueta en la ventana,

así duele una noche,

con ese mismo invierno de cuando tú me faltas,

con esa misma nieve que me ha dejado en blanco,

pues todo se me olvida

si tengo que aprender a recordarte.

Entre el cel i l`infern

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Autor: Pere Piquet

Estilo: narrativa (relatos)

Idioma: Catalán

Editorial: Pagès Editors

El Joan juraria que ha entrat a l’estació de Fondo però comença a dubtar quan veu una enorme caldera en què homes i dones es couen a foc lent. Una estranya força -com la que a vagades no deixa moure els que desperten d’un mal son- l’empeny cap a l’olla. Quan és just d’avant del recipient, reconeix una figura familiar que branda una forca i s’acarnissa amb els pocs que encara intenten fugir del xup-xup.

Análisis:

Invito a los lectores a descartar el orden establecido en el índice para dirigirse directamente al Infierno de Pere. Solo entre las tinieblas el autor se suelta la melena desarrollando el estilo trasgresor y burlón con el que deja patente su habilidad narrativa.

En el averno saca a la luz las pasiones más oscuras del alma humana, esas que aun sabiendo que nos condenan logran que sucumbamos al deseo irrefrenable de transgredir las normas establecidas.

Después, como los antiguos héroes griegos, solo nos queda aceptar el castigo de los dioses; aunque a veces sean tan arbitrarios como para conducir a Mersault al abismo en lugar de concederle la aureola de santidad y asignarle un lugar de honor en el Edén. Probablemente él con su laconismo habitual diría : Tout ça m’est bien égal.

La unión de tres inmortales: Mozart, Dante y Doré

Entre líneas es un alarde de imaginación donde Piquet reinterpreta los grandes mitos vulgarizando a la fiel Penélope, al astuto Ulises y al divino Aquiles. Don Juan es condenado a un paraíso rodeado de vírgenes que desdeñan sus habilidades de seductor y Oscar Wilde sufre el suplicio de la mediocridad… solo Dante se salva de su pluma incisiva… realmente la Divina Comedia debió de ser inspirada directamente por el Todopoderoso.

Sigue leyendo

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Autor: Philip K. Dick

Estilo: Ciencia ficción

Editorial: Edhasa

Traductor: César Terrón

…Rick comprendió que los androides Nexus-6 superaban a varias clases de especiales humanos en lo que a inteligencia se refería. En otras palabras, los androides equipados con el nuevo cerebro Nexus-6, habían evolucionado más allá de un importante-aunque inferior-segmento de la humanidad. Para bien o para mal. El esclavo había terminado por resultar más espabilado que algunos de sus amos…

Análisis:

Con esta novela Philip K. Dick conduce a la ciencia ficción más allá de un simple delirio futurista y logra que reflexionemos sobre la progresiva deshumanización del hombre, planteando una sociedad donde los individuos presentan un cierto “autismo emocional” que les hace asemejarse a los replicantes «concebidos a su imagen y semejanza», por eso han de recurrir a “la caja demociones” para poder experimentar sentimientos y sensaciones humanas.

En San Francisco (año 1992) se ha desarrollado una extraña sociedad donde los humanos necesitan demostrar un alto nivel de empatía que los diferencie de los androides creados por ellos mismos. La mejor forma de “representar” su capacidad de amor es cuidando a otro ser vivo, alguno de los pocos animales que han logrado sobrevivir a la Guerra Mundial terminal. Así demuestran al resto de la sociedad terrestre lo inmensamente humanos que son.

El autor tiene la habilidad de ir sembrando la novela de dudas, como si de un Sócrates  futurista se tratara, conduciendo a los lectores a la reflexión filosófica a través de la hermenéutica -pregunta y respuesta- :

¿Son la inteligencia y la empatía las dos cualidades que nos hacen humanos?

Parece surrealista plantearse un futuro en el que no podamos distinguirnos ni entre nosotros mismos. Pero la creatividad del autor desarrolla un concepto de robot muy diferente del que se tenía en los años 60: El “androide”, creado por los propios humanos, con un aspecto físico similar al de los hombres y una inteligencia a veces superior a sus creadores.

Dick introduce la duda  a través del protagonista, Rick, cazador de bonificaciones, cuya frialdad nos hace preguntarnos constantemente si es un androide al que sus superiores le han implantado una memoria artificial. A fin de cuentas, varias veces en la novela se dice que hace falta un androide para encontrar a otro y que no habría mejor caza recompensas que los propios androides.

En el polo opuesto sitúa a un antagonista, que se caracteriza por sus deficiencias mentales. Se trata de John Isidore, un mecánico de animales eléctricos que ha sido víctima de la radiación, convirtiéndose en un «cabeza de chorlito». Sobre su «humanidad» no hay duda alguna, a pesar de unas carencias intelectuales que le hacen vulnerable a la manipulación de los androides.

En medio de estas dudas una certeza: los androides sueñan, tal vez no con ovejas eléctricas, pero si con un futuro mejor lejos de Marte, donde los esclavizan, por esos huyen a la Tierra. Sienten deseos de vivir a pesar de la amenaza de los cazadores de bonificaciones y de saber lo breve que será su vida. Son capaces de sentir atracción física y de llevar a cabo crueles venganzas, sienten algunas emociones equivalentes a las humanas.

… Entonces, si los replicantes tienen sueños, si albergan esperanzas, si sienten miedos como cualquier ser humano ¿Tienen derecho los humanos a “retirarlos”?  … y aquí se pasa de la duda al planteamiento ético que nace en “el cazador de bonificaciones”. ¿Es justo retirar a los androides porque son simplemente una vida artificial? ¿Pueden los humanos decidir lo que debe existir y lo que no dentro del mundo? ¿Quién debe vivir y quien no?

Sobre la religión y el mercerismo:

El mercerismo es la religión que practica el mundo postapocalíptico, cuyo profeta Mercer está conectado a sus seguidores a través de la máquina de la empatía que les une directamente con él. El protagonista inmerso en un mar de dudas le consulta sobre la posibilidad de que este obrando mal “retirando androides” y el gran gurú le alecciona diciendo “que a veces es necesario hacer el mal aún a sabiendas de saber que se está obrando mal”

En el libro no se nombra a Mercer como Dios todopoderoso creador de la raza humana, al contrario, los seres humanos no solo no son creación de nadie, sino que se establecen como creadores de otra forma de vida: los androides.

No obstante el sufrimiento que siente «el iluminado» cuando le lanzan piedras es un fiel reflejo del dolor de Cristo en la religión Cristiana, cuando se inmola para salvar a la humanidad… aunque él mismo acabe reconociendo que es un gran fraude… tal vez muy cercano a los androides…

Sobre la atracción física

Uno de los personajes que hace tambalear las creencias Rick (protagonista) es la androide Rachael por la que siente una gran atracción física. También se muestra fascinado por la voz de Luba Luft, androide camuflada como cantante de ópera, a la que escucha absorto. Reflexiona sobre el deseo de vivir que sienten ambas y la necesidad de ser protagonistas de su propia vida. En claro contraste con la apatía de su mujer, que no muestra aspiraciones ni inquietudes. Estos sentimientos ponen de relieve la modificación del nivel de conciencia que experimenta Deckard en relación a los androides.

 Sobre el tiempo:

En la novela, los replicantes mueren a los cuatro años porque sus genes se deterioran y no existe regeneración. Esta es una diferencia fundamental entre humanos y androides. Los individuos somos orgánicos y estamos sometidos a la incertidumbre del tiempo que tenemos de vida, lo que nos provoca angustia al no saber cuándo vamos a morir. Las máquinas sí son conscientes de ello, tienen fecha de caducidad y la aceptan con resignación.

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