Desde El Escondite

Con un hilo de voz me canta,

mientras nos acurrucamos

en nuestro secreto escondite

de esta casa del terror:

a

¡Si apagas la luz de tus ojos

el monstruo se desvanece,

no escuches sus amenazas

congelan tu cálida risa !

a

¡Tu risa! amanecer alegre,

remedio contra la amargura,

sosiego del puño de hierro,

su rendición incondicional.

a

¡Chitón!boquita de trapo,

juguemos a salvar la vida,

¡silencio pececito juguetón!

 acechan pupilas de hielo.

a

Gritos de ira desmedida,

violentas notas desafinadas,

quebraron su voz de cristal.

Mi madre, jilguero herido.

a

Garganta rota de dolor,

alas de paloma cortadas,

Mi madre, abrazo protector,

me liberó de la casa del terror .

                                                         Mª Jesús Mandianes

 

 

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En el lago

Solo pensaba en las vacaciones. Cuando llegaba agosto escapar de la vorágine de la ciudad era mi única preocupación. Poseído por el espíritu de funcionario de medio pelo, me daban igual los expedientes sin tramitar acumulados en mi despacho. A las dos de la tarde cerré la ventanilla y marché directamente a la estación de cercanías de Alexanderplaz, donde me esperaban Astrid y Katia con las maletas preparadas.

Durante el trayecto apenas me detuve a leer los titulares de la prensa. El Bild,  alertando una vez más sobre la grave crisis política que amenazaba de nuevo a Alemania, parecía dispuesto a amargarnos las vacaciones. Cerré el diario exasperado. Después de pasar el año ahorrando para alquilar un dacha a orillas del lago Templiny, no íbamos a dejar que “una serpiente de verano” nos amargara.

  • ¿Que sucede Bertold?

  • Nada Katia, este maldito tabloide se ha convertido en una novela de terror.

  • Papá, en la Universidad dicen lo mismo, Rusia quiere frenar como sea la fuga de ciudadanos. Hermann y su familia se fueron hace un mes.

  • ¡Callate ya Astrid! No ves que estas asustando a tu madre.

Una hora después llegamos a Potsdam, el ajetreo de las maletas y la organización de la cabaña pareció diluir la preocupación. Por fin instalados, dejamos que los días transcurrieran tranquilos.

Me sentía feliz retratándolas mientras compartían confidencias sentadas al borde del embarcadero, o saludándolas desde la barca, donde pasaba las horas intentando pescar, mientras ellas riendo me gritaban:

    • ¡Tenemos hambre ! ¿Donde está la carpa que vamos a cenar?

Pero los acontecimientos se precipitaban, ya no podíamos eludir la realidad. El diez de agosto del sesenta y uno las noticias en la radio eran alarmantes, se hablaba sin pudor de la construcción de muro para “protegernos del capitalismo alienante”.

Astrid se negaba a vivir encerrada en una ciudad dominada por la “burrocracia rusa”. Hermann le había escrito pidiendole que se reuniera con él en Munich. Le había llenado la cabeza de fantasías sobre las maravillas del paraíso occidental. Encolerizado traté de hacerle entender que en Berlin tenía un trabajo y un sueldo seguro – ¡Para toda la vida! – ¡Yo era su padre! – uno de esos “burrócratas” de los que se burlaban.

  • ¡Vámonos mientras podamos!. ¡La abuela nos acogerá!

  • ¿Y de que vamos a vivir todos? ¿De la pensión de tu “oma”?

No volvimos a sacar el tema. Dos días más tarde al despertar no las vi. Pensé que estarían disfrutando del amanecer a orillas del Templiny. Después de preparar el desayuno encendí la radio. La voz grave de un locutor anunciaba la prohibición de salir de la “linea de protección”, con la advertencia de que los soldados tenían orden de disparar.

Impresionado por la noticia me senté dirigiendo la mirada sobre la mesa, entonces descubrí una nota donde me decían adiós. Enloquecido salí en su busca. A lo lejos vi una pequeña barca con dos siluetas remando acompasadamente, intentaban alcanzar la orilla opuesta. De pronto, rompiendo el silencio de la mañana, la ráfaga brutal de una metralleta pintó de rojo la superficie del lago.

Su recuerdo es solo una foto desvaída, donde los colores carecen de significado. Como siempre, Astrid y Katia me dan la espalda, inmóviles, sentadas al final del viejo embarcadero. Las dos en silencio, mirando el horizonte gris, sin una nube el cielo, ni siquiera el aleteo de un pájaro rompiendo la monotonía del paisaje.

El lago es una superficie opaca, donde el agua se ha teñido de matices metálicos. Los árboles, naturaleza muerta, parecen un decorado de cartón piedra.

El tiempo se detiene en ese instante. Deseo tanto que regrese el movimiento, que de pronto sus rostros se vuelvan hacia mí sonriendo y alzando la mano me saluden invitándome a acompañarlas:

  • ¡Bertold deja la camara y ven! ¡Se está también aquí!

No se cuanto hace que espero para poder hablar con ellas, derramando todo el dolor acumulado desde entonces. Pero la imagen comienza a borrarse, voy a perderlas para siempre.

Ahora comprendo que debo de regresar al lugar donde comenzó la pesadilla. Aqui de nuevo, escucho sus voces llamandome, y corro a través de la pasarela persiguiendolas hasta el fondo del lago. Solo en la sima más profunda se puede hablar con los muertos, solo allí las volveré a ver.

Mª jesús Mandianes

Como Agua

Foto de Mª Jesús Mandianes en el rio Noguera Palleresa (Verano 1993)

El tiempo se deslizaba despacio,

como agua mansa siguiendo su cauce,

nosotros, peces flotando en la monotonía,

suspensos en el vacío gris de un acuario.

a

Letargo roto por un serpenteo de dolor

ascendiendo ondulante entre mis piernas.

Se tiñó de rojo el lecho de agua blanda,

fuente de sangre por donde huyó la vida.

a

Un torrente de muerte inundó el útero,

asfixiando los sueños del brote indefenso,

casi un niño, acariciando el deseo de nacer,

arrullado por la dulce canción del agua.

a

En lo alto la luna estéril iluminó el río,

espejo acerado de aguas turbias,

reflejo líquido para una mirada triste,

perdida en el naufragio de las ilusiones rotas.

a

                                                                                          Mª Jesús Mandianes

Foto de Mª Jesús Mandianes con Marcel en el Lago San Mauricio (Verano 1993)

La Mujer Rebelde (Margaret Sanger)

Autor: Peter Bagge

Estilo: Novela gráfica

Editorial: La Cúpula

Traducción: Migoya y Diaz

Rotulación: Iris Bernárdez

Me han amordazado, me han reprimido, me han arrestado, me han encarcelado. Y cada vez me ha escuchado más gente, más gente ha protestado, más gente ha alzado la voz, más gente ha respondido con coraje y valentía… Como propagandista, considero una inmensa ventaja el que te amordacen. Eso podrá silenciarme, pero hace que millones de personas hablen de mí y de la causa para la que vivo.

Bagge es un autor peculiar, que sabe combinar la ironía con un sentido profundamente critico de la sociedad. Con su estilo personal ha logrado ser considerado uno de los más importantes del cómic alternativo, y una personalidad a tener en cuenta dentro del panorama cultural americano. Odio, es sin duda su mejor obra, donde realiza una fuerte crítica a las banalidades de un mundo descompuesto en personajes arquetipos, que solo consiguen una cierta felicidad cuando aceptan su propia idiosincrasia.

En “La Mujer Rebelde” desarrolló una historia diferente, en la cual las viñetas son solo el espejo distorsionado de la historia real. Ciñéndose siempre a la biografía de la protagonista,  busca el choque entre súper-ego de Margaret, con el alto concepto de justicia social y rebeldía que la dominaba. Mientras que los personajes más populares creados por Bagget acaban asumiendo sus limitaciones, presenta a M.Sanger rompiendo con todas las que le pusieron por delante.

Lo que hace especial la forma en que Bagge ha enfocado esa historia es la cantidad de documentación que utiliza. Es un escritor satírico que a través de un cómic busca sacar la verdad de un personaje que ha desatado pasiones y odios. La Mujer Rebelde (EEUU, 1879-1966) es la biografía de una mujer mundialmente conocida, reconocida por unos y odiada por los sectores más conservadores de la sociedad, anti-abortistas y la iglesia.

Como dice el propio autor, introducir el nombre de Margaret Sanger en un buscador de Internet resulta peligroso. Su lucha para cambiar las leyes que nos impedían el acceso a los métodos anticonceptivos, haciendo posible que realicemos nuestra vida libres de las cadenas biológicas, la convirtió en una heroína del feminismo. Mientras que la iglesia y los defensores del tradicionalismo patriarcal la transformaron en el blanco de sus iras, llegando a bautizarla como “aliada del diablo”

El autor realiza un retrato ambicioso sobre una persona real, con una exagerada conciencia de si misma y con una lucha clara: Conseguir la liberación de la mujer a través del control de la natalidad. A partir de ese ideal Peter Bagge nos presenta a una mujer con contradicciones y debilidades que la alejan del concepto de heroína y la hacen terriblemente humana. Como pone de manifiesto a lo largo de las elocuentes viñetas, donde dibuja con fino sentido del humor todas las facetas del carácter de la protagonista, manteniendo un estilo de dibujo que él define como “caricaturesco, elástico, exagerado”, yo añadiría que sus caricaturas retratan a la perfección el perfil psicológico  de la protagonista, su temperamento indomable y sus reacciones emocionales.

Resumen:

El cómic tiene un claro carácter biográfico, el autor se ciñe a los hechos reales, aunque modificó el orden de los acontecimientos para hacer la historia más fácil de seguir. Su Margaret tiene las mismas limitaciones humanas que cualquiera. Es una superviviente que desde pequeña supo buscarse la vida utilizando grandes dosis de picardía. Pudo se manipuladora y dominante, tal vez tuviese un punto hedonista, reflejado en el cuidado de su imagen. Aunque, a su vez, también fue manipulada por los medios de información y el oportunismo político. Pero por encima de todo, era una practicante de la desobediencia civil, que solo rindió cuentas ante si misma. Sigue leyendo

Otros Veranos

 

Foto de Mª Jesús Mandianes en Xinzo de Limia, año 1985

 

Seduciendo a la cámara,

al ojo que me imagina

tras la lente de la cámara,

capturando mi sonrisa,

enfocando el volumen firme

del pecho insinuado bajo el vestido.

 

Objetivo codiciado, deseo ardiente

de un verano soñado por los dos,

donde los días eran dorados y azules.

 Las noches, dulce aprendizaje 

de un idioma hecho de lenguas,

excitando nuestra piel desnuda.

 

Tal vez la memoria me engañe,

puede que mi pluma te idealice

al escribir desde la ausencia,

pero cuando pronuncio tu nombre

vuelvo a sonreír recordando

que fuimos tierra fértil, verano ardiente.

                                                                  Mª Jesús Mandianes

Foto de Mª Jesús Mandianes, en Baltar (Ourense) año 1985

 

 

La Importancia de llamarse Stradivarius

A través de los ventanales entornados del Palacio de la Opera una bandada de pájaros detenía su vuelo cada atardecer para escuchar los acordes de los violines interpretando “Las cuatro estaciones de Vivaldi”

Los músicos dirigidos por el director de orquesta ensayaban incansables siguiendo el ritmo marcado por su batuta. Como una prolongación de la mano del maestro daba la entrada a cada uno de ellos y coordinaba la ejecución de la obra. Seguía el compás con la cabeza suavemente, para marcar el ritmo lento y melancólico que acompañaba la llegada del otoño o sacudía la pelambrera blanca con movimientos impetuosos, cuando la interpretación llegaba a la apoteosis con la entrada de la primavera.

Los protagonistas del concierto eran los violines, levantándose interpretaban su partitura a la perfección dando paso al Stradivarius, que ejecutaba pasajes del concierto como solista. Su propietario era un virtuoso que lograba arrancar los más bellos sonidos de sus cuerdas; acariciándolas con el arco conseguía plasmar el renacimiento de la vida, la alegría del verano, la nostalgia de la estación de terciopelo, o la frialdad del invierno.

Pero los continuos halagos y reconocimientos acabaron convirtiendo al violín en un presuntuoso que se burlaba de sus compañeros por el papel secundario que realizaban:

El timbal quedaba reducido a ejecutar el trueno al inicio de la tormenta, el magnífico piano apenas se escuchaba marcando el ritmo de la lluvia al caer. La trompeta interpretaba el canto del cuco, la flauta el trino del jilguero, él encambio era la estrella absoluta.

Tan orgulloso se sentía de su protagonismo, tan hinchado estaba de vanidad que sus cuerdas se tensaron de tal manera que acabaron rompiéndose. Sin tiempo para reparaciones fue sustituido por otro instrumento sin nombre ni apellido. Entre las manos de un humilde músico cumplió a la perfección su papel interpretando “Las Cuatro Estaciones”, acompañando y complementando al resto de la orquesta como uno más.

Mientras el bello y frágil Stradivarius después de una delicada reparación fue a parar a una  urna de cristal junto a otros objetos cuya elegancia y distinción les acababa reduciendo a piezas de exposición en algún museo importante.

Mª Jesús mandianes

 

Un Collage para Chantal

 

Collage de Mª Jesús Mandianes sobre el poema "Escribir" de Chantal Maillard

La imagino inclinada sobre el escritorio con la pluma en la mano, componiendo una larga oración, donde las palabras, conmovidas, la abrazan tratando de darle consuelo. Poeta y palabras se alían para crear un conjuro perfecto, capaz de exorcizar el dolor y la muerte.

Porque “Escribir” es un grito de rebeldía frente al sufrimiento, para no llorar tan adentro, tan a escondidas. Chantal escribe para soportar la enfermedad y curarse. Para ahuyentar los buitres que sobrevuelan su cuerpo herido y para no enloquecer. Para “morder el anzuelo de la vida”, cuando siente que no puede sacar la cabeza por encima del agua.

Funde su dolor con el de “los otros” que siempre han estado ahí, invisibles, olvidados, porque la enfermedad no existe mientras no pellizca nuestra piel. Solo entonces valoramos la palabra “salud” como el punto de equilibrio físico y psíquico que nos hace sentir emocionalmente satisfechos.

Pero cuando la palabra “cancer” tatua a fuego cualquier cuerpo, o el cuerpo de Chantal, faltan metáforas para describir el sufrimiento y el espanto de estar solos con el dolor, sin que nadie empatice con esa “peculiaridad” que de pronto nos hace diferentes. Porque no hay la “enfermedad”, sino hombres y mujeres enfermos. No existe el “desamparo”, sino seres humanos desamparados que buscan consuelo escribiendo:

Escribir

Todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento.