La Importancia de llamarse Stradivarius

A través de los ventanales entornados del Palacio de la Opera una bandada de pájaros detenía su vuelo cada atardecer para escuchar los acordes de los violines interpretando “Las cuatro estaciones de Vivaldi”

Los músicos dirigidos por el director de orquesta ensayaban incansables siguiendo el ritmo marcado por su batuta. Como una prolongación de la mano del maestro daba la entrada a cada uno de ellos y coordinaba la ejecución de la obra. Seguía el compás con la cabeza suavemente, para marcar el ritmo lento y melancólico que acompañaba la llegada del otoño o sacudía la pelambrera blanca con movimientos impetuosos, cuando la interpretación llegaba a la apoteosis con la entrada de la primavera.

Los protagonistas del concierto eran los violines, levantándose interpretaban su partitura a la perfección dando paso al Stradivarius, que ejecutaba pasajes del concierto como solista. Su propietario era un virtuoso que lograba arrancar los más bellos sonidos de sus cuerdas; acariciándolas con el arco conseguía plasmar el renacimiento de la vida, la alegría del verano, la nostalgia de la estación de terciopelo, o la frialdad del invierno.

Pero los continuos halagos y reconocimientos acabaron convirtiendo al violín en un presuntuoso que se burlaba de sus compañeros por el papel secundario que realizaban:

El timbal quedaba reducido a ejecutar el trueno al inicio de la tormenta, el magnífico piano apenas se escuchaba marcando el ritmo de la lluvia al caer. La trompeta interpretaba el canto del cuco, la flauta el trino del jilguero, él encambio era la estrella absoluta.

Tan orgulloso se sentía de su protagonismo, tan hinchado estaba de vanidad que sus cuerdas se tensaron de tal manera que acabaron rompiéndose. Sin tiempo para reparaciones fue sustituido por otro instrumento sin nombre ni apellido. Entre las manos de un humilde músico cumplió a la perfección su papel interpretando “Las Cuatro Estaciones”, acompañando y complementando al resto de la orquesta como uno más.

Mientras el bello y frágil Stradivarius después de una delicada reparación fue a parar a una  urna de cristal junto a otros objetos cuya elegancia y distinción les acababa reduciendo a piezas de exposición en algún museo importante.

Mª Jesús mandianes

 

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Un Collage para Chantal

 

Collage de Mª Jesús Mandianes sobre el poema "Escribir" de Chantal Maillard

La imagino inclinada sobre el escritorio con la pluma en la mano, componiendo una larga oración, donde las palabras, conmovidas, la abrazan tratando de darle consuelo. Poeta y palabras se alían para crear un conjuro perfecto, capaz de exorcizar el dolor y la muerte.

Porque “Escribir” es un grito de rebeldía frente al sufrimiento, para no llorar tan adentro, tan a escondidas. Chantal escribe para soportar la enfermedad y curarse. Para ahuyentar los buitres que sobrevuelan su cuerpo herido y para no enloquecer. Para “morder el anzuelo de la vida”, cuando siente que no puede sacar la cabeza por encima del agua.

Funde su dolor con el de “los otros” que siempre han estado ahí, invisibles, olvidados, porque la enfermedad no existe mientras no pellizca nuestra piel. Solo entonces valoramos la palabra “salud” como el punto de equilibrio físico y psíquico que nos hace sentir emocionalmente satisfechos.

Pero cuando la palabra “cancer” tatua a fuego cualquier cuerpo, o el cuerpo de Chantal, faltan metáforas para describir el sufrimiento y el espanto de estar solos con el dolor, sin que nadie empatice con esa “peculiaridad” que de pronto nos hace diferentes. Porque no hay la “enfermedad”, sino hombres y mujeres enfermos. No existe el “desamparo”, sino seres humanos desamparados que buscan consuelo escribiendo:

Escribir

Todas las muertes son mi muerte
mi grito es el de todos
y no hay consentimiento.

 

Si vinieras a verme (Florbela Espanca)

Collage de Mª Jesús Mandianes sobre un poema de Florbela EspancaSi vinieras a verme al caer la tarde

a esa hora de mágico abandono,

cuando la noche viene de puntillas

y me tomaras toda entre tus brazos…

a

Cuando recuerdo el sabor de tu boca,

el eco de tus pasos…

y tu risa de fuente, y tus abrazos

y tus besos… y nuestras manos juntas…

a

Si vinieras a verme cuando mis labios son

como un clavel al Sol… cuando mi boca

se vuelve seda roja, y canta, y ríe,

a

y dibuja la línea dulcísima de un beso…

Cuando cierro los ojos de deseo

y se extienden mis brazos hacia ti…

                                              Florbela Espanca

Escribió “Si Dios nos dio voz es para cantar”, y ciertamente sus poesías se han transformado en canciones apasionadas, siempre impregnadas de sensualidad y erotismo. Son un reflejo del carácter vehemente Florbela. En sus versos muestra una necesidad vital de ser amada porque “hay una primavera en cada vida y hay que cantarla así florecida”.

Son poemas  escritos con los cinco sentidos, por eso su lectura no solo capta la atención de la vista, la pasión que imprime a sus versos estimula el tacto en una caricia sensual . El aroma de las flores sembradas en sus poemarios despierta el olfato, atrapando el perfume de los claveles y la hierba mojada.  La musicalidad de sus metáforas  agudizan el sentido del oído, intuyendo en cada soneto una melodía romántica desbordante de voluptuosidad y deseo.

Con un nudo en la garganta  “leemos” como todo ese entusiasmo  se desvanece en un instante, dando paso a una tormenta de abatimiento y angustia vital, que la conduce sin remedio a la búsqueda de la muerte como liberación del dolor. Así fue Florbela, un vendaval de emociones desbordadas que no fue capaz de dominar.

Mª Jesús Mandianes

8 de marzo

Collage de Mª Jesús Mandianes   sobre un poema de Juana Ines de la CruzHombres necios que acusaís

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpaís.

a

¿Cual mayor culpa ha tenido

en una pasión errada

la que cae derrogada

o el que ruega de caido?

a

¿O cual no más de culpar,

aunque cualquiera mal haga:

la que peca por la paga

o el que paga por pecar?

Hoy es el día en que salimos a la calle para reivindicar la igualdad, aunque no estaremos todas. Faltaran las más explotadas, esas que son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse. Las que se multiplican todos los días del año para que sus hijas y sus nietas puedan realizarse y vivir.

Tampoco estarán las que se han convertido en objeto de consumo, las de usar y tirar, las que tienen que hacer caja cada noche si no quieren ser  castigadas por un chulo.

Perdidas en el tiempo quedan otras, las que en el pasado más machista no se resignaron a “no ser nadie”, atreviéndose a denunciar a pesar de la Inquisición y los castigos.

Hoy es el día para recordarlas a todas, incluyendo las que a lo largo del tiempo, se revelaron contra la miseria, la mediocridad y las claudicaciones diarias, allanando el camino de las nuevas generaciones.

Mª Jesús Mandianes

Hildegard Von Bingen

Collage de Mª Jesús Mandianes

El verdor, fuerza germinante

Oh, nobilísimo verdor,                                                                        Tú, verdor, estás envuelto

tú que te enraizas en el Sol                                         por la fuerza de los misterios celestiales.

brillas en la serena claridad,                                                                Enrojeces como la aurora,

en el movimiento de una rueda                                                         flameas en el ardor del sol,

que escapa a la inteligencia humana.                                                           oh tú, noble verdor.

En los oscuros siglos medievales vivió una mujer que fue abadesa, poeta, mística, escritora, compositora y científica. Escribió libros sobre hierbas medicinales, definió las partes del cuerpo, sus enfermedades y remedios curativos. Pero además compuso poemas sobre los que realizó creaciones musicales, fue Hildegard de Bingen. Es temerario afirmar que fuese feminista, pero fue una mujer en busca de su propia identidad. Su valoración del mundo y la responsabilidad del hombre en su conservación, la convierten en pionera de la ecología.

Para Hildegard había una palabra que significaba la esencia de la vida, la creación, la metamorfosis: “El verdor”, que regenera el mundo en la sucesión mecánica de las estaciones, gracias a la luz del Sol. Es el milagro de la vida que se produce en la naturaleza y en todos los seres vivos. Destinó parte de su obra a analizar ese prodigio, compara a la mujer con un árbol fértil para describir su capacidad de engendrar: La fecundidad. El flujo de la menstruación en la mujer es verdor y floración para procrear. Como el árbol florece por su verdor y da frutos.

Pero hay más, establece una semejanza entre el alma y el árbol: El alma esta en el cuerpo como la savia en el árbol. El entendimiento se halla en el alma como el verdor de las ramas y las hojas en el árbol; la voluntad como las flores; el animo, como el primer brote de su fruto; la razón, como el fruto maduro.

Entrelaza poesía y música componiendo las melodías en función de unos versos que reflejan profunda espiritualidad. Sus poemas litúrgicos hablan del Espíritu o de las grandezas de Dios, la melodía entonces se eleva, y cuando habla de la finitud humana o del pecado, baja hacia notas más graves. Tiene unas ciento sesenta composiciones musicales líricas y dramáticas. El mundo, el cosmos, para ella son música, es decir, la manifestación sonora de la gloria de Dios.

Hildegard también practicaba el arte de curar. En muchos monasterios del s. XII había un hospital para pobres y peregrinos, una casa especial para las sangrías, un jardín de plantas medicinales, una farmacia… Sus conocimientos sobre la psicología y la fisiología del hombre y de la mujer son sorprendentes. Tenía conocimientos de anatomía, fisiología, y sexualidad, haciendo referencia expresa al orgasmo femenino. Fue la primera en atreverse a asegurar que el placer era cosa de dos y que la mujer también lo sentía. Para ella, el acto sexual era algo bello, sublime y ardiente. En sus libros de medicina abordó la sexualididad, especialmente en Causa et curae, donde dio más detalles:

«Cuando la mujer se une al varón, el calor del cerebro de ésta, que tiene en sí el placer, le hace saborear a aquél el placer en la unión y eyacular su semen. Y cuando el semen ha caído en su lugar este fortísimo calor del cerebro lo atrae y lo retiene consigo, e inmediatamente se contrae la riñonada de la mujer, y se cierran todos los miembros que durante la menstruación están listos para abrirse, del mismo modo que un hombre fuerte sostiene una cosa dentro de la mano»

Para terminar una breve referencia a los libros de medicina de Hildegard de Bingen. Desde el punto de vista actual sus tratados pueden ser calificados como superstición, pero en su época supusieron un avance,  con la novedad inverosímil en la alta Edad media de ser escritos por una mujer. Physica es una obra extensa de nueve volúmenes que se ocupa principalmente del uso medicinal de las plantas, los árboles, las piedras preciosas, los metales y los animales.

O Rubor Sanguinis

O Rubor Sanguinis                                                                                   O Rubor Sanguinis
Qui de excelso                                                                                          Qui de excelso
Illo fluxisti                                                                                                  Illo fluxisti
Quod Divinitas tetigit                                                                               Véase Divinitas tetigit
Tu flos es,                                                                                                  Flos ES TU,
Quem hiems                                                                                              Quem HIEMS
Numquam laesit                                                                                        Numquam laesit

 

En Febrero

Disfrazada de soledad, la niebla cubre

 el perfil de una vela de acero y cristal.

 Emerge sobre el mar hacia el velo de nubes,

 agitadas por el viento helado de febrero.

 

Hundido en las dunas, un barco naufragado

 agoniza cubierto de herrumbre y olvido.

 Sueña que recupera el timón de su destino,

  zarpando en busca de nuevos horizontes.

 

El Mediterráneo enarbolado azota el espigón,

 enmascarado con los despojos del Carnaval,

lanzados al aire desde la cresta de las olas

 agitadas por la fuerza de la tormenta.

 

Mascaras desdibujadas por la bruma ,

  danzan en el malecón al ritmo de Febrero.

Disfrazado de fiesta, oculta tras su careta

 una mueca atormentada. La farsa terminó.

                                                                                                 Mª Jesús Mandianes

Juana Ines de la Cruz, la X Musa

Estos versos, lector mío,                         que a tú deleite consagro,                         y sólo tienen de buenos                 conocer yo que son malos,                     ni disputártelos quiero                             ni quiero recomendarlos,                porque eso fuera querer                    hacer de ellos mucho caso.

Cuando pienso en México no puedo evitar visualizar todos los tópicos que han ido alimentando los medios de comunicación a lo largo de los años: Machismo, narcotráfico, corrupción… Si retrocedo al siglo XVII  me toca desenterrar la opresiva época del Virreinato, cuando “Nueva España” era gobernada por un representante del rey.

La educación de las mujeres de la época (criollas) se reducía a aprender el catecismo, buenos modales y trabajos manuales. Debían de ser virtuosas, obedientes y sumisas. El mejor método para conseguir ese objetivo era mantenerlas en la más absoluta ignorancia, por eso no asistían a la escuela, no era necesario que supieran leer ni escribir.

Que dentro de la estructura social que marginaba a las mujeres de la cultura y la educación, sea precisamente una mujer la mayor exponente de la poesía colonial rompe con todos los tópicos y eleva a Juana Inés de la Cruz a la categoría de “Mujer sabia”.

Con el objeto de liberarme de prejuicios la despojo del titulo de “Sor” y de los “habitos”, que sin duda le abrieron las puertas a la gran formación humanística que revela su obra. Descubro entonces a una creadora capaz de hacer sombra a Gongora y a los grandes autores del Barroco, cuya creatividad abarcaba la poesía (Profana, sacra y filosófica), la prosa, la música y la pintura.

Su vida (12 de noviembre, 164 –17 de abril 1695, México) puede dividirse en tres periodos bien diferenciados:

  • Sus años en la Corte Virreinal:                                                                                              A pesar de ser una época breve deja una profunda huella en su literatura. Juana tuvo una estrecha relación con la virreina, dando pie a la leyenda de una “amistad amorosa”. Entre los 16 y los 20 años vivió en la corte, aprendió los usos y costumbres cortesanos de la Nueva España del siglo XVII. Su ingenio poético y sus conocimientos filosóficos provocaron la admiración de cuantos participaban en las tertulias cortesanas, en las cuales fue el centro de atención. A los 19 años, justo cuando comenzaba a alcanzar renombre, decidió hacerse novicia con las Carmelitas descalzas, una experiencia le duró apenas tres meses, pues no pudo con la dureza de la regla. Regresó al “mundanal ruido” y a los 21 años, se integró para siempre en otra orden menos rígida, la de las Jerónimas.

  • Su vida conventual:                                                                      

    Juana renunció al matrimonio, que le impedía dedicarse a la vida intelectual, pero su ingreso en el convento no respondía a una vocación religiosa, era una forma de libertad espiritual. Sin obligaciones domesticas, ni ataduras, podía desarrollar su talento literario. Allí tuvo la oportunidad desenvolver sus inquietudes intelectuales… pero también su deseo de ser conocida. En las Jerónimas “la regla era blanda y las infracciones numerosas y generales”. Ella no fue una excepción: “fue una monja tibia y no se distinguió ni por el fervor ni por el rigor”. Sor Juana se sirvió del convento para “saber” y de sus relaciones con los virreyes para que su conocimiento fuera divulgado y discutido. De hecho fue la virreina la que ordenó publicar por primera vez sus poemas y gracias  ella podía salir del convento sin restricciones.

  • Sus últimos años:                                                                                                                    Se reducen al drama de una mujer sola que lucha contra los prejuicios de una sociedad intolerante. Se convirtió en un ejemplo de rebeldía contra la autoridad, llegando incluso a cuestionar los valores de la sociedad patriarcal.

Dos composiciones fundamentales de esa época son su Carta Atenagórica (Critica al sermón  del jesuita Antonio Vileira), que supuso el principio del fin de su producción literaria, por su censura a los aspectos socio-políticos del sistema colonial, y finalmente su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz nombre bajo el cual se escondía el poderoso Obispo de Puebla. En la epístola Juana se las arregla para hacer una sutil defensa de sus posiciones como contestación a todas las recriminaciones que le hizo el obispo, advirtiéndole que ninguna mujer debía afanarse por aprender de ciertos temas filosóficos. En su defensa, Sor Juana señala a varias mujeres doctas, como Hipatía de Alejandría, filósofa neoplatónica asesinada por cristianos en el año 415 (La carta no se público hasta el año 1700)                                                                                    Aunque, finalmente atrapada por las intrigas y amenazas de sus enemigos, se vio obligada a quemar sus libros y a hacer penitencia ratificando sus votos religiosos. Falleció poco después a consecuencia de una epidemia mientras cuidaba de las monjas enfermas.

Análisis:                                                                                                                                             Su obra es un claro exponente del barroquismo literario, donde se reflejan las sutilezas y dobles sentidos del juego erótico. En sus versos se plantean los dilemas entre “los afectos profundos” y “las urgencias del cuerpo” Sigue leyendo