Imagina

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Imagina que no hay Cielo,
es fácil si lo intentas.
Sin infierno bajo nosotros,
encima de nosotros, solo el cielo.

Imagina a todo el mundo.
viviendo el día a día…
Imagina que no hay países,
no es difícil hacerlo.

Nada por lo que matar o morir,
ni tampoco religión.
Imagina a todo el mundo,
viviendo la vida en paz…

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.

Imagina que no hay posesiones,
me pregunto si puedes.
Sin necesidad de gula o hambruna,
una hermandad de hombres.
Imagínate a todo el mundo,
compartiendo el mundo…

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros,
y el mundo será uno solo.

                                                                                                   John Lennon

Si, es fácil cerrar los ojos e imaginar un mundo sin banderas ni fronteras. Pero cuando regreso a la realidad, tiemblo al observar como nuestro viejo planeta ha perdido la memoria. Parece haber olvidado los conflictos bélicos que no hace tanto lo convirtieron en un inmenso campo de batalla.

Regresan los nacionalismos a los seis continentes, manteniendo en todos los idiomas la misma raíz, las mismas frases grandilocuentes, los mismos discursos. Gritan que su tierra y riquezas son solo de ellos, exigen que se construyan muros bien altos para no dejar entrar a los diferentes, a los inferiores. Entonan himnos gloriosos, acompañados de banderas que ondean orgullosos convencidos de que son los mejores, la raza superior.

Desconcertada me coloco los cascos, vuelvo a cerrar los ojos y escucho de nuevo la canción de John Lennon. Sueño que hemos superado las ideologías que obligan a matar o morir, por fin hemos desterrado del diccionario la palabra “líder”. Sé que soy una idealista… aunque espero no ser la única.

Mª Jesús Mandianes

                 

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Hemingway delira

Imagen

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A la deriva la noche…
la selva invade el lanchón,
la luna, bola de sangre,
la devoró el tiburón,
las olas vuelan tiñosas
rizadas por un ciclón,
“Pilar” navega sin rumbo
bajo un diluvio de ron…

En el Caribe
se vive como se escribe,
se escribe como se vive,
en el Caribe.
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.

Una sirena picúa
es proa de mascarón,
una bandera, a jirones,
lleva pintado el blasón:
“Cabeza de cocodrilo
y cuerpo de Camarón…”
Gregorio, el viejo marino,
aún sigue siendo el patrón…

Una langosta mulata
anda buscando el timón,
y llora una viuda negra
sobre la tripulación…
Lejana, ‘Finca Vigía’
sufre una alucinación…
Ernest, el aventurero,
se bate contra el Dragón…

En el Caribe…
y se bebe y se mueve y se bebe
en el Caribe…
y se mueve y se bebe y se mueve
en el Caribe… al compás del viejo son…
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.

                                      Luis Eduardo Aute

Música y la literatura siempre mirándose de frente, en un ejercicio de seducción continuo. La música inspirando los poemas más bellos, imprimiendo a la ficción la dulzura romántica del amor, el carácter inequívoco de intriga, o el escalofrío del terror. Haciendo revivir instantes inolvidables, impulsándolos a bailar para olvidar penas… porque la vida es un carnaval y hay que vivir cantando. Porque no, para darle un nuevo empuje a este blog y hacerlo salir del letargo y la monotonía.

La literatura transformada por la magia de la música en operas célebres, en musicales inolvidables.pez En canciones convertidas de pronto en las señas de identidad de un poeta, de un novelista o de un dramaturgo, incluso en el lema de una revolución.

Yo me he dejado seducir por ese ritmo del “son cubano”, que también sabe imprimir Elíades Ochoa a la composición de Aute y por la voz bien timbrada del cantante, adivino que templada con algún trago de ron. Cautivada por la percusión de las guitarras y el coro de fondo repitiéndome que “en el Caribe y en cualquier parte se escribe como se vive”. Una letra sublime que narra las aventuras de Ernest Hemingway en los casi 20 años que vivió en Cuba, en una casa llamada “Finca Vigía” donde escribió “El viejo y el mar” y “Por quien doblan las campanas”. Siempre al limite, a la deriva, porque  Ernets vivía como escribía, y escribía cuanto podía.