Mariano Rufete (La desheredada) La explotación infantil


Introducción:

La industrialización supuso la generalización del trabajo infantil a causa de la precariedad económica de las familias. Los empresarios empleaban mano de obra barata y los padres dejaban que sus hijos fuesen contratados por patronos con pocos escrúpulos y mucha avaricia. La principal causa de la incorporación de niños y niñas al trabajo industrial era la situación de extrema pobreza en la que vivían millones de familias en Europa.

La justificación del trabajo abusivo de los niños se basaba en que era una forma de evitar el vagabundeo, la ociosidad y el alcohol; a los niños y niñas se les daba comida y un futuro trabajo que aprendían gratis. Al margen quedaban los salarios de miseria, los horarios y condiciones de trabajo brutales, la higiene y la moral dentro de las fábricas.

Los niños hacían toda clase de trabajos: trabajaban en fábricas, en el algodón y moviendo molinos, en las granjas, en casas como sirvientes, en manufacturas e incluso en las minas. Muchos niños vendían todo tipo de cosas en las calles. Casi todos los trabajos eran monótonos y fatigosos (reflexión de Mariano Rufete), La vida laboral comenzaba normalmente a los 8 ó 9 años, a veces empezaban a trabajar a los 6 años.

Análisis:
Galdós, empapado del naturalismo francés, en sus novelas desarrolla la personalidad de “individuos problemáticos” que no se ajustan a “los valores de la sociedad”. En ese sentido Mariano es un ejemplo, el paradigma del inadaptado; criado en un entorno social hostil, con una herencia genética negativa, que termina atrapado en una cloaca sin posibilidad de salida. En definitiva, es una víctima de la confluencia de la herencia y del medio. a

Desde mi punto de vista Pecado representa la injusticia social a la que eran sometidos los niños obreros; explotado en una soguería estaba sometido a una jornada laboral bestial realizando un trabajo mecánico que lo embrutecía y lo alejaba de la escuela. Como metáfora de un Sísifo infantil repetía día tras día la tarea de dar vueltas a un torno en un esfuerzo inútil que lo destruía como ser humano.

El personaje de Marino Rufete es el «prototipo perfecto» del determinismo genético desde donde Galdós desarrolla todas sus características:

El medio: huérfano, vive en los suburbios con una tía que lo pone a trabajar en una soguería en condiciones infrahumanas. Rodeado de oscuridad y de soledad queda reducido a la condición animal dando vueltas a un torno.

El determinismo fisiológico: consecuencia directa de la herencia genética familiar donde la locura del padre se traslada a los hijos como una maldición. Mariano incluso acaba sufriendo ataques epilépticos que afectan a su mente.

La raza: a pesar de que se entiende como la cultura histórica a la que pertenece un individuo, se podría definir a Mariano como un desarraigado, no tiene auténticas raíces.

Galdós adopta la mayor aportación de Zola a la novela, la técnica impresionista, que le ofrece la posibilidad de desarrollar símbolos psicológicos centrados en el espacio novelesco. La alcantarilla es un símbolo que anticipa el destino trágico de Mariano la muerte por garrote. La gran rueda del taller donde trabaja es otro símbolo de como rueda sin sentido para no llegar a ningún lado.

Mariano (pecado), después de matar accidentalmente a Zarapicos, consciente de la gravedad del hecho huye y se esconde en una alcantarilla, desde allí desarrolla un monólogo (estrategia del naturalismo) a través del cual la maestría de Galdós muestra toda la vulnerabilidad de un niño que tiene miedo. Apenas un adolescente (13 años) no va a la escuela, sin embargo, lleva impresa en la mente el concepto de “culpa” unido al de “castigo”, se convence de que merece ser condenado. Ese era la base de la educación religiosa que dominaba el siglo XIX y el instrumento de control de toda la sociedad, pero sobre todo de la clase obrera.

Es un animal acorralado incapaz de creer que puede ser perdonado, que merece un acto de “compasión” de la sociedad que lo explota, de la justicia indiferente a la esclavitud a la que estaba sometida la infancia obrera. Mariano embrutecido por el trabajo no se atreve a pensar que tal vez la culpa sea de los que lo persiguen.


Aprisionado en la cloaca siente que sus manos son parte de la máquina que lo domina y lo obliga a actuar “mecánicamente” anulando su capacidad de reflexión. Es parte del engranaje con la única función de realizar un trabajo repetitivo que solo requiere la fuerza bruta. Mariano es solo “fuerza bruta” incapaz del autocontrol de sus impulsos.

Galdós retrata a la perfección la ingenuidad infantil de Mariano, desfallecido de hambre y de sed solo hacen falta dos naranjas para que olvide su intención de no entregarse a la policía. Incapaz de controlar sus apetitos básicos se abalanza sobre ellas dominado por el instinto de supervivencia. Sobrevivir se convirtió en la meta de Mariano, un niño cuya única ambición era parecerse al guardia que le va a detener. La ausencia de modelos masculinos en su ámbito “familiar” le lleva a imitar a un modelo erróneo: la autoridad represora.

La cárcel será el destino final de “Pecado”, una imagen que representa a todos los niños pobres marginados y explotados, que acaban cayendo en la delincuencia. En este episodio el autor advierte que el aumento de la criminalidad juvenil está provocado por el abandono educativo y la desprotección de la de la infancia.


Galdós, gran observador de la realidad, realizó el retrato de Mariano reuniendo documentos médicos y periodísticos a los que tuvo acceso, ya que estuvo presente en el caso de Francisco Otero, un disminuido psíquico que atentó fallidamente contra el rey Alfonso XII.

goya

Otro aspecto a tener en cuenta en el desarrollo que el autor hace del personaje es la influencia de la obra de Goya, los cuadros del pintor representando niños jugando a soldados o peleándose o el aguafuerte del hombre ajusticiado en el garrote titulado “El agarrotado” y el dibujo “Muchos han acabado así” están relacionados con el trágico final de “Pecado”. Galdós es también un pintor que en “la desheredada” retrata la vida de las clases más desfavorecidas.

Conocedor de las ideas pedagógicas precursoras de la Escuela Nueva y de los krausistas se preocupa por la educación de los niños como única forma de regeneración de la sociedad española después del fracaso de la Revolución de 1868. Aunque a pesar de compartir ideología y finalidad no se le puede considerar krausista (el novelista nunca formó parte de la escuela krausista), puesto que consideraba que la Institución Libre de Enseñanza realizaba una educación elitista en la que se separaba a las clases más bajas de la actividad pedagógica.


No obstante, hay que decir que Giner de los Ríos fue un gran pedagogo que quería instruir a las nuevas generaciones en la creatividad y en la libertad frente al autoritarismo del siglo. Por eso ve en la obra de Galdós una referencia pedagógica, a través de sus textos podía hacer verdad una de sus principales creencias: las ideas no solo se tienen, sino que se viven, y donde mejor se viven es en el texto literario. Será uno de los grandes “maestros sin catedra” de algunos escritores.

Para finalizar, es en el siglo XIX cuando empiezan a dictarse en España las primeras leyes protectoras del menor, con las que se pretendía evitar la explotación de los hijos de las clases desfavorecidas. Por primera vez, el concepto de “infancia feliz” se percibe como algo a lo que tiene derecho cualquier niño, sea cual sea su origen; por primera vez se plantea que todos tienen derecho a la educación.



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