Els Jocs Florals de Canprosa

Autor: Santiago Rusiñol

Estilo: Teatro

Idioma: Catalán

Prólogo: Margarida Casacuberta

Editorial: Arola Editors

Se han burlado en el teatro del pueblo griego, del pueblo romano, de todas las menudencias que han tenido, tienen y tendrán todos los pueblos de la tierra, de todas las religiones, de todos los ideales, de todas las jerarquías, de todas las obras clásicas. No se puede hacer  un poco de broma ¡Válgame Dios! de los que a todas horas sacan, venga o no venga a cuento las Bases de Manresa?                                                                                                                                  

Estrenada el 28 de abril de 1902 en el Teatro Romea de Barcelona, se reestrenará en el TNC el 4/10/2018 en forma de musical.

Es una “comedia” que refleja la posición de Rusiñol respecto a los certámenes poéticos. Utilizando la parodia más inofensiva y la crítica más sutil, creó una sátira que desconcertó a la opinión pública, dividida entre modernistas y catalanistas frente a los juegos florales:

  • Los primeros reconocían la significación emblemática de los juegos en el proceso de regeneración de la lengua y la cultura catalana. En consecuencia realizaron una campaña a favor de la renovación de una fiesta considerada anacrónica.

  • Los segundos, afines al catalanismo más conservador, habían asimilado las nuevas corrientes estéticas que el modernismo, adaptó a la literatura catalana, pero pretendían que los certámenes fuesen una plataforma propagandística en la que se encajara la literatura con la política.

En consecuencia mientras un sector le aplaudía, el otro lo consideró anticatalanista. La prensa ayudó a crispar el ambiente, mientras diarios como La Reinaxensa, La Veu de Catalunya y semanarios satíricos como Cu-Cut, adoptaron una aptitud hostil diciendo que la elección del tema se interpretaba como una ridiculización del “movimiento de reivindicación catalán”, por otro lado La Vanguardia intentó demostrar que las causas de la reacción catalanista no había que buscarlas en la comedia sino en la intransigencia y el victimismo que los caracterizaba.

El enfrentamiento que provocó el estreno de la comedia se agudizó cuando los Juegos Florales de Barcelona fueron suspendidos por la autoridad militar como consecuencia de una xiulada a la bandera española. Se declaró el estado de excepción y las garantías constitucionales fueron suspendidas. Mientras, la comedia de Rusiñol se representaba con la protección de un contingente de la policía frente al teatro Romea, para evitar altercados. Como consecuencia estuvo a punto de convertirse en el símbolo de opresión del estado central, motivo por el cual fueron suprimidas algunas escenas donde aparecen “Els segadors” y “Las Bases de Manresa” .

Con su actitud los catalanistas rechazaron una de las críticas más lúcidas al engranaje propagandístico del movimiento reivindicativo catalán, Rusiñol no solo fue la voz de la reflexión sensata, además presenta la poesía como un bálsamo frente a la banalización del “hecho poético” agravado por la proliferación de recitadores especialistas en “certámenes”

Un siglo después, no solo parece que la misma situación se repita, sino que se potencia la radicalización de las posturas más ultranacionalistas posibles, con unos responsables políticos que han convertido la exaltación a la bandera y a la patria en su “modus vivendi” y cualquier crítica a los postulados nacionalistas un sacrilegio, que merece las más duras reprobaciones.

Resumen:                                                                                                                                          La comedia reproduce los clichés característicos del funcionamiento de los certámenes literarios. Los premios están decididos de antemano, si ensalzan la patria y la bandera, por absurdos que resulten los versos se le da la flor natural con toda desfachatez, mientras los participantes se pelean entre ellos por la injusticia de no verse reconocido su talento!

La acción se organiza en torno aún triangulo amoroso protagonizado por Tonet, María y Ramón, en paralelo se sitúa la poesía, con dos concepciones opuestas: La del recitador vanidoso (Tonet) que encontrará la orna de su zapato en Julia: I què em té d’agradar! Ell en fa l’amor per vanitat i per vanitat li corresponc. Avui ell és l’hèroe? Doncs jo vull ser l’heroina. Y la más cercana al autentico espiritu poético (Ramón): Ja es prou grand la poesía. perquè hageu de mantenir-la. Pobreta! Amb els vostres manteniments moriria corsetada.

De lectura fácil, es imposible resistirse al espíritu irónico que esparce Rusiñol a lo largo de la comedia, desde la señorita Floresta que hacia versos tan tristes que al escucharlos se puede llorar de risa, a Tomet que acapara premios con los versos más atormentados, a pesar de que son un tormento para los oídos de los asistentes, hasta el esperpéntico discurso del presidente al que acompaña un discreto alborotador, con la orden de agitar al personal ¡Pero con moderación!

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