Afirma Pereira

Autor: A. Tabucchi

Estilo: Novela

Traductor: X. Riu

Editorial:Edicions 62

 

La filosofía parece que se dedique solo a la verdad. Pero tal vez dice solo fantasías. Y la literatura parece que se dedique solo a la fantasía, pero tal vez diga la verdad.

Análisis:

Afirmar o declarar” en términos jurídicos es la exposición de acontecimientos realizada por el testigo, parte, o protagonista de los mismos ante un tribunal. En la novela es una anáfora un tanto cansina que utiliza Pereira para contar a una tercera persona, un narrador del que no queda clara su identidad, unos hechos sucedidos en Lisboa durante los meses de julio y agosto de 1938, de los cuales es el primer actor.

A través de sus declaraciones descubrimos la evolución psicológica de Pereira, un hombre de solidos principios, sustentados en una trasnochada moral de confesionario y una rutina inflexible, con las que mantiene su vida aferrada al pasado.

Pretextos para mantenerse al margen de la situación política y social, tanto en su entorno más cercano, donde se desarrolla la tragedia de la guerra civil española, como en el europeo donde se fragua la catástrofe de la segunda guerra mundial, que tiene como caldo de cultivo los regímenes totalitarios de Alemania, Italia, España y la propia Portugal, bajo el régimen Salazarista.

Hasta que, en el tórrido verano Lisboeta, las convicciones del protagonista empiezan a tambalearse al conocer al filósofo Monteiro Rosi. Solo él consigue que habrá los ojos a la realidad desatando la duda sobre sus principios inamovibles. A partir de ese momento el tono monótono de la historia se trastoca adquiriendo dinamismo e interés, vemos como el solitario y conformista Pereira decide tomar partido convirtiéndose en colaboracionista y protector de un joven al que apenas conoce.

Antonio Tabucchi se aferra a unas circunstancias históricas excepcionales, en las que no profundiza, para crear una novela fácil de leer, donde los acontecimientos se suceden cronológicamente y se cuentan con un lenguaje coloquial basado en la austeridad descriptiva, con la peculiaridad de que los diálogos no se sujetan al estilo narrativo establecido de guiones introductorios, sino que forman parte de la narrativa.

La novela fue llevada al cine por el director italiano Roberto Faena y protagonizada por Marcello Mastroianni. La adaptación casi literal, unida al prestigio y saber hacer de Mastroianni, lograron que la ya conocida obra se catapultara hasta el Olimpo de las inmortales…pero a esta lectora no le parece la gran novela del siglo XX.

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Jodidas pero Contentas

El problema viene de lejos, de la “mala educación” que hemos recibido las mujeres desde que se tiene noticia escrita. Educadas para ser sumisas hasta el servilismo, obedientes hasta la humillación, conformistas con nuestro destino universal: Reproductoras de hombres destinados a gobernar el mundo, mientras generaciones enteras se quedaban criando a la prole y sosteniendo el hogar. Vidas enteras de trabajo no reconocido, sin más recompensa que una palmadita en la espalda del macho alfa.

Cuando por fin empezamos a revelarnos contra las normas no escritas, pero grabadas a fuego en nuestros genes, cuando por fin hemos aprendido a decir que NO,  a cuestionar la maternidad como motor de nuestras vidas, a imponer los límites de la convivencia en pareja, algunos responden con el puño cerrado, el grito sordo, la virilidad más salvaje como arma de destrucción contra la feminidad. Cada vez son menos y más indefensos, acabaran quedándose solos, frente a la ley, frente a la sociedad y frente a las mujeres cada día más valientes.

Mª Jesús Mandianes

El Periodista Deportivo

Estilo:Novela

Autor:Richard Ford

Traductores:Isabel Núñez, José Aguirre

Editorial:Anagrama

Todo lo que tengo ante mí es una muerte horrible, pálida y objetiva. Y en cuanto empiezas a pensar en ella se hace permanente e invade tu vida”

Análisis:

Casi cuatrocientas páginas para describir tres días de la vida del protagonista siguiendo el más puro estilo Proustiano, e incluso me atrevería decir de Joyce; salvando las distancias geográficas y temporales (Haddan, Nueva Jersey, EEUU, años 80, s, XX, deduzco que con la administración Reagan)

Frank (alter ego del autor) analiza minuciosamente su vida cotidiana, sus relaciones familiares y sociales, siempre en primera persona, con giros de expresión puramente yanquis e interactuando directamente con los lectores,  a los que se dirige con preguntas comprometidas. Incluso se pierde en frases dignas de un libro de “autoayuda”,  para desesperación de está lectora, a la espera de que en el capítulo siguiente se desencadene por fin el drama, la tragedia o el suicidio que se ve venir.

Nos introduce en sus reflexiones intimas, fracasos, traumas e inseguridades, que combate con   una buena dosis de antidepresivos, la ayuda de una pitonisa y la compañía de jóvenes despampanantes, siempre dispuestas a consolarle. Pobres recursos para intentar superar sus encontronazos con la muerte, tema presente a lo largo de la novela, que desarrolla utilizando “saltos en el tiempo”

Subrayo el desarrollo del ambiente burgués  de Haddan,  pequeña ciudad donde la vida transcurre placida, sin sobresaltos, donde Frank espera la sucesión de los días, dejándose llevar por la rutina y el aire de melancolía que lo envuelve todo  en tonos ámbar y anaranjados. Es una gran metáfora para describir la necesidad que tiene nuestro protagonista de sentirse seguro y protegido de “todo mal”, dejando en evidencia un carácter vulnerable y depresivo dominado por la sensación de “temporalidad y caducidad”

El autor consigue mostrar desde la intimidad del protagonista la vida norteamericana de los años 80, donde el consumismo compulsivo alcanza su máxima expresión ¡por catálogo!, actuando casi como un placebo para combatir  el duelo  no superado. Así mismo perfila las señas de identidad de una sociedad marcada por un peculiar sentido de la moralidad, una anacrónica religiosidad, con gran apego a las tradiciones,  y un peculiar sentido del patriotismo (Su liberal vecina Delia le dice que tendrían que levantar un muro a lo largo de la frontera mexicana) ¿Os suena?

Por último quiero destacar la descripción que realiza de personajes al límite, como consecuencia de experiencias  traumáticas:

Herb: Futbolista en silla de ruedas, a causa de un accidente, destila una amargura sin límites, muy lejos de la imagen de superación que vende la prensa y que un periodista deportivo no puede reproducir.

Walter: Puede justificar todas las barbaridades que ha hecho en su vida, menos una relación homosexual.

Mª Jesús Mandianes

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Sin Palabras

Entre tu cuerpo y el mío,

el roce suave de las manos

acortando distancias,

encendiendo la llama del deseo.

a

No necesitamos palabras,

nuestras miradas se desnudan.

a

Nadando en tus pupilas azules,

me dejo llevar por la marea,

de la pasión desbordada

entre el oleaje de las sabanas.

a

No necesitamos palabras,

nuestras miradas se penetran.

a

Cuando la tormenta cesa

en la cama dos náufragos,

desconocidos dándose la espalda,

sin saber que decir.

a

No necesitamos palabras,

nuestras miradas se despiden.

                                                 Mª Jesús mandianes

Una Habitación Propia (Virginia Woolf)

Autora: Virginia Wolf

Estilo: Ensayo

Editorial: Seix Barral

Idioma original: Ingles

Traductora: Laura Pujol

Cuanto puedo ofreceros es una opinión sobre un punto sin demasiada importacia: Una mujer debe de tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”

Análisis:

En 1928 le ofrecieron a Virginia dar un conjunto de charlas que giraban sobre el tema “la mujer y la novela”. Al comienzo de su exposición manifiesta su deseo sincero de que tras el discurso le quede a cada una de las participantes “una pepita de verdad pura”. Esa verdad se expone de manera diáfana en este ensayo.

“Una habitación Propia” debe suponer para todas las mujeres mucho más que la necesidad de tener un espacio físico propio, también el reconocimiento  de un espacio intimo donde puedan dar cabida y reconocer sus propios deseos, sus aspiraciones y necesidades, desterrando el servilismo, casi genético que nos pone siempre al servicio de los demás. 

Casi un siglo después suscribo cada una de las reflexiones de Virginia, que van mucho más allá   de la “necesidad de tener dinero para dedicarse a escribir”. Aprovecha la coyuntura para  exponer desde una óptica feminista, tanto la explotación y la pobreza de la que son víctimas las mujeres, como la violencia ejercida  sobre las mismas en una sociedad dominada por el patriarcado. Puedo constatar que desgraciadamente las circunstancias expuestas siguen siendo una triste realidad.

Con un estilo coloquial y un lenguaje irónico deja patente su capacidad analítica, logrando una exposición amena a través de un “relato” donde la prosa realista y la metáfora se complementan,  consiguiendo captar el interés de las oyentes y las lectoras.

Desgrana con ironía las situaciones de inferioridad a las que se ven sometidas las mujeres de su tiempo: Desde la imposibilidad de acceder a una biblioteca si no llevaban un acompañante, hasta la necesidad del permiso paterno para trabajar:

Desliza la relación de la religión con el poder y el dinero, que durante la “edad de la fe” fluía de los bolsillos de nobles, reyes y reinas, y más tarde en la “edad de la razón” de los mercaderes y comerciantes, todos intentando comprar un trocito de eternidad. No se olvida mencionar los diezmos con los que el clero exprimía al pueblo, que debía de ser servil y aceptar todos los sufrimientos impuestos desde la pirámide del poder, para así llegar al paraíso.

Muestra su espíritu antibelicista, reconociendo que los hombres han sido manipulados para dejarse matar en nombre de una bandera, aunque paradójicamente admite que fueron los conflictos armados  los que abrieron las puertas de la libertad a las mujeres, durante la primera y la segunda guerra mundial.

Muestra ante sus jóvenes oyentes el lesbianismo como una forma de sexualidad tan valida como la heterosexualidad, reflexionando sobre la posibilidad de que en nuestro cerebro se mezclen por igual emociones y características, tanto masculinas como femeninas, aunque adormecidas por una educación alienante.

Resumen:

Capt.I: Inicia su análisis sobre el tema más importante para ella “la pobreza de las mujeres” desmitificando la maternidad, la presenta como un lastre que ha impedido progresar a las mujeres. Después de haber parido infinidad de hijos, de haberlos criado, de haber administrado el hogar, es improbable que la mayoría de las mujeres pudieran dedicarse a ganar dinero. Y de haberlo hecho las leyes creadas por los hombres les hubieran denegado la posibilidad de administrarlo, porque hasta finales del XIX su dinero era propiedad del marido.

Medita sobre el efecto de la pobreza en la mente y lo desagradable que era sentirse excluido por razón de sexo, una desigualdad que conduce a la falta de educación, a la inseguridad y a la pobreza a las mujeres, mientras a los hombres les abre el camino de la formación, la prosperidad y la seguridad.

Capt.II: Analiza porque un sexo era tan próspero y otro tan pobre. ¿Qué efecto tiene la pobreza en la creación de la novela?

Su gran pregunta es ¿Por qué son pobres las mujeres? Para indignación de Virginia había eruditos que escribían sobre “la inferioridad mental, moral y física de las mujeres”. Todos ellos hablaban desde la dominación, el poder, el dinero y la influencia. Era el dominio del patriarcado. Cuando los eruditos hablaban de la inferioridad de las mujeres, lo que hacían en el fondo era defender su superioridad, para el patriarcado era de enorme importancia estar convencido de que la mitad de la especie humana es inferior a ellos.

Establece una relación entre una situación económica estable y la estabilidad emocional. La independencia económica te abre la mente y te da libertad de pensamiento. Está convencida de que la sociedad evolucionará y que dentro de unos años las mujeres realizaran todas las actividades y esfuerzos que en su época le estaban prohibidos.

Capitulo III: Sobre la violencia contra la mujer: Era un derecho reconocido al hombre, y lo practicaba sin avergonzarse tanto en las clases altas como en las bajas. Si una mujer se negaba a casarse con el hombre escogido por el padres se exponía a que la encerraran y la pegaran sin que nadie se escandalizara. El matrimonio no era una cuestión de afecto sino de avaricia familiar.

En las novelas y obras de teatro se las presentaba como protagonistas fuertes, y con iniciativa pero en la vida real apenas sabían leer y escribir, eran una propiedad más del marido. De vez en cuando aparece alguna reina como Isabel I, o alguna gran dama, pero de la vida de las mujeres corrientes apenas sabemos nada.

¿Cómo iban a escribir grandes obras, si las casaban antes de los 16 años? Si no iban a la escuela y no sabían leer ni escribir (S. XVI). La castidad tenía entonces una importancia religiosa en la vida de una mujer, un residuo de ese sentido de la castidad es lo que dictó la anonimidad de las mujeres hasta muy tardío el siglo XIX, ocultando las escritoras su identidad bajo nombres masculinos: Geirge Eliot, George Sand, Currer Bell.

Escribir es una obra genial, es casi una proeza de una profunda dificultad. Porque hay que trabajar (de la literatura no se come) Los escritores sufren toda clase de desalientos: obligaciones familiares, problemas económicos… Para la mujer escritora estas dificultades se multiplican, tener unas habitación propia era impensable hasta el siglo XIX salvo que los padres fueran mu ricos y complacientes. La mujer estaba sometida a la voluntad del padres, del marido o del hermano.

En el siglo XIX no solo no se alentaba a las mujeres a ser artistas, al contrario se las desairaba, insultaba y sermoneaba. Aquí nos acercamos de nuevo al complejo masculino que ha tenido tanta influencia sobre el movimiento feminista: El deseo del hombre no tanto de que ella sea inferior, sino de él sentirse superior y le coloca a la cabeza de las artes, de la política, de los oficios y de la cultura en general. La historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es más interesante que el relato de la emancipación misma.

Encontrar en siglos precedentes mujeres en un estado mental adecuado para poder escribir poesía es casi imposible. Basta observar sus casas oscuras y estrechas, la cantidad de hijos que parían, el enorme trabajo domestico que debían realizar. Solo alguna gran dama podía aprovechar su estatus social para escribir algo firmando bajo seudónimo y arriesgándose a las más duras críticas.

¿Puede influir el sexo del novelista en su integridad, que es la columna vertebral del escritor? Pone como ejemplo la novela de Jane Eire de Emily Brontë, donde la historia acaba convirtiéndose en una queja personal, se ve claramente que la cólera empaña la integridad de Bronte como novelista. Recordó que la habían privado de la parte de experiencia que le correspondía, de que la habían oprimido, la habían hecho estancarse en una rectoría cuando ella hubiera querido andar libre por el mundo.

Virginia reflexiona sobre las novelas escritas por mujeres, sus autoras habían alterado sus valores en deferencia a la opinión ajena y se expresaban como escribirían las mujeres, no como lo harían los hombres, porque en el XIX una mujer tenía que ser muy rebelde y muy valiente para desoír las críticas masculinas a sus obras, Solo Austen y Bronte escriben tal como piensan y como sienten. No obstante bajo seudónimos.

La literatura se ha empobrecido al cerrar las puertas a la mujer. ¿Le importa a alguien la creación por parte de una mujer corriente de un estilo de prosa que expresara su manera de pensar cuando se siente excluida y diferente?

Conclusión: Hay que tener quinientas libras en el bolsillo y una habitación con un pestillo en la puerta para poder escribir (Un espacio propio, sin presiones), dinero para viajar, dinero para divertirse porque la libertad intelectual depende de cosas materiales, la poesía depende de la libertad intelectual .Cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia. Os pido que viváis en presencia de la realidad y que llevéis una vida estimulante. Os sea posible o no comunicarla.

Concluye con una reflexión critica: A finales del XIX y a principios del XX la ignorancia de las mujeres ya no se puede justificar en el hecho de que tienen obligaciones domésticas e hijos que criar. Recuerda que desde 1866 hay en Inglaterra dos colegios universitarios para mujeres, que en el año 1880 la ley autoriza a la mujer a ser propietaria de sus propios bienes y que en ella año 1919 se le concedió el voto. Además  les esta permitido ejercer la mayoría de profesiones. Por lo tanto la excusa de que han faltado oportunidades, preparación, estimulo, tiempo y dinero no sirve ya, es necesario trabajar y prepararse para salir de la oscuridad. termina aconsejando el control de la natalidad “con dos hijos es suficiente.

Sobre Virginia Woolf (Londres, 25 de enero de 1882Sussex, 28 de marzo de 1941):

En ese perfil de musa griega, tantas veces reproducido, ya la expresión de melancolía se impone sobre su belleza, ya en su mirada se adivinaban síntomas de un desequilibrio psicológico. Debido a su enfermedad mental y a su muerte, Virginia aparece como un personaje tragico, siempre triste, aunque la otra cara de su personalidad bipolar era la de una mujer valiente, divertida y feliz.

Fue una “niña victoriana” en una casa de familia numerosa, lo suficientemente tenaz para conseguir que su padre, el ensayista Leslie Stephen, abriera para ella las puertas de su biblioteca, y le diese libre acceso a la cultura griega, la historia universal y la literatura inglesa.

En la adolescencia perdió a su madre y ese duelo, en palabras de Woolf, “nos transformó en seres hipócritas, inmersos en los convencionalismos del dolor”. Al poco tiempo, su hermanastro Gerald Duckworth la sometió a “abusivos tanteos exploratorios por debajo del vestido”, experiencia que relataría al cabo de cuatro décadas en el texto autobiográfico “Apuntes del pasado”. Sigue leyendo

Sed de Mar

                

Sentada en la orilla de la Mar inmensa

evoco su historia, sin limites, ni edad,

aquí, antes de que sus aguas acunaran la vida,

 de que el tiempo se dividiese en noche y día

                                                Sedienta de leyendas de Dioses y Héroes.

Vestida con puntillas de espuma blanca

escucho su canción de calma y marejada.

Mecida por el suave son de las olas

aspiro el olor a sal marina, a bosque de algas.

                                               Sedienta del agua de otros mares.

Mis ojos navegan sobre el azul

salpicado de escamas de plata antigua,

buscando el incendio escarlata del horizonte,

mientras el Sol se hunde en las frías simas.

                                                Sedienta de la luz de otros atardeceres.

Y el recuerdo de las altas olas del Atlántico

desplomándose sobre los acantilados,

desdibujados entre la borrosa niebla,

desata en mi alma una tempestad de saudade.

                                                Sedienta de pisar la arena blanca de las Cies.

                                                                                              Mª Jesús Mandianes

Antes que el tiempo se acuñara en días,

el mar, el siempre mar, ya estaba y era.

Luis Borges