Sobre la Discriminación Laboral Femenina

 

Que las mujeres estamos discriminadas en el mundo laboral es un hecho cierto que hoy nadie se atreve a poner en duda, al menos en público. Porque en la intimidad algunos empresarios no dudan en exponer sus prejuicios: Los costos laborales de las mujeres son siempre superiores a los de los hombres. Estos supuestos costos laborales se derivan básicamente de la protección legal de la maternidad y de un pretendido “abuso” de situaciones derivadas de nuestra condición femenina.

Efectivamente las mujeres sufrimos discriminación en todas las etapas laborales de nuestra vida:

Cuando empezamos a trabajar como becarias, en cierto tipo de empresas nos limitamos a hacer el papel de “floreros”: Hacer fotocopias, o servir cafés en las reuniones de ejecutivos es lo máximo a lo que podemos aspirar. Somos aprendices y en el mundo de la empresa se empieza desde abajo. Mejor no sacar a relucir diplomas, posgrados o masters, pueden representar una amenaza para nuestro jefe.

No vamos a profundizar en ese tipo de situaciones en las que los “floreros” se convierten en “trofeos”, explotar las situaciones de vulnerabilidad para proponer un contrato a cambio de sexo es una realidad que no se reduce solo al mundo del espectáculo o de los medios audio visuales.

Cuando por fin conseguimos un empleo remunerado, nos vamos a enfrentar con un nuevo obstáculo: La discriminación salarial, aunque trabajemos más y mejor que nuestros compañeros, nuestro salario será menor. Esta es una realidad aceptada con resignación por todas nosotras, a pesar de saber que se está violando un derecho reconocido en el artículo 23.2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el cual establece que toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por igual trabajo.

Un artículo breve y bien expresado, que no parece haber calado en el mundo empresarial, porque en España las mujeres cobramos un 14,9% menos que los hombres por hora trabajada y un 23% menos por mes trabajado según el último Informe de la OIT.

A la discriminación en el empleo hay que sumar la discriminación social que sufrimos, derivada de la  desvalorización de los trabajos que realizamos relacionados con los cuidados de las personas. Las mujeres seguimos realizando las tres cuartas partes del trabajo de cuidado en el hogar, trabajo que aún no recibe reconocimiento por su importancia en la sociedad y la economía y que sigue sin ser remunerado.

Se puede decir que la maternidad esta penalizada en el mundo laboral, son muchas las mujeres que se enfrentan a la amenaza del paro al quedar embarazadas, o posteriormente, a la reducción de su jornada laboral para cuidar de los hijos pequeños. Según un estudio que recoge la OIT, el 45% de las mujeres no vuelven a su horario laboral tras tener un hijo.

Añadir que muchas empresas incumplen “La ley de conciliación laboral y familiar” a pesar de que establece que tenemos derecho a unos horarios que permitan compaginar el trabajo con las necesidades familiares y personales, en la práctica el reconocimiento legal no implica su cumplimiento. Tras la crisis de 2008 la conciliación tiene un precio: la reducción salarial, que nos obliga a plantear la posibilidad de dejar de trabajar para cuidar a nuestros hijos.

Actualmente en el horizonte se adivina otra amenaza: El Impacto de la crisis sanitaria en el mundo laboral femenino. Las mujeres vamos a ser uno de los colectivos más castigados por la pandemia provocada por el Covid19. Por un lado sufriremos las mayores consecuencias económicas, porque la pérdida de empleo relacionada con las medidas de distanciamiento social afecta a los sectores donde predomina el empleo femenino, como el sector servicios, la educación o el ámbito cultural. Por el otro va a reducir a la condición de prejubiladas a muchas compañeras con una gran formación y una probada experiencia laboral.

Pero además, el cierre de colegios y centros educativos, va a suponer para las mujeres con niños un sobre esfuerzo en su cuidado y en el apoyo de las tareas escolares… el corona virus amenaza con relegarnos de nuevo a las tareas domesticas y de cuidado de nuestros hijos. 

Cuando todo esto haya pasado

Cita

 

 

 

 

 

 

 

 

                  Cuando todo esto haya pasado
iré a verte con un ramo de rosas,
las de pétalos rojos que te fascinan.
Nos daremos un abrazo
tan largo como los tres meses
que no hemos podido encontrarnos,
se nos escapará alguna lagrima…

¡Mira que es jodido el virus ese!

Pondremos las flores,
sobre la mesa camilla
de faldones estampados,
junto a tus fotos color sepia.
Después, cogida de mi brazo
volverás a pasear por el parque,
despacio, disfrutando del paisaje…

¡Hay esa pierna que no me obedece!

Sentadas en el banco de siempre,
bajo el castaño centenario,
me volverás a hablar
de los novios que tuviste,
de las fiestas en el pueblo.
Cambiarás las fechas,
olvidarás la palabra justa…

¡Hay esta cabeza mía!

Yo la pondré en el lugar oportuno
entre el sujeto y el predicado.
Me preguntarás con aire serio
sí sigo escribiendo poemas,
te contestaré que es mi pasión,
agitando la cabeza sentenciarás:
Hay “niña” tú siempre en la luna,
te tengo dicho que de los versos no se come…

Cuando todo esto haya pasado

Mª Jesús Mandianes

 

1º de Mayo: “El tiempo de las Cerezas”

Artículo 35 de la Constitución: Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

Un 1 de mayo con todos los ciudadanos bajo arresto domiciliario, sospechosos de ser portadores de una carga vírica letal, aunque no tengamos síntomas. Colectivamente estamos cansados, cabreados, hartos del confinamiento. Estamos preocupados por nuestros trabajos, por nuestros negocios cerrados, por lo que pasará después. Por nuestros hijos confinados y con su vida en suspenso. Por los problemas de convivencia que surgen en muchos hogares.

Un 1 de mayo donde se cuentan miles de muertos por la precaria situación de la sanidad a causa de los recortes realizados por los gobiernos de derechas (tanto en España como en Cataluña) desde la crisis económica de 2008. Con miles de trabajadores sanitarios contagiados, agotados, desbordados por la situación. Teniendo que enfrentar este desastre sin medios y sin medidas eficaces de protección…Y pensar que en algunos medios se murmura que ya hay una vacuna esperando al mejor postor… seguro que es uno de esos bulos que la guardia civil quiere cortar de raíz.

Hoy no habrá manifestaciones a pesar de la gravedad de la situación económica (la salud es lo primero, dicen) pero las colas frente a los comedores sociales son cada vez más largas. El número de parados crece exponencialmente día a día. Los ERTE (Expedientes de regulación de empleo temporal) se amontonan con cientos de miles de trabajadores afectados.  El PIB ha caído este trimestre el 5’2 y el próximo trimestre puede ser catastrófico para el país. Al gabinete de crisis se le olvida que la salud mental y física está estrechamente unida la estabilidad económica… en el horizonte solo dos alternativas, o la vacuna o la inmunidad del rebaño.

Y mientras tanto los ciudadanos seguimos confinados en nuestras casas pensando que estamos a salvo, como si fuésemos animales domésticos a los que se alimenta y mantiene encerrados indefinidamente hasta que al “pastor” le interese. Ya es hora de despertar y analizar con espíritu crítico la escalada de medidas que se están tomando mientras nosotros seguimos hibernando. A primera vista están dirigidas a lograr el control total de los individuos. Nos dejan sin libertad de reunión, de asociación, de manifestación (todo por nuestro bien) ¿Es el coronavirus una excusa para imponer una nueva forma de dictadura?

Con tanto tiempo para pensar (¡qué peligro!) este primero de mayo he recordado “Le temps des cerises” aquella canción tan asociada a la Comuna de Paris de 1871, uno de los mayores acontecimientos revolucionarios de la historia. Por primera vez el proletariado se sublevó y fue capaz de derrocar el poder establecido, formar sus propios órganos de gobierno y reemplazar al Estado monárquico, burgués y capitalista. Se declaró la ciudad de París independiente, libre y dueña de sí misma. No había internet, ni redes sociales… pero si hambre y desesperación. Una situación muy parecida a la de algunos países de Sudamérica, donde se empiezan a plantear un duro dilema: O morir de corona virus o morir de hambre (El miedo no es invencible)

La magnitud de esta tragedia deja en evidencia la debilidad del sistema económico capitalista que tiene como único objetivo el enriquecimiento rápido a través de la globalización, la robotización (incrementando constantemente el numero de parados)  y como no, la  especulación inmobiliaria.  Asimismo revela su incapacidad para gestionar la crisis sanitaria que nos ha tocado vivir, crisis que puede desembocar en un nuevo “temps des cerises”

Mª Jesús Mandianes

En el Principio (Blas de Otero) Me queda la Palabra

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

                                                                                         Blas de otero

No, “Me queda la palabra” no forma parte del poemario Ancia que pretendo analizar a continuación, pero en las circunstancias excepcionales que estamos viviendo me parece el adecuado para el Sant Jordi más triste que recordamos los vecinos de Barcelona. Leí los versos entre aeropuertos (Barcelona-Atenas) un poco de cualquier manera, pensando que volvería sobre ellos para profundizar, que tenía tiempo para todo, para partir y regresar de cualquier destino, para leer y releer, para diseccionar cada poema con mis compañeros en nuestra isla de la poesía.

Una semana después estaba confinada en casa, un mes después sigo confinada, lo mismo que el resto de los ciudadanos, reducidos a lo condición de animales domésticos totalmente indefensos, que hemos visto nuestra vida limitada a dos funciones básicas: comer y dormir. Cada día nos dan nuestra ración de miedo servida en todos los noticiarios como plato único.

En nombre de un virus recortan todos nuestros derechos: reunión, asociación, libre circulación. Se establece la censura ante cualquier opinión que no siga la línea oficialista, nos dicen como de pasada que tras el estado de alarma puede venir el de excepción, se fiscaliza nuestras operaciones bancarías, se controlan las llamadas. La orden de “distanciamiento social” por temor al contagio nos ha convertido en “extraños” (Profético Camus) con miedo hasta de intercambiar un saludo. Todo está preparado para el nuevo orden… solo nos queda la palabra.

Mª Jesús Mandianes

Ancia (contracción de dos palabra Ansia y conciencia) es la obra de Blas de Otero más conmovedora, donde el desarraigo de la generación de la posguerra se hace poesía, buscando un amarre para mantenerse en pie en medio de la ruinas que dejó la guerra.

Se pierde en una enorme noche sin límites para el desconsuelo, donde el reproche dirigido a Dios se hace presente en una especie de mística de la desesperación, que alcanza todos los rincones de su poesía. Otero es un eterno agonizante que pregunta a Dios, que le reprocha habernos hecho tan caducos y limitados.

La mujer no existe solo como deseo, también como alma que abraza para alcanzar la eternidad. Es el objeto de una búsqueda que es continuación de la búsqueda de Dios. Pero en su poesía aparece también la mujer real, compañera en la soledad de dos, que despierta la ternura del poeta por su fragilidad humana.

La muerte es otro elemento muy presente en Ancia, el hombre se revela contra la muerte, unas veces huye de ella y otras la afronta. De la búsqueda infructuosa de Dios pasa el poeta a la presencia irremediable de la muerte como centro de la vida, la vida es una muerte progresiva, “es vivir muriendo”. Muestra en estos poemas una clara influencia existencialista.

De los poemas destaca el primero, dedicado a la inmensa mayoría, aquel en que da su terrible definición de lo que es el hombre: ¡Ángel con grandes alas de cadenas!, también otro dónde se dirige a Dios de la siguiente manera: ¡Si yo pudiese matarte como haces tú!, o aquel en que define a su propia generación: Unos hombres sin más destino que apuntalar las ruinas.

La Tierra

Un mundo como un árbol desgajado.                  
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que                        
apuntalar las ruinas.                                  
Romper el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está solo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
ese río del tiempo hacia la muerte.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contramuerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
…El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo… Sigue leyendo

Bajo el Sol de Invierno

Subo hasta la cumbre siguiendo el cauce de los arroyos donde rezuma solo el recuerdo del agua protegido por un frágil escudo de hielo. Cruje bajo mis pies quebrado, como una red de nervios rotos. Y vuelvo a ser la niña que miraba hipnotizada las estrellas de nieve que la helada nocturna dibujaba sobre las retamas, o entre los cuencos de las rocas. Cristales de luz blanca brillando bajo el Sol de invierno.

Me dejo seducir por el vuelo del águila, sus alas extendidas planean despacio a través del azul buscando el abrazo cálido del Sol. Las pupilas de experta cazadora caen sobre mí, presa fácil después de vivir tanto tiempo enjaulada. Y vuelvo a ser la adolescente perdida en el jardín de las pasiones oscuras. Primavera entre los brazos de un otoño tardío.

El camino es ahora una garganta escarpada anegada por el barro, donde las piedras flotan inertes antes de caer al fondo del barranco con el sonido hueco de la desesperanza. Y vuelvo a ser la mujer asustadiza que se asoma al abismo intentando no perder el equilibrio. Colgados del precipicio cadáveres de árboles suicidas muestran su esqueleto desnudo.

Alcanzo la cima con la certeza de que en este lugar la inmensidad adquiere un nuevo significado. Sentada sobre una roca contemplo las montañas cubiertas de nieve, escucho la poesía del agua resbalando por las grietas, saltando entre los acantilados, levantando nubes de espuma, llenando el silencio con su magia sanadora.

No sé cuándo, pero algún día volveré, seré una gota de lluvia bailando entre estas cascadas o un copo de nieve eclipsando la luz del Sol. Tierra fértil donde crecerán árboles que alzarán el verdor de sus ramas hasta el cielo, rogando con un murmullo de hojas palpitantes de savia que les dejemos vivir y multiplicarse.

Mª Jesús Mandianes

 

 

La Chocho

Su rutina era despertar al alba,
atrapada en algún delirio etílico,
tras una noche de barra libre.
Sobre sus lagunas de memoria
flotaba la implacable realidad,
fregona en la cárcel de mujeres.

Bajo la raíz negra de su pelo amarillo,
las mejillas como violetas marchitas,
en la mirada una selva de venas rojas.
Los tobillos de muñeca de trapo
sostenían las piernas enmohecidas,
anunciando peligro de derrumbe.

Su rutina era pasear dando tumbos
agarrada a una botella de vino peleón,
un cigarro colgando de los labios,
buscando la complicidad de cualquiera,
mendigando abrazos a los desconocidos,
ensayando posturas de torpe seducción.

Cuando el hígado empapado de alcohol,
adquirió el matiz de un crisantemo fúnebre,
la cirrosis se acomodó entre sus pétalos. 
Recibió la noticia con lágrimas de coñac,
entre trago y trago su boca farfullaba
una sentencia: “De algo hay que morir”

                                                                        Mª Jesús Mandianes

                                                                                         Josefa S. (Año 2000)

 

Somos Mujeres (Elvira Sastre)

Miradnos.
Somos la luz de nuestra propia sombra,
el reflejo de la carne que nos ha acompañado,
la fuerza que impulsa a las olas más minúsculas.

Somos el azar de lo oportuno,
la paz que termina con las guerras ajenas,
dos rodillas arañadas que resisten con valentía.

Miradnos.
Decidimos cambiar la dirección del puño
porque nosotras no nos defendemos:
nosotras luchamos.

Miradnos.
Somos, también, dolor,
somos miedo,
somos un tropiezo fruto de la zancadilla de otro
que pretende marcar un camino que no existe.
Somos, también, una espalda torcida,
una mirada maltratada, una piel obligada,
pero la misma mano que alzamos
abre todas las puertas,
la misma boca con la que negamos
hace que el mundo avance,
y somos las únicas capaces de enseñar
a un pájaro a volar.

Miradnos.
Somos música,
inabarcables, invencibles, incontenibles, inhabitables,
luz en un lugar que aún no es capaz de
abarcarnos, vencernos, contenernos, habitarnos,
porque la belleza siempre cegó los ojos
de aquel que no sabía mirar.

Nuestro animal es una bestia indomable
que dormía tranquila hasta que decidisteis
abrirle los ojos con vuestros palos,
con vuestros insultos, con este desprecio
que, oídnos:
no aceptamos.

Miradnos.
Porque yo lo he visto en nuestros ojos,
lo he visto cuando nos reconocemos humanas
en esta selva que no siempre nos comprende
pero que hemos conquistado.

He visto en nosotras
la armonía de la vida y de la muerte,
la quietud del cielo y del suelo,
la unión del comienzo y del fin,
el fuego de la nieve y la madera,
la libertad del sí y el no,
el valor de quien llega y quien se va,
el don de quien puede y lo consigue.

Miradnos,
y nunca olvidéis que el universo y la luz
salen de nuestras piernas.

Porque un mundo sin mujeres
no es más que un mundo vacío y a oscuras.
Y nosotras
estamos aquí
para despertaros
y encender la mecha.

                                                                         Elvira Sastre

Descubrí a la autora por casualidad, charlando sobre “poetas blogueras”, una compañera recitó uno de sus poemas y quedé impresionada por su manera de expresarse, derrochando sinceridad, vaciando sus emociones en cada verso con esa claridad un poco provocadora e irreverente que le da su juventud.

Elvira es una millennial que no duda en utilizar los blogs y las redes sociales para  desarrollar y publicar sus creaciones, demostrando una vez más que el ciber espacio es el medio de transmisión más rápido para hacer llegar la inspiración poética a cualquier punto del planeta y a mayor número receptores

El paso siguiente fue pasar del poemario virtual a ese conjunto de poesías editadas en forma de libro, oliendo a nuevo, a diferente, a rompedor. Y aquí estoy leyendo “Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo” asintiendo a cada verso como si fuera un articulo de fe, dispuesta a soltarme la melena y bucear en las simas más hondas de mi alma para que salgan a la superficie las palabras que nunca me atreví a pronunciar. (Siento vértigo ante el abismo generacional)

Sobre Elvira Sastre:

Elvira Sastre nace en Segovia en1992 (28 años), desde pequeña es una lectora voraz . A los doce años escribe su primer poema y tres años más tarde abre un blog, «Relocos y Recuerdos». Poco tiempo después, gana el premio de poesía “Emiliano Barral” con el relato corto Saudade.

Unos años más tarde, se instala en Madrid para cursar el grado universitario de Estudios Ingleses. Elvira continúa escribiendo y comienza a participar en eventos poéticos acompañada de cantautores consagrados como Adriana Moragues y Diego Ojeda e importantes poetas como Carlos Salem. Gracias a su talento, llegará con los años a compartir escenario con artistas como Luis García Montero, Raquel Lanseros, o Benjamín Prado.

Poco a poco, se va haciendo un nombre en el circuito cultural madrileño y es entonces cuando la editorial Lapsus Calami se interesa por su obra: juntos publican «Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo», en diciembre del 2013, con prólogo de Benjamín Prado. Unos meses después, en mayo de 2014, la editorial Valparaíso Ediciones, con sede en España y en América Latina, le propone publicar su segundo poemario: «Baluarte», con el que aún se mantiene en los primeros puestos de los libros de poesía más vendidos del país y causa furor en otros países de habla hispana como México, Argentina o Colombia.

La poeta edita con la también ilustradora Adriana Moragues un proyecto artístico-literario llamado «Tú la Acuarela / Yo la Lírica» que casa la poesía de Elvira con las acuarelas de Adriana y del que venden más de mil copias. Un tiempo después, Sastre publica «Ya nadie baila», una antología que reúne poemas de sus dos primeros libros y un puñado de inéditos, con la editorial Valparaíso Ediciones

En 2019 llega una gran oportunidad para la escritora: la concesión del Premio Biblioteca Breve 2019 por su primera novela, «Días sin ti», concedido por un jurado compuesto por Rosa Montero, Agustín Fernández-Mallo, Pere Gimferrer, Lola Larumbe y Elena Ramírez y editada por Seix Barral. Además del Premio Biblioteca Breve, la autora ha recibido los premios «Sombra del Ciprés 2018» y «Premio Joven Solidario DO La Mancha». En 2019 aparece en la Revista Forbes dentro de la lista «Los cien más creativos», compartiendo espacio con grandes talentos del panorama mundial.

Las palabras son un bien. Las palabras son un espejo, una caricia entre los dedos, un pulso que domina el aire y un eco que nos repite lo que puede ser que nunca sea. Las palabras son un intento. Las palabras me hacen sentirme capaz de todo aunque todo sea nada. Y yo las abrazo, a veces con prisa y otras sin fuerzas, porque cuando todo se apaga, ellas son las únicas que pueden dar luz.