¿Cuántos de los tuyos han muerto?

  • Autor: Eduardo Ruiz Sosa
  • Estilo: Narrativa (Relatos)
  • Editorial: Candaya
  • Idioma: Español

creo que sin decirlo, sin acordar de ninguna manera ni la búsqueda de la mano ni la entrañable deducción de los deseos de nuestra madre, nos dimos cuenta de que ella era la mano perdida y nosotros, que quedábamos ahí
                                   mancos
                                                 amputados
                                      solos
                                      aunque estuviéramos juntos
                                      somos la estatua
                                      incompleta para siempre
                                               el deseo perdido.

Once relatos, donde el autor nos traslada al mundo de los “no vivos” porque la muerte se hace presente en cada uno de ellos, a través de la ausencia, del olvido que es una forma terrible de la muerte, de las “desapariciones forzadas”, esa espantosa realidad que marca la vida de miles de ciudadanos mexicanos. No se olvida de la muerte lenta que sufren algunas mujeres por medio de la descripción de la violencia física y psicológica que las conduce lentamente al “no ser”, hasta volverlas invisibles.

Escribe: “A veces es la muerte lo que nos acerca a los otros”, creo que es verdad, resucita la empatía dormida, aunque solo sea para ayudar a sobrellevar el dolor imposible de soportar. Personalmente su lectura me conduce a una comparación inconsciente con los cuentos de Juan Rulfo donde la violencia y la muerte forman parte de la rutina diaria de los protagonistas. Se podría decir que  “todas las muertes” son un tema recurrente en la narrativa de los escritores mexicanos, aunque Rulfo “cuenta” desde la imaginación y Eduardo “narra” desde la realidad.

Ruiz Sosa, construye unos relatos llenos de elipsis, descompone los párrafos transformándolos en una tormenta de palabras que arroja sobre el lector dejándolo sin aliento, obligándolo a respirar hondo, y volver al principio para reflexionar en profundidad sobre el dolor de las ausencias, el horror  de la violencia callada, la incomprensión de las muertes no esperadas

Especialmente impactante es “El dolor los vuelve ciegos” , la narración describe la dolorosa cuestión social de los desaparecidos en México. La ausencia nos remite a una característica de la desaparición: la angustia de no saber si el familiar está vivo o muerto y si será capaz de reconocerlo. El protagonista una y otra vez va a las morgues donde debe decir “él no es”, ante los cadáveres. Enfrentando la crueldad y la corrupción de la burocracia mexicana con el dolor de una madre que se consume día tras día ante la incerteza del destino del hijo desaparecido.

En “La muerte de David Brodie”, el autor nos acerca Borges a través de un extraño personaje, siempre con la cruz a cuestas, pidiendo perdón por sus múltiples pecados. La incógnita de su identidad atrae al protagonista a la morgue desde donde describe una escena cinematográfica:

Apenas fue un instante, un fulgor que no duró nada:

el rostro de la mujer se retorció en una mueca

                    y sin ningún aspaviento

nada que asomara el instante de ese breve destino

              le soltó al muerto una bofetada

                              con el dorso de la mano en el rostro.

La cabeza apenas se movió

                    Como si nunca nada le hubiera dolido.

En “La garra de la estatua” se perfila la imagen de una estatua a la que le falta una mano, utilizada en varios relatos y trasladado al epílogo. Describe el vacío que deja la muerte de la madre, un hueco imposible de llenar. La búsqueda de la mano que le falta a la estatua es una incógnita que no tiene solución y se interpreta como la ausencia de la madre: “La mano es una promesa y un deseo, uno le quita la mano a la estatua y le pide algo, la mano se esconde lejos del cuerpo y la estatua, que desea volver a estar completa, cumple el deseo para recuperar la mano, es entonces cuando uno se la devuelve”.

Post scriptum

Desde hace meses

                  Desesperados

Buscamos la mano minúscula de la estatua.

Tenemos la sensación

                    No es una idea, es una sensación

De que el deseo ya se ha cumplido y la estatua nos exige su devolución.

Sobre Eduardo Ruiz Sosa:

Nació en Culiacán, Sinaloa, México en 1983. Desde 2006 reside en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), España. Estudió Ingeniería Industrial y es doctor en Historia de la Ciencia. Cursa el Doctorado en Filología Española. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Literatura Inés Arredondo con el libro La voluntad de marcharse (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2008).

Textos suyos han aparecido en las antologías: A fin de cuentos, La letra en la mirada, Renovigo, Siete caminos de sangre y Emergencias, Doce cuentos iberoamericanos (Candaya 2013). En 2012 fue ganador de la I Beca de Creación Literaria Han Nefkens, lo que le permitió estudiar el Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra y dedicarse durante un año a escribir Anatomía de la memoria



Pensamientos

Tengo flores secas entre mis libros,

una libreta de poemas incompletos,

donde las palabras naufragan

sobre una playa de tinta y papel.

a

Una metáfora encallada en los labios,

la estrofa de unos versos de Lorca

sonando en el laberinto de mi mente,

mientras, la mano melancólica escribe:

a

Tengo una sonrisa congelada

desde el inició de la edad del hielo,

un oscuro desván hecho de miedos,

renuncias, excusas y sueños rotos.

a

Una tormenta a punto de estallar

entre la garganta y el corazón,

una muerte que me persigue,

jugando al escondite por las esquinas.

a

Tengo el eco de la vida que me llama,

espantando la dama de alas negras,

el consuelo de azules abrazos,

el reencuentro con mi risa olvidada.

a

La dulzura de esta tarde de mayo,

que se agota despacio, resignada,

bañada de luz naranja y violeta,

mostrando la belleza del ocaso.

                                          Mª Jesús Mandianes

Mi agenda me recuerda el festival de la poesía de Barcelona, yo recuerdo con nostalgia aquellos recitales de poesía de “antes de la pandemia” desde la Pedrera con Joan Margarit, hasta el patio del Museo Frederic Marès, la Rambla Raval, o el Ateneo. Ahora cuesta recuperar el hábito de asistir a un recital compartiendo espacios públicos, el miedo nos puede a todos.

El miedo a que me descalifiquen puede conmigo, y me apresuro a dejar claro que mi pobre “yo poético” tiene muy poco que ver con mi identidad real. Es triste tener que medir las palabras para evitar que algún zoólogo aficionado me incorpore a la fauna salvaje de la Península Ibérica.

Realmente el virus ha hecho estragos, mis versos se han vuelto grises, casi negros, algunas de mis compañeras han dejado de escribir y ya solo recitan estadísticas: de contagiados, muertos, parados, vacunados… el cansancio y el conformismo son la nueva pandemia. Pasar la tarde bebiendo cerveza en una terracita la “nueva libertad”.

Emilia Pardo Bazán (Centenario)

Aspiro, señores, a que reconozcáis que la mujer tiene destino propio; que sus primeros deberes naturales son para consigo misma, no relativos y dependientes de la entidad moral de la familia que en su día podrá construir o no construir; que su felicidad y dignidad personal tiene que ser el fin esencial de su cultura, y que, por consecuencia de ese modo de ser mujer, está investida del mismo derecho a la educación que el hombre.

 Discurso en el Congreso Pedagógico Internacional, 1892:

Aunque en el centenario de su muerte es imprescindible ponerse transcendente y reivindicar su figura “como activa propagandista en defensa de una perspectiva feminista, como la primera profesora universitaria española, y como defensora de una formación igualitaria para las mujeres” – que queréis que os diga – yo me he rendido a su socarronería gallega y a ese humor erótico festivo que la hacía tan seductora, a pesar de no ser una “aérea sílfide”, como le escribía a Galdós. Por eso no he podido evitar incrustar la frase en la foto que acompaña este post.

Hecho el inciso, me gustaría destacar por encima de su obra literaria, el gran protagonismo que tuvo en el Congreso Pedagógico de 1892 al desarrollar su ponencia sobre «Relaciones y diferencias entre la educación de la mujer y del hombre»

En su discurso expuso la realidad de las mujeres de todos las épocas: Fueron educadas para la dependencia, su referente no son ellas mismas, sino el género masculino en cualquiera de sus versiones: padres, esposos e hijos. Contra este modelo educativo se rebela Pardo Bazán argumentando que la mujer debería de ser instruida en primer término para sí misma, en segundo lugar, para acceder a un trabajo asalariado y lograr la independencia económica.

Concluyó solicitando a todas las naciones representadas en el Congreso, y particularmente a España, que concediesen a las mujeres el derecho de acceder a la enseñanza sin ningún tipo de restricciones y en concurrencia con los hombres, y que se les permitiese el desempeño de los empleos y cargos que estuviesen en sintonía con los títulos conseguidos.

Como es de suponer, lo más granado del machismo patrio se le echó encima exaltando las virtudes de la mujer tradicional, «no redimida por el bachillerado, sino por Cristo». Entre las críticas más despiadadas destacaron las de Clarín, tampoco se quedaron atrás Valera y Pereda.

La causa de las mujeres contó con algunos defensores. Uno de ellos fue el periodista y político Julio Burell, que calificaba de «honda y razonable» la ponencia de Emilia Pardo Bazán y criticaba a quienes recurrían al chiste fácil para descalificar las conclusiones del Congreso y a quienes confundían “la noble y honrada independencia de la mujer con la grotesca desenvoltura del marimacho”… ¡menos mal que en medio de tanto macho ibérico hubo una mente ilustrada con espíritu abierto y altura de miras!

Obra literaria más destacada de Emilia Pardo Bazán  (1852 – 1921)

En 1881, año en que empieza en España la polémica en torno al Naturalismo, Pardo Bazán publica Un viaje de novios, en la que aparecen ya las descripciones minuciosas y las observaciones fisiológicas típicas del Naturalismo.

La tribuna (1882), obra de tema político-social en la que se narra la trayectoria de Amparo, trabajadora de la fábrica de tabaco de Marinada (La Coruña), que se convierte en dirigente de sus compañeras en la lucha por sus derechos. La trama argumental de La tribuna, situada en el período revolucionario 1868-1873, está enfocada desde un punto de vista crítico, ya que la autora manifiesta en el prólogo de la obra su desacuerdo con los ideales republicanos que defiende el protagonista.

Los pazos de Ulloa (1886)también de corte naturalista, es su novela más importante. Esta obra está ambientada en una de las zonas rurales más atrasadas de Galicia y se centra en el choque de unos personajes sensibles, educados en la ciudad, con otros representativos del ambiente degradado y brutal que reina en una aldea.

Los personajes de Los pazos de Ulloa aparecen, de acuerdo con las tesis de Zola, determinados por el medio ambiente. De un lado, Pedro Moscoso, señor del pazo de Ulloa, aristócrata decadente y embrutecido, dominado por sus criados. Del otro, Nucha, la joven esposa traída de la ciudad, y Julián, el capellán recién salido del seminario. Ambos sucumbirán ante la terrible hostilidad de la aldea, un “paisaje de lobos”. El relato se convierte así en una dura visión del campesinado y del mundo rural, totalmente opuesta a la visión idílica que ofrecía Pereda.

Clases Online para una Universidad Virtual

En una videoconferencia se puede transmitir información, pero no permite trabajar en profundidad los contenidos, reduce al profesor a la condición de busto parlante y desde luego, no solo no fomenta la interacción con los compañeros, sino que los condena al aislamiento.

La presencialidad es un elemento indiscutible en la formación universitaria, por consiguiente, intentar reducir la educación a un intercambio de voces a través de unas pantallas supone una perversión del concepto de universidad, que tiene como prioridad transformar a los alumnos (seres humanos) a través de los conocimientos que en ella se imparte.

Así pues, la enseñanza no presencial entorpece el proceso de aprendizaje a través de la investigación y la experimentación. Dificulta la socialización y frena el intercambio de puntos de vista; es complicado expresarse libremente cuando se sabe que las opiniones personales están siendo gravadas.

Por otro lado, la pandemia ha puesto de relieve la existencia de una gran brecha digital en nuestra sociedad. No todos los estudiantes disponen de herramientas informáticas ni de conexiones adecuadas para seguir las clases. Las diferencias económicas condicionan la posibilidad de recibir una educación de calidad. Supeditar la enseñanza a estos factores supone trasgredir el principio de la universalidad de la Educación.

Para concluir, el “estado de excepción” que ha obligado a recurrir a una medida excepcional de carácter temporal, como es la enseñanza online, no puede utilizarse para desmantelar la educación universitaria en aras de un falso propósito de modernidad. Sería un error que ni los profesores, ni los alumnos, ni la universidad como “Alma Mater” puede consentir.

Después

Y ahora se inicia
la pequeña vida
del sobreviviente de la catástrofe del amor:

Hola, perros pequeños,
hola, vagabundos,
hola, autobuses y transeúntes.

Soy una niña de pecho
acabo de nacer
del terrible parto del amor.

Ya no amo.

Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje.


Ya no estoy loca.

Cristina Peri Rosi

Sobre Cristina Peri Rossi:

(Montevideo, 1941) Escritora uruguaya que cursó estudios de Letras en la Universidad de Montevideo, donde en 1963 impartió clases como profesora de Literatura Comparada. Inició su carrera literaria ese mismo año con la publicación de una recopilación de relatos titulada Viviendo.

Posteriormente publicó las novelas: Los museos abandonados (1968) y El libro de mis primos (1969), con las que consiguió el Premio Arca en 1968 y el Biblioteca de Marcha en 1969. Se exilió de Uruguay en 1972, instalándose de forma definitiva en Barcelona donde ejerció como profesora de Literatura Comparada y Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Barcelona, y colaboró en las revistas literarias Quimera y El Viejo Topo, y en los periódicos El País y La Vanguardia.

Ha sido considerada la única escritora del «Boom» de la literatura hispanoamericana, fenómeno editorial que en la década de 1960 dio fama internacional a autores como: Juan RulfoCarlos FuentesMario Vargas LlosaGabriel García MárquezJorge Luis BorgesErnesto Sábato y sus compatriotas Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti.

Los temas de sus obras giran alrededor de conceptos como el amor, la libertad del individuo frente a la opresión del poder y el feminismo. El humor corrosivo sirve como arma con la que combatir las penalidades del exiliado en un país extranjero y el recuerdo de las injusticias de todas las dictaduras.

Entre sus novelas y relatos destacan Indicios pánicos (1970); La tarde del dinosaurio (1976), libro de relatos prologado por Julio CortázarUlrra lactucra y cotras (1976), obra que obtuvo el Premio Pérez Galdós, pero acabó por no publicarse; La rebelión de los niños (1980); y las recopilaciones de ensayos y relatos tituladas El museo de los esfuerzos inútiles y El ángel caído, ambas de 1983.

Otras de sus obras en prosa son La nave de los locos (1984), Una pasión prohibida (1986), Fantasías eróticas (1991), La última noche de Dostoiesvki (1992) y La ciudad de Luzbel (1992), Cosmoagonías (1994) y, finalmente, Desastres íntimos, Solitario de amor y El amor es una droga dura, las tres de 1999.

En el campo de la poesía destacan las siguientes obras: Evohé (1971), Descripción de un naufragio (1975), Diáspora (1976), Lingüística general (1979), El deseo del bosque (1980), La mañana después del diluvio (1984), Europa después de la lluvia (1986), Babel bárbara (1991), Otra vez Eros (1994), Aquella noche (1996), Poemas de amor y desamor (1998) y Las musas inquietantes (1999). La obra poética le reportó los premios Ciudad de Palma de 1975 y Ciudad de Barcelona de 1991.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Autor: Philip K. Dick

Estilo: Ciencia ficción

Editorial: Edhasa

Traductor: César Terrón

…Rick comprendió que los androides Nexus-6 superaban a varias clases de especiales humanos en lo que a inteligencia se refería. En otras palabras, los androides equipados con el nuevo cerebro Nexus-6, habían evolucionado más allá de un importante-aunque inferior-segmento de la humanidad. Para bien o para mal. El esclavo había terminado por resultar más espabilado que algunos de sus amos…

Análisis:

Con esta novela Philip K. Dick conduce a la ciencia ficción más allá de un simple delirio futurista y logra que reflexionemos sobre la progresiva deshumanización del hombre, planteando una sociedad donde los individuos presentan un cierto “autismo emocional” que les hace asemejarse a los replicantes “concebidos a su imagen y semejanza”, por eso han de recurrir a “la caja demociones” para poder experimentar sentimientos y sensaciones humanas.

En San Francisco (año 1992) se ha desarrollado una extraña sociedad donde los humanos necesitan demostrar un alto nivel de empatía que los diferencie de los androides creados por ellos mismos. La mejor forma de “representar” su capacidad de amor es cuidando a otro ser vivo, alguno de los pocos animales que han logrado sobrevivir a la Guerra Mundial terminal. Así demuestran al resto de la sociedad terrestre lo inmensamente humanos que son.

El autor tiene la habilidad de ir sembrando la novela de dudas, como si de un Sócrates  futurista se tratara, conduciendo a los lectores a la reflexión filosófica a través de la hermenéutica -pregunta y respuesta- :

¿Son la inteligencia y la empatía las dos cualidades que nos hacen humanos?

Parece surrealista plantearse un futuro en el que no podamos distinguirnos ni entre nosotros mismos. Pero la creatividad del autor desarrolla un concepto de robot muy diferente del que se tenía en los años 60: El “androide”, creado por los propios humanos, con un aspecto físico similar al de los hombres y una inteligencia a veces superior a sus creadores.

Dick introduce la duda  a través del protagonista, Rick, cazador de bonificaciones, cuya frialdad nos hace preguntarnos constantemente si es un androide al que sus superiores le han implantado una memoria artificial. A fin de cuentas, varias veces en la novela se dice que hace falta un androide para encontrar a otro y que no habría mejor caza recompensas que los propios androides.

En el polo opuesto sitúa a un antagonista, que se caracteriza por sus deficiencias mentales. Se trata de John Isidore, un mecánico de animales eléctricos que ha sido víctima de la radiación, convirtiéndose en un “cabeza de chorlito”. Sobre su “humanidad” no hay duda alguna, a pesar de unas carencias intelectuales que le hacen vulnerable a la manipulación de los androides.

En medio de estas dudas una certeza: los androides sueñan, tal vez no con ovejas eléctricas, pero si con un futuro mejor lejos de Marte, donde los esclavizan, por esos huyen a la Tierra. Sienten deseos de vivir a pesar de la amenaza de los cazadores de bonificaciones y de saber lo breve que será su vida. Son capaces de sentir atracción física y de llevar a cabo crueles venganzas, sienten algunas emociones equivalentes a las humanas.

… Entonces, si los replicantes tienen sueños, si albergan esperanzas, si sienten miedos como cualquier ser humano ¿Tienen derecho los humanos a “retirarlos”?  … y aquí se pasa de la duda al planteamiento ético que nace en “el cazador de bonificaciones”. ¿Es justo retirar a los androides porque son simplemente una vida artificial? ¿Pueden los humanos decidir lo que debe existir y lo que no dentro del mundo? ¿Quién debe vivir y quien no?

Sobre la religión y el mercerismo:

El mercerismo es la religión que practica el mundo postapocalíptico, cuyo profeta Mercer está conectado a sus seguidores a través de la máquina de la empatía que les une directamente con él. El protagonista inmerso en un mar de dudas le consulta sobre la posibilidad de que este obrando mal “retirando androides” y el gran gurú le alecciona diciendo “que a veces es necesario hacer el mal aún a sabiendas de saber que se está obrando mal”

En el libro no se nombra a Mercer como Dios todopoderoso creador de la raza humana, al contrario, los seres humanos no solo no son creación de nadie, sino que se establecen como creadores de otra forma de vida: los androides.

No obstante el sufrimiento que siente “el iluminado” cuando le lanzan piedras es un fiel reflejo del dolor de Cristo en la religión Cristiana, cuando se inmola para salvar a la humanidad… aunque él mismo acabe reconociendo que es un gran fraude… tal vez muy cercano a los androides…

Sobre la atracción física

Uno de los personajes que hace tambalear las creencias Rick (protagonista) es la androide Rachael por la que siente una gran atracción física. También se muestra fascinado por la voz de Luba Luft, androide camuflada como cantante de ópera, a la que escucha absorto. Reflexiona sobre el deseo de vivir que sienten ambas y la necesidad de ser protagonistas de su propia vida. En claro contraste con la apatía de su mujer, que no muestra aspiraciones ni inquietudes. Estos sentimientos ponen de relieve la modificación del nivel de conciencia que experimenta Deckard en relación a los androides.

 Sobre el tiempo:

En la novela, los replicantes mueren a los cuatro años porque sus genes se deterioran y no existe regeneración. Esta es una diferencia fundamental entre humanos y androides. Los individuos somos orgánicos y estamos sometidos a la incertidumbre del tiempo que tenemos de vida, lo que nos provoca angustia al no saber cuándo vamos a morir. Las máquinas sí son conscientes de ello, tienen fecha de caducidad y la aceptan con resignación.

 Resumen Sigue leyendo

8 de marzo: El estado del bienestar

Con cerca de setenta años y una hernia
discal que nunca se operó, mi madre
está cavando el huerto. La recuerdo
siempre así, sin parar, desviviéndose
por nosotros, sus manos de penuria inquietud
día y noche, la abnegación echada al hombro hasta
dejarlo todo aviado y acabar molida: frota
que te frota ordeñando, acarreando, frota
que te frota barriendo, fregando, vareando
en la era la lana de los colchones, haciendo aulagas
para prender la lumbre y caldear la casa… Siempre
así, sudando como una descosida, sin dar abasto
y pese a todo -igual que el resto de las esclavas
                           de posguerra- NO TIENE DERECHO A PENSIÓN
.                       Cuando puede ver el parte se hace
cruces de lo bien que hablan los políticos.

                                                                          Fermín Herrero

Cuando escucho en la televisión a algunas féminas (que no feministas) hablando de “romper el techo de cristal”, para alcanzar los puestos ejecutivos que siempre ocuparon “ellos”, no puedo evitar fruncir el ceño y dedicarles una sonrisa escéptica.

Digo yo que antes de tratar de alcanzar el cielo deberíamos de hablar de “romper el subsuelo”, donde sobreviven más de 740 millones de mujeres  en todo el mundo trabajando de sol a sol, cultivando la tierra, cuidando el ganado, criando a los hijos, multiplicándose para rendir al máximo en jornadas agotadoras.

A pesar de lo cual, son las más pobres entre las pobres, sin derechos laborales, la desigualdad y a la discriminación de género privan a las mujeres campesinas de servicios tan esenciales como la sanidad y la educación. En el tercer mundo  sufren todas las  formas posibles de violencia, tanto física como sexual o verbal, se les niega la propiedad de la tierra que trabajan, en muchos casos,  a cambio de ningún salario.

Todo esto, a pesar de la Declaración de las Naciones Unidas, que  reafirma el derecho de las campesinas y las mujeres rurales a un empleo u otras actividades generadoras de ingresos que sean dignos y productivos. Esto incluye el derecho a la protección de la salud y a la seguridad en las condiciones laborales:

Articulo 6 sobre los derechos de las mujeres rurales (Naciones Unidas)

• 1. Los Estados tendrán en cuenta los problemas particulares a los que se enfrentan las campesinas y otras mujeres que trabajan en las zonas rurales, así como el importante papel que desempeñan en la supervivencia económica de su familia, comunidad, región y Estado nación, incluido su trabajo en los sectores no monetarios de la economía, y adoptarán todas las medidas apropiadas para asegurar que se apliquen las disposiciones de la presente declaración a las mujeres y las niñas.

• 2. Los Estados adoptarán todas las medidas apropiadas para erradicar la discriminación contra las campesinas y otras mujeres que trabajan en las zonas rurales, a fin de asegurar que, sobre la base de la igualdad entre hombres y mujeres, estas libremente determinen su condición política y persigan su desarrollo económico, social y cultural, participen en él y lo aprovechen.

¿Cuál es la situación de la mujer campesina en nuestra querida Europa?                   

Más del 80 % de las mujeres que viven en el campo son esposas, colaboradoras o ayudantes, tras de estos sustantivos se esconden los mismos abusos que sufren las mujeres del tercer mundo. Muchas se han quedado sin pensión contributiva porque la explotación agraria familiar no permitía pagar dos autónomos, así que se han hecho invisibles, hacen un trabajo sin recibir nada a cambio, ni tener derecho alguno.

Vamos a tener que celebrar este próximo  8 de marzo bajo el terror del coronavirus, que justifica la prohibición de cualquier acto reivindicativo. Por eso, este año más que nunca, tenemos que recordar la lucha y el trabajo de millones de mujeres invisibles las cuales han permanecido toda su vida en el subsuelo, con la espalda doblada bajo el yugo de la cultura patriarcal y sometidas inconscientemente al dominio de un continuo chantaje emocional que las han impedido realizarse como personas. Era más importante ser una buena hija, una abnegada esposa, una sacrificada madre, y jamás se atrevieron a soñar con romper el techo cristal. Que no vengan las “feministas por un día”, con  manos de porcelana y estilismos de salón de belleza, intentando monopolizar “el día internacional de las mujeres trabajadoras”. 

Mª Jesús Mandianes