Os Gatos

Foto de Mª Jesús Mandianes en Baltar (Ourense), agosto 2017

En la pequeña aldea
solo quedan viejos y gatos.
Sobre los muros de piedra,
observan indolentes
las pupilas húmedas
de los forasteros en su tierra.

Mágicas miradas, teñidas de verde
vigilan a distancia a los intrusos
recorriendo las calles empedradas,
la escuela muda de voces infantiles,
la iglesia vacía de oraciones,
el cementerio de tumbas olvidadas.

Maullando, se enredan mimosos
entre los pies impacientes
por cruzar la puerta del “lar”.
Mimetizados entre los recuerdos,
esperan que termine el verano
para marcar su territorio de “saudade”.

Con el otoño regresarán a la soledad
pintada de nostalgia y silencio,
roto por la poesía de sus maullidos,
por el crujir de las hojas secas
bajo las leves pisadas de los felinos,
guardianes de la memoria del pueblo.

                                                                              Mª Jesús Mandianes

                                                                       (Para mi hermana Ana Mandianes)

El Arte de Volar

Autor: Antonio Altarriva

Dibujante: Joaquim Aubert

Estilo: Novela gráfica

Editorial: Edicions de Ponent

Prólogo: Antonio Martín

Analisis:                               “El arte de volar” surge del trabajo en equipo de Altarriba y Aubert, cuya complicidad da lugar a una historia magnifica contada a tres voces: Altarriba (hijo) se introduce en el relato como narrador externo reflexionando sobre la muerte de su padre “porque yo estaba con él, o quizá era con él, y ahora una vez muerto él está en mí”. Al mismo tiempo nos conduce hacia la historia contada por el narrador interno (padre) “la tristeza se hizo tan honda que empezaba a dolerme… notaba un intenso desgarro en mi interior”. La tercera voz es sin duda el lápiz de Joaquim Aubert cuyas viñetas son el complemento perfecto del relato, añadiendo el dramatismo justo a la historia contada. El resultado final es un cómic de una calidad reconocida con numerosos premios (Premio del Salón del Cómic de Barcelona, Premi Nacional de Còmic de Catalunya, Premio Cálamo, Premio de la Crítica…

En blanco y negro para que Altarriva describa el dolor que le produjo la muerte de su padre, Antonio Altarriva, que se suicidó arrojándose al vacío desde la cuarta planta de la Residencia Sardero (La Rioja) en la primavera de 2001 dejando tras de sí un puñado de cuartillas donde transcribió sus recuerdos, un conjunto de frustraciones y derrotas que marcaron su vida. Antonio (hijo) desarrolla la novela desde la reflexión intima, con la perspectiva que le da el conocimiento del carácter y las emociones del personaje, pero respetando la “visión”  que surge de la experiencia vital de su padre.

Mezcla realidad y ficción; dando lugar a una historia donde se “recuperan” estampas olvidadas de una España costumbrista, plasmando la duras condiciones de vida de los campesinos, a pesar de lo cual siempre  les quedaba tiempo para la amistad leal y el humor. Recuerda las humillaciones que sufrieron los exiliados, su regreso a cambio de  la claudicación de todos los ideales. Y como no, tiene espacio el erotismo alegre e inconsciente de la adolescencia y el destierro francés, que acaba derivando en el “sexo reprimido” triste, pecaminoso y gris de la España franquista.

En blanco y negro para que Kim plasme en viñetas detallistas la vida de un perdedor, uno de tantos españoles a los que le tocó vivir los acontecimientos históricos que marcaron la primera mitad de la España del siglo XX, y que nos recuerda a través de sus ilustraciones: La caída de la monarquía, la II República y la Guerra Civil. Mención a parte merecen las ilustraciones que muestran el durísimo exilio y la vida en los campos de refugiados, son una lección de historia para no olvidar y una llamada de atención sobre circunstancias similares por las que atraviesan miles de seres humanos en la actualidad. Personalmente me gustaría destacar la maestría del dibujante al reflejar el deterioro psicológico y físico del protagonista en la última etapa de su vida, a la que en un definitivo acto de dignidad y valentía decide poner fin. Diría que casi sobran las palabras.

Resumen:                                                                                                                           El arte de volar es la historia de un hombre que nació en el mundo rural donde sobrevivir era lo único que importaba, su niñez se alimentó de castigos y de trabajo de sol a sol. A pesar de todo tuvo tiempo para la amistad y los sueños. En su juventud apostó siempre por el bando de los vencidos, pasando a engrosar las filas de los perseguidos por sus ideas, de los exiliados en el país de la libertad, igualdad y fraternidad, bellos principios que les fueron negados a los refugiados republicanos. Antonio representa a todos aquellos que quisieron volar a lomos de la utopía y se acabaron estrellando contra la dura realidad, donde para subsistir había que renunciar a todos los ideales.

Una “caida” que el autor divide en cuatro etapas:

  • 3ª Planta 1910 – 1931 – El coche de madera
  • 2ª Planta 1931 – 1949 – Las alparagatas de Durruti
  • 1ª Planta 1949 – 1985 – Galletas amargas
  • El Suelo  1985 – 2001 – La madriguera del topo

Chove en Santiago

Chove en Santiago                                                                        Llueve en Santiago
meu doce amor                                                                             mi dulce amor
camelia branca do ar                                                                    camelia blanca del aire
brila entebrecida ao sol.                                                               brilla entenebrecida al Sol

Chove en Santiago                                                                      Llueve en Santiago
na noite escura                                                                            en la noche oscura
herbas de prata e sono                                                                hierbas de plata y sueño
cobren a valeira lúa.                                                                   cubren la desierta Luna.

Olla a choiva pola rúa                                                                 Mira la lluvia por la calle
laio de pedra e cristal.                                                                 llanto de piedra y cristal.
Olla no vento esvaido                                                                 mira en el viento desvaido
soma de cinza do teu mar.                                                          sombra de ceniza de tu mar.

Soma e cinza do teu mar                                                            Sombra y ceniza de tu mar
Santiago, lonxe do sol                                                                Santiago, lejos del Sol
agoa da mañan anterga                                                              agua de mañana antigua    trema no meu corazón.                                                              tiembla en mi corazón.

Federico García Lorca

 

25 de Julio, desde el ardiente verano mediterráneo “bebo” despacio las estrofas del poema de Lorca, saboreando la delicada frescura de cada verso, sedienta de ver caer la lluvia sobre las piedras de Santiago. Por que hoy es un día para desandar todos los caminos por los que me ha conducido la vida y volver a perderme entre la niebla y las calles antiguas siguiendo el lamento de las gaitas. Llegar hasta el claustro del colegio Fonseca y sentada en un banco de piedra leer el poemario de este andaluz empapado de saudade, que hechizado por la fuerza formidable de Compostela se sintió poeta de la mar atormentada, de la alta hierba, de la lluvia pausada.

Federico García Lorca era un experto de la lírica gallega y de la sensibilidad de esa tierra a la que visitó en varias ocasiones. Su cultura y sus paisajes, formaron parte de su vida desde la primera visita en 1916. En 1917 escribió en un artículo: “Se comprende, viendo el paisaje de Galicia, el carácter triste de sus habitantes y su música, que dice de penas, de amores, de imposibles”

A finales de otoño de 1932 la revista Yunque publicó Madrigal á cibdá de Santiago (“Madrigal a la ciudad de Santiago”). Posteriormente compuso Romaxe de Nosa Señora da Barca (“Romería de Nuestra Señora De La Barca”), Cantiga do neno da tenda (“Cantiga del niño de la tienda”), Noiturnio do adoescente morto (“Nocturno del adolescente muerto”), Canzón de cuna pra Rosalía de Castro, morta (“Canción de cuna para Rosalía de Castro,muerta”) y Danza da lúa en Santiago (“Danza de la luna en Santiago”).

Mª Jesús Mandianes

 

A Lagoa de Antela, lembranza

Desde Ginzo de Limia a Villar de Barrio, es poco camino, pero, si se quiere, puede durar un día. Abajo se ve la laguna Antela, que ahora andan para desecar; esta fue la obsesión de los economistas del siglo XVIII, y ahora parece que le llegó la vez. Espesuras de juncos y espadañas ocultan parte de ella en el verano. En el invierno, la habitan aves acuáticas que vienen hasta del más lejano Norte, incluso el cisne boreal, que anidaba en el templo del Apolo Hiperbóreo” e incluso vio volar una garza real y un poco más allá, donde está el abandonado convento franciscano de Trandeiras, uno de sus frailes dio noticia de los temibles cínifes que pululaban por la laguna, amenazando con su zumbido, y que no son otros que los ejércitos encantados del Rey Arturo.” Vicente Risco: (Libro de las horas) Orense, 1961.

La laguna de Antela fue uno de los humedales más grandes de la Península ibérica. Estaba situada en la Comarca da Limia (Ourense). Tocaba los municipios de Xinzo, Sandiás, Vilar de Barrio, y Xunqueira de Ambía. Tenía 7 km. de largo, 6 de ancho y una profundidad media 0,60 metros, aunque en algunas pozas llegaba incluso a los 3 metros. Tenía la belleza de un lago y aparecía subdivida en lagunas, charcos y juncares. Su valor ecológico era enorme ya que estaba habitada por patos y otras aves acuáticas, ranas y sanguijuelas, contaba además con una variada vegetación acuática.

En Antela existía una gran variedad de hábitats acuáticos permanentes o estacionales, aguas con vegetación flotante (nenúfares), grandes masas de plantas acuáticas emergentes (juncos, carrizos, castañuelas, espadañas). Vegas pobladas de alisos; abedules, fresnos, chopos, sauces, olmos; orillas limosas y bancos de arena. Estaba rodeada por un paisaje agrario formado de tierras cultivadas y pastizales con arboledas de castaños, avellanos, sanguiños y robles.

Dejad que os cuente que Antela no solo era un espacio geográfico, era el epicentro del mil leyendas que tienen su origen en la noche de los tiempos. Porque la antigua laguna era un extraño territorio en el que los menhires competían con las torres medievales. Las campanas de la mítica ciudad de Antioquia, inundada por su idolatría, suenan bajo las aguas cada noche de San Juan, pidiendo perdón por sus pecados. Más tarde, cuando llegó la invasión romana y el río Limia (rio del Olvido) era el fin del mundo conocido, el general Recio Junio Bruto llegó con sus tropas al borde de la laguna y tuvo que hacer frente a un motín. Nadie quería cruzarla porque se creía que al otro lado del Limia se perdía la memoria. Lo resolvió pasando él primero y llamando desde la otra orilla por sus nombres a los jefes, para acreditar que conservaba la memoria. Finalmente, por allí anduvo el rey Arturo con sus tropas en busca del Santo Grial, pero un encantamiento transformó a los soldados en mosquitos.

A pesar de su valor ecológico y su mágia fueron innumerables los intentos de desecamiento y aprovechamiento de sus tierras para la labranza. Los romanos lo intentaron con la construcción de una tupida red de pequeñas canalizaciones, que iban desde Vilar de Barrio hasta la vega de Ponte Liñares, medía 26 kilómetros de largo y 17 metros de ancho aproximadamente. El moderno canal siguió ese mismo trazado. hasta su definitivo desecamiento a partir del comienzo de las obras en el año 1958.

A principios de los 70 la laguna, los ríos y regatos que desembocaban en el Limia, así como los antiguos puentes, ya no era más que un recuerdo, que los más viejos de Xinzo no han olvidado. Cuentan que cuando la desecación estaba en su fase final una nube de gas ascendió del fondo y cubrió el pueblo obligando a sus habitantes a encerrarse en sus casas atemorizados, aunque sin más consecuencias. Poco después las autoridades procedieron al reparto de parcelas entre colonos, y los humedales dieron paso a enormes extensiones con cultivos de patatas. A partir de 1972, se dio comienzo a la extracción de arena para la construcción.

Sobre la desecación:   La desecación de marismas, lagunas y terrenos pantanosos tenía dos objetivos. Por una parte, la obtención de nuevas tierras de cultivo para incrementar la producción agrícola y el nivel de vida de la población local.  Por otra parte, la eliminación de las aguas estancadas, consideradas focos  de  insalubridad  y enfermedades.

En 1831 Juan Manuel Bedoya, canónigo de la catedral de Ourense la favoreció al considerarla “un grande y pestilente charco” en su Memoria sobre el desagüe de la laguna de Antela o de la Limia, en la provincia y obispado de Orense, reino de Galicia. Proponía como solución, el desagüe en el río Limia, que al parecer fue iniciado y abandonado. Nuevos intentos de desecación surgieron, entre ellos el de Toribio Iscar en 1864, el de la Marquesa de Longueville en 1877, pero todos fracasaron por distintos motivos.

Por desgracia, este tipo de actuaciones fueron frecuentes en España a lo largo de los siglos XIX y XX, especialmente durante la Dictadura de Franco. Hay numerosos ejemplos de ellos en La Mancha (Ciudad Real), y en las depresiones del Ebro y del Guadalquivir… En 1956 el Régimen franquista decidió que el Estado se encargase de ejecutar las obras de desecación de Antela. El gobierno promulgó una ley en la que se declaraban de “alto interés nacional las obras de desecación, saneamiento y colonización de la laguna”

Un acto de terrorismo ambiental: Su desecación se considera hoy un acto de terrorismo ambiental y uno de los grandes  fiascos en  la historia de las obras hidráulicas españolas.  Su objetivo  principal  era la puesta  en cultivo de las tierras drenadas,  pero el efecto fue el contrario, arrasó  la productividad por falta de  humedad.  Además la  modificación  de los cauces de los rios Antela y Limia  implicó la  destrucción  de sus  franjas de bosques de ribera, que fueron talados con el pretexto de ganar superficie para el cultivo. Su desaparición dejó indefensos a los cursos fluviales frente a la contaminación originada en las explotaciones agrícolas. Sigue leyendo

La Magnitud de la Tragèdia

Autor: Quim Monzó

Estilo: Novela

Idioma: Catalán

Editorial: Quaderns Crema

Mirados de cerca los ojos de Mª Eugenia eran un mar de luces, un océano de noche, un naufragio, con barcas llenas de gente con salvavidas color calabaza, y todo lleno de venas rojas a punto de estallar.

Análisis:                                                                                                                              Una novela donde el escritor, observador crítico de la conducta humana, parece aplicar una lente de aumento a cada episodio de la vida de personas corrientes, para desarrollarla a cámara lenta, transformándolas en “personajes singulares”. Consigue así una reproducción casi fotográfica de la realidad, deformada por su estilo sarcástico y una sobredosis de ironía, con la que pretende dejar en evidencia la trivialidad de las relaciones entre adultos y la inconsistencia de las pasiones adolescentes. Aunque la maestría descriptiva del autor se impone claramente a ese  argumento que parece invitar a los lectores a profundizar en todas las tragedias solo insinuadas. En los abandonos, soledades y silencios, que acaban convirtiendo a los protagonistas en autistas emocionales.

Sorprenden los rimbombantes nombres compuestos, recurso humorístico al estilo de los culebrones sudamericanos, para etiquetar a unos seres vacíos, cuyo mundo se derrumba dominados por el odio irreflexivo (Ana Francesca) o por la imposibilidad de enfrentarse a la muerte (Ramón María). Los dos viviendo bajo el mismo techo, alimentando una aversión mutua. Conjurando el miedo y la soledad en compañía de amantes, que como ellos son víctimas de la incomunicación y el aislamiento que domina la sociedad urbana.

Descubro en el relato a un Monzó especialista en “crear ambientes”, que consigue trasladar al lector la sensación de aburrimiento e incomodidad que siente el protagonista tras la fallida noche de pasión, describiendo minuciosamente los anuncios que dan en televisión. O relata el coito entre alumna y profesor como una detallada lección de anatomía y fisióloga, componiendo una eficaz imagen literaria, que quiere mostrar la ausencia de amor entre la pareja.

No son menos sorprendentes los sucesos insólitos  que Monzó describe para dejarlos a la libre interpretación de los lectores: De pronto un avión se estrella contra un edificio, un muro se derrumba, o la coincidencia de unas fechas hace pensar en  la posibilidad lógica de una paternidad desconocida, todo ello sin que la percepción y la conciencia de los protagonistas sufra la más mínima alteración.

Entre líneas intuyo que el autor (narrador omnisciente) se ensaña con Ana Francesca (adolescente de 17 años), convirtiéndola en protagonista de escenas delirantes, donde aparece como un personaje imprevisible sexualmente, inestable emocionalmente, incapaz de hacer una reflexión inteligente de las circunstancias que la rodean, y para que no le falte ni un detalle con tendencias psicopáticas. En cambio, parece mucho más compasivo con Ramón María, pobre hombre, víctima de la fatalidad que le ocasiona la ruina económica, la muerte de su mujer, el odio de la hijastra y una extraña enfermedad mortal que acrecenta la magnitud de su tragedia,  alcanzando a todos los protagonistas.


Resumen:                                                                                                                                 Ramón María es un viudo cuarentón, poco atractivo, más bien grueso y de pelo escaso, que después de un lento cortejo consigue ligar con la vedette del teatro donde trabaja como trompetista. La invita a cenar y bebe más de la cuenta por lo que teme la posibilidad de un gatillazo, que es exactamente lo que ocurre. Sin embargo, a la mañana siguiente se levanta con una erección que mantiene a lo largo de los días. El protagonista se enfrentará a la paradoja de comprobar como su inagotable apetito sexual es consecuencia de una enfermedad mortal.

Mientras tanto su hijastra Ana Francesca, estudiante de BUP, pasa el tiempo fantaseando sobre cuál de sus ligues es el hombre ideal al que entregarse y amar para siempre. Monotema del que solo se olvida para idear el plan perfecto con el que liquidar a su odioso padrastro. Lo peor de los sueños es que a veces se hacen realidad, encuentra su media naranja en Luis Albert profesor de el centro pedagógico donde estudia, curiosamente había sido amante de su difunta madre hace 17 años, la edad de ella. Consigue además que Ramón María sufra un oportuno accidente del que no se siente en absoluto culpable… del todo inconsciente de la magnitud de su tragedia.

 

 

 

 

 

La Apología de Sócrates

platon-y-aristoteles4Autor: Platón

Lugar: Atenas

Tiempo:  400 (A.C.)

Situación: Juicio  Sócrates

                                                Dos frases escuchadas de improviso, hacen que decida leer “La Defensa de Sócrates”, sorprendida en cada párrafo por la actualidad de un mensaje, que se puede aplicar en toda su extensión a las circunstancias presentes en nuestra sociedad. Destacando por un lado la profunda crítica que realiza sobre el materialismo de una época donde los hombres solo pensaban en acumular riqueza y cultivar la belleza del cuerpo (470-399 A.C.). Por el otro su valentía, a pesar de las circunstancias, no tiene inconveniente en censurar la demagogia de los políticos y la corrupción del sistema en Atenas: No, el juez no es juez para convertir la justicia en favor, sino para decidir sobre lo justo o lo injusto. No para favorecer a tal o cual, sino para juzgar con arreglo a la ley.

Es Platón quien rescata del olvido la obra de Sócrates a través de “La apología”, donde el filosofo acusado de impiedad y de corromper a los jóvenes se presenta ante el tribunal con la intención de responder a todas las acusaciones que se han vertido contra él, para ello utiliza “el método” que había creado. Desplegando en su defensa todos los postulados filosóficos que difundió entre quienes libremente lo querían escuchar.

Y es que parafraseando al “maestro”, podíamos decir que de él “solo sabemos que no sabemos nada”, ya que igual que otros “grandes pensadores” de la antigüedad, no dejó obra escrita. Todo lo que conocemos del gran filósofo nos lo han transmitido sus discípulos. El más destacado de ellos, Platón, dejó constancia manuscrita “del método socrático” o “el arte del dialogo”, haciendo las preguntas adecuadas para que sus interlocutores descubrieran la verdad a través de ellos mismos, partiendo del previo reconocimiento de su ignorancia, entendida no como un obstáculo sino como la posibilidad de llegar a saber (Maieutica). En este proceso Sócrates utilizaba dos recursos: La ironía y la contradicción.

Su doctrina se basa en la moral y en la ética ( no en el reconocimiento público) y la llevó hasta sus últimas consecuencias. A pesar de que pudo eludir su escandalosa condena a muerte, prefirió acatarla aunque fuera injusta, puesto que como ciudadano ateniense se sentía obligado a cumplir la ley de la ciudad. Poniendo así en práctica su revolución ética, centrada en el hecho de actuar de acuerdo a la propia consciencia, no siguiendo los criterios de la mayoría.

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Observación:                                                                                                                      Probablemente tras las acusaciones de impiedad y corrupción de los jóvenes vertidas contra Sócrates, se escondían causas más profundas e incomodas para la buena sociedad ateniense. El pensador ponía el dedo en la llaga cuando denunciaba su afán de acumular riquezas a cualquier precio y los sometía a una humillación continua al tacharlos de ignorantes. El juicio llevado acabo contra Sócrates se les fue de la mano no solo a los jueces, que probablemente buscaban solo una rectificación y el compromiso del filósofo de callar, también al propio acusado que no dejó de manifestar una cierta prepotencia ante el tribunal, llegando a decir que su conducta merecía un premio no un castigo.

Se me ocurre que si yo fuera “ciudadano ateniense” (las mujeres no podían votar, ni formar parte de un tribunal) y formase parte del jurado, sometería a Sócrates a un sistema de preguntas similar al que él utilizaba. Podría ser algo así:

    • Responde Sócrates ¿No es verdad que la vida es el don más preciado del hombre?

    • Efectivamente a si es.

    • ¿No es verdad que el hombre debe hacer todo lo posible por preservar su vida, no por egoísmo, sino para no dejar desamparados a sus hijos?

    • Tienes razón, respondería el filósofo.

    • ¿No deberías entonces disculparte y comprometerte a moderar tus críticas para así conservar la vida?

…. ¡A saber lo que respondería el filósofo, igual daba su brazo a torcer conmovido por el hecho de que alguien intentara adoptar la técnica utilizada por él!

Análisis personal: Más que un análisis, esta es una reflexión que surge de la lectura de la :obra y de la puesta en común realizada en un seminario de filosofía, sobre los puntos que más han llamado la atención al grupo del que formo parte. Sigue leyendo

Abril

Crecen amapolas suicidas

entre las vías del tren.

Trepan las hiedras, temerarias,

intentando abrazar la catenaria.

a

Macetas de geranios deprimidos

cuelgan de las colmenas obreras,

mimetizadas entre el hormigón

de los polígonos industriales.

a

Atravesados por los caminos de hierro,

por el balanceo de la locomotora

acunando los sueños de los viajeros,

ciegas sus miradas a la primavera.

a

Fijas las pupilas en los diálogos mudos

de un móvil, reduciendo sus sentimientos

a la impresión táctil de los emoticones,

placebos inútiles para corazones autistas.

a

Y al fondo el Montseny, pincelada verde,

olor a ginesta, salvia y flores de saúco.

Abril radiante, anunciando la fiesta de la vida,

triunfando de nuevo sobre la inteligencia artificial .

                                                                                        Mª Jesús Mandianes