Nuevas generaciones

En contra de todos los análisis sociológicos la razón y el corazón nos obligan a tener total confianza en unos jóvenes que saben ser solidarios, generosos, participativos, tolerantes con las ideas de los demás. Han sabido superar los conceptos sexistas más arraigados en nuestra cultura. Serán capaces de luchar por el derecho irrenunciable al trabajo y a la vivienda, en contra de una desacreditada clase política que solo les genera desconfianza porque los condena al paro y como consecuencia a la imposibilidad de asumir plenamente su rol de adultos.

Los jóvenes entre 25 y 29 años constituyen la generación más preparada en el plano intelectual y técnico, es la que ha tenido más acceso a la educación. Internet y las redes sociales consiguen que puedan compartir información y conocimientos trabajando en equipo con personas de cualquier lugar del mundo olvidando barreras geográficas. El afán por aprender consigue que estén atentos a los avances constantes en todos los campos de la ciencia. Pero la crisis económica los golpea directamente. A pesar de licenciaturas y masters tienen que aceptar trabajos por debajo de su cualificación profesional con salarios mínimos. El porcentaje de la juventud española en paro es de un 40%. Este factor unido a la precariedad de los contratos temporales impiden que puedan independizarse viéndose obligados a aceptar la ayuda familiar como un salvavidas.

Los emigrantes jovenes se enfrentan a un entorno socio económico y cultural opuesto al de sus países de origen donde la religión sigue siendo un punto de referencia. Esta circunstancia los hace menos tolerantes en temas como la homosexualidad, el aborto o la igualdad de sexos. A pesar de que según las estadísticas, en un alto porcentaje, tienen una formación algo inferior a los españoles y un nivel menor de ingresos, consiguen independizarse antes complementando sus salarios con trabajos esporádicos que no dudan en realizar. Su integración debe ser asumida como un reto tanto para ellos mismos como para la sociedad de acogida que debe de acostumbrarse a verlos como un factor constructor de progreso e enriquecedor pues aportan su propia cultura y tradiciones. (Ensayo de Lorenzo Cachón Rodríguez: Inmigrantes jóvenes en España)

A pesar de que solo una minoría son conflictivos la relevancia que dan los medios de información a puntuales hechos delictivos los culpabiliza a todos como si juventud fuese sinónimo de drogas, alcohol y sexo desenfrenado. Una determinada prensa los engloba bajo las sigla NINI ( ni estudian ni trabajan) engordando porcentajes que no son reales y mostrando como modelos a personajes cuya fama y fortuna nada tienen que ver con el ideal de esfuerzo y preparación profesional que deben asumir para enfrentarse a un futuro con posibilidades de éxito en el mundo laboral.

Los antisistema son la imagen de la rebeldía juvenil más radical. No dudan en utilizar la violencia para luchar contra las desigualdades sociales y por el derecho a la vivienda. Se preguntan por qué les llaman violentos cuando es el capital el que genera violencia diaria, el que mata en sus guerras y hambrunas, el que administra la muerte en los lugares de trabajo… al margen del vandalismo que practican, siempre condenable, es una frase que debería invitarnos a la reflexión.

Mª Jesús Mandianes

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